God Help The Girl, la esperada película de Stuart Murdoch

God Help The Girl poster   Con Stuart Murdoch uno nunca sabe. Imposible asegurar si esa carga pueril de sus canciones obedece a una jacarandosa impostura o por el contrario es una muestra genuina de su bisoñez. O ni lo uno ni lo otro. Uno también puede pensar que todo responde a su intención de vestir la cruda realidad con acordes que son seda fina para poperos twees. Imposible saber esto, y en cambio es bien fácil posicionarte sobre Belle & Sebastian: Te gustan o no te gustan. Vives enamorado de tamaña cantidad de moñez o no la aguantas.

   A mí me gustan, Belle & Sebastian, y soy fiel seguidor desde hace bastantes años, los suficientes para convencerme de que en ese reducto del pop en apariencia inocente se esconde un género desprejuiciado, con la misma libertad expresiva que un rapero del hardcore. Murdoch dice lo que le da la gana y como le da la gana, sin renunciar a sus arraigadas creencias católicas ni a su libre opinión de la industria musical. Es un personaje auténtico de la música, aunque se sirva, si es que se sirve, de imposturas para parecer inofensivo. Uno nunca sabe.

   El bueno de Stuart Murdoch llevaba años anunciando la producción de su película, God Help The Girl. Ya en 2010, durante otra etapa manifiestamente melómana de este blog, me hice eco de esa película en varias entradas. Expectante estaba por comprobar el resultado.

   Como no podía ser de otra forma, God Help The Girl es un musical, un viaje al universo de ese músico que durante años vivió como alguacil en una iglesia. Es también un recorrido por un Glasgow inundado de pop. ¿Pueril? Tal vez en apariencia, aunque no sabemos si genuinamente pueril.  El líder de la banda escocesa ha contado en la producción con Barry Mendel, quien anteriormente trabajó con Wes Anderson películas como The Life Aquatic y Rushmore.  ¿Es pueril la obra de Anderson? ¿Nos dejamos llevar aquí también por las apariencias?

   Desconocemos el grado de conocimientos y experiencias que tiene Murdoch con el espinoso tema de los trastornos alimentarios, aunque sí sabemos que durante años padeció un terrible y largo episodio de fatiga crónica.  En God Help The Girl atribuye una fatal anorexia a una protagonista que luce bien sana. La tensión, el nudo por desenmarañar en esta película, apenas descansa en los dilemas de una joven sobre qué hacer con sus capacidades artísticas. En el entretanto, se distrae con estériles debates sobre el nombre de su banda y se lía con un cantante francés que resulta ser un gilipollas. Intrascendentes situaciones que no tienen por qué derivar en una historia intrascendente per se.

   Si hacemos el enorme esfuerzo de imaginar esta película sin música encontramos un pasaje cotidiano de bellas imágenes y personajes inocentes. Algo verité, despreocupado, buena hora y media de desconexión. Si de nuevo añadimos la música nos convencemos de que esta es la razón de ser de la trama. La música de un Stuart Murdoch que durante décadas ha sabido mantener ese tono en principio inofensivo para decir lo que le ha dado la gana y como le ha dado la gana. Un Stuart Murdoch, por cierto, que a través de su último single parece entrar en una adolescencia tardía. Pero antes se tomó su tiempo para rodar esta película que te hace sentir bien, que te enamora si eres un popero convencido o, sencillamente, un tipo que se deja querer por el pop.

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