Under The Skin: Una escultura de forma y fondo

Under the Skin   Como el extraño líquido en el que se sumergen las víctimas de la protagonista de este film, la trama de Under The Skin es impenetrable, y peligrosa, para el espectador que no se quede en la superficie y pretenda adentrarse en la historia. El relato -una alienígena que llega a la Tierra sin más propósito que el de absorber la esencia de sus conquistas- recuerda vagamente al de Liquid Sky, aquella película que fue baluarte del electroclash más viciado del Nueva York de los ochenta. Y aunque la fuerza que cobra la estética acerca las propuestas de ambas cintas, Under The Skin resulta más siniestra si cabe porque no hace ningún esfuerzo por explicarse. Será ese espectador curioso el único que sobreviva al tedio y arme una suerte de hilo conductor para en los minutos finales recibir su recompensa en forma de revelación. Una revelación sin ambages que supedita todo lo precedido y desnuda a las bravas una película que, cargada de violencia y sexualidad, no es violenta ni sexual, y que en cambio se conforma con ser y explotar.

   Under The Skin es una explosión, una sucesión de imágenes con entidad propia que muestran un universo claroscuro, frío y desapacible. El británico Jonathan Glazer ha dirigido un film de cuidada factura cuya propuesta goza de una estética potente. La voluptuosidad de Scarlett Johansson es solo un argumento más. A su altura quedan una iluminación tenebrosa y una banda sonora que abunda en ese tenebrismo y nos sirve para trascender la piel de ese particular ser. Glazer partió de la novela homónima de Michel Faber, publicada en el año 2000, para hacer su aportación al género de la Ciencia Ficción, en el que apenas se toca con ‘2001: Odisea en el Espacio’ y con la consabida Liquid Sky. Under The Skin no obedece a convencionalismos de género. Es demasiado personal, demasiado arriesgada y antipática. Demasiado compleja si analizamos a su protagonista, un ser alienígena que cobra la forma de una sensual mujer interpretada por Johansson, la Hollywood Star que nunca se alejó tanto de serlo, la actriz reconocida en todo el mundo que aquí es capaz de desprenderse de su fama para resultar convincente en su papel. Este ser extraterrestre, de labios rojo carmín y abrigo de piel, recorre con su Transit blanca el Glasgow de las clases medias, los centros comerciales, las fiestas y los jóvenes seguidores de los Celtics. En ese recorrido se genera una mezcla imperceptible entre dos universos, a saber, el nuestro y el de aquella fuerza alienígena de oscuros deseos. La protagonista es auxiliada por los viandantes tras caerse en la calle, o intenta comer un trozo de tarta que termina vomitando ante la mirada de la gente. Son situaciones en las que ambas realidades chocan sin reconocerse.

   En Under The Skin encontramos a esa protagonista inconfundible; encontramos a sujetos anónimos, víctimas que llegan y desaparecen; entendemos la importancia del recorrido, del viaje que hacemos de la mano del personaje, dejándonos llevar. Y nada de esto es tan importante como el punto de vista, algo así como el protagonista en la sombra. Sin ver el entorno como un alienígena, pero tampoco como a un ser humano que observa a un alienígena, nos quedamos a mitad de camino para descubrir que la rareza de las cosas viene dada por nuestra propia óptica. Este universo de Glazer se acerca a la ficción, pero recoge los escenarios inhóspitos de un lugar como Escocia, unión entre la naturaleza salvaje y la civilización, que es intercambiable con lo inhóspito de cualquier territorio. Mediante la cámara oculta observamos el día a día de ese Glasgow reconocible, intercalado con los paisajes naturales y los planos subjetivos. Ese punto de vista en tierra de nadie otorga a Under The Skin un significado desconcertante y perturbador. Porque Glazer no buscó hacer una película fácil de ver, sino que desarrolló una historia en la que forma y fondo se unen para crear una escultura llena de aristas. Under The Skin es un film que no busca nada más, que no suplica nuestra comprensión y en cambio solo aspira a mostrarse y, a lo sumo, si el espectador consiente, a colarse bajo su piel como un virus extraterrestre.

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