Trevor Something Does Not Exist, genuinos ochenta

Trevor Something Does Not Exist, portada del disco

   Trevor Something trasciende el espíritu revival que sacude a una parte de la música actual para convertirse en leyenda, en una leyenda inmediata y enlatada al mismo tiempo. El productor que se oculta tras este pseudónimo no quiere oír hablar de esos revival, y en cambio reivindica su puesto como auténtico espíritu de los Ochenta. Para ello se oculta en un inexistente cantante, amante de las mujeres, el whisky y las drogas, que murió de sobredosis y está de vuelta de entre los muertos. Hoy solo recuerda su nombre de pila, Trevor, su origen, el norte de Manchester, y ese synth-pop romántico que cantaba antes de morir. A la historia no le faltan ingredientes. Con unas melodías que suenan tan densas como el EBM y unas voces de truhán trasnochado, toda su música desprende la ambición de aquella época dorada, tan reivindicada en nuestros días como denostada hasta no hace tanto.

   Trevor Something Does Not Exist, se empeña en recordarnos el misterioso artista desde el título de su último largo, como tratando de restarle toda la importancia al hombre detrás de la criatura, ocultándose frente a tanta posturita y lanzamiento de tartas de la electrónica actual. Desde su pretendido anonimato destila melodías melancólicas, sintetizadores retro, bajos demoledores, amor y desconsuelo, todo a raudales, a cada beat. Nada queda a salvo de la wave ochentera, o casi nada, pues entre los samples, casi reivindicaciones, de Depeche Mode, Soft Cell y The Human League, entre otros, se cuela una más que decente versión del Genesis de Grimes, y todos sabemos que ésta, Claire Elise Boucher, allá por los ochenta no era nada, si acaso cigoto o bebé. Porque Trevor Something es humano y se le ha escapado algo de interés por el pop oscuro que abunda en nuestros días. Por lo demás, temas veraniegos y despreocupados, como Summer Love, o melodías memorables como la que da comienzo a Mechanical Lover, con evidentes parecidos a Com Truise. La canción termina con un anuncio en japonés de Sega que da paso a la consabida versión de Grimes, Sega Genesis.

   El álbum cuenta con 17 canciones -entre los que figuran tres interludios y la intro-, haciendo de él la obra más larga de un Trevor Something que en años anteriores nos ha obsequiado con numerosos lanzamientos, algunos incluidos aquí como ‘In My System’ o ‘Something About You’. Igualmente destacables Let Go, All Night o la triste Fade Away. Son 17 cortes que no te dejan respirar, tanto por la ausencia de pausas como por la profusión de bajos pesados y sintes pegadizos.

   La propuesta desacomplejada de Trevor Something no está carente de un minucioso trabajo de arqueología sonora. Trevor Something Does Not Exist es capaz de contentar a los nostálgicos de músicas y videojuegos pasados, y a su vez sacar a cualquiera a la pista de baile, cautivados, robotizados por una esencia ochentera que está para quedarse. Trevor Something drives me crazy.

 

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