La Pista de Hielo, por Roberto Bolaño

La Pista de Hielo por Roberto Bolaño Editorial Anagrama   Roberto Bolaño escribió La Pista de Hielo sirviéndose del relato entrelazado de tres personajes. Remo Morán, Gaspar Heredia y Enric Rosquelles son tres hombres de mediana edad que por diversas razones van a parar a Z, un pueblo de la costa catalana. Cada uno arrastra con un pasado variopinto y está movido por estímulos diferentes, pero un intrigante asesinato conecta sus vidas, y quizás precisamente por el eslabón más débil. El microuniverso de Z apenas cuenta con varios personajes más. Nuria, una joven patinadora sobre hielo; Pilar, la alcaldesa; Carmen y Caridad, Carajillo y el Recluta. Algunos de ellos, meros comparsas en la historia; otros, capaces de remover las pasiones más profundas entre hombres que se creían inalterables.

   En La Pista de Hielo, una obra accesible del malogrado escritor chileno, las personas no parecen ser dueñas de sus actos. Al contrario, se dejan llevar por las circunstancias, a lo peor por esas pasiones. Con sus relatos Remo, Gaspar y Enric nos dan a entender que ellos no pudieron, o no quisieron, cambiar el devenir de los acontecimientos, como si estuviera escrito su destino en ese pueblo gris, y más aún la tragedia que está por ocurrir en el Palacio Benvingut. Estos tres personajes, a su manera, también son meros comparsas.

   La novela adolece de un tono sin sobresaltos. Aunque se articule con tres voces diferentes, en realidad apenas hay diferencia entre estas. Es la voz de la medianía, del hombre a mitad de camino entre la juventud y la vejez, con cada vez menos ganas de cambiar el mundo y más de encontrar la paz y la compañía. Precisamente este estilo plano hace destacar ese acontecimiento, el asesinato, que sirve de catalizador para la suerte de los protagonistas. De otra forma, si esta historia detectivesca estuviese plagada de sustos y giros dramáticos, seguramente no tendría la fuerza que rezuma, toda la potencia de un crimen de sangre sobre el hielo, rodeado de interrogantes y capaz de hacer estallar por los aires las vidas de varios personajes torturados. Pero por fortuna Bolaño consigue, con puro talento literario, sumir al lector en esa letanía y lo lleva en volandas hasta una muerte que sabemos de antemano que va a ocurrir. Aunque se nos revele desde el principio llegamos al final con intriga, con la misma desazón que nos arrastra a agotar las páginas de Crónica de una Muerte Anunciada, de García Márquez.

   Pero el mérito de esta novela no termina aquí, sino que descansa sobre todo en el acierto con que Bolaño dispone a sus protagonistas. Todos con la misma carga narrativa, en verdad estos tres hombres de fortuna cambiante no son más que personajes pivotando en torno al único protagonista, a saber, las circunstancias. Son esas las circunstancias las que nos modelan, nos doblegan y hasta nos hacen caer en desgracia. Estas circunstancias, que rara vez asoman con tanta viveza en una literatura dominada por los personajes, aquí se manifiestan en las palabras, pero en cierto modo también en los espacios en blanco entre cada capítulo, como si hablásemos de elipsis dramáticas que se mueven con vida propia. Son esos condicionantes los que arrastran a los personajes de La Pista de Hielo a deambular por la calle, a amar e incluso a matar. En el entretanto las personas no podemos más que esperar, nuestra propia desgracia o nuestra salvación.

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