LA VELETA DE LA BIEN QUERIDA

La Veleta de La Bien Querida, sevillana con Los Planetas

   Descubrí a La Bien Querida hace tiempo, con ‘De Momento Abril’. Después vinieron años en los que su música quedó sepultada bajo toneladas de canciones en mi ordenador y mi estantería, típico en un pop plagado de futuras promesas. Hace ahora un año volví a cruzarme con ella a través de Los Planetas y su ‘No sé cómo te atreves’, un tema que para mí está manchado con la muerte y el vacío. Entonces terminé por descubrirla, a Ana Fernández-Villaverde, La Bien Querida, una autora de arte doliente, una artista con todas las letras, que como tal desarrolla un arte libre y desacomplejado.

   Ahora que he recorrido su discografía, recreándome en la escucha de su último álbum, Ceremonia, creo que he terminado de comprenderlo. Por qué me gusta su música, si no canta bien, si se expresa con una letanía cadenciosa, si habla tanto de algo que me resulta tan ajeno: el amor. Tal vez, se me ocurre pensar, sus canciones no hablen tanto de amor y sí un tanto de desamor, demasiado, desamor universal como denominador común a todos los seres, ahí sí me reconozco. E incluso cuando habla de amor se le escapa un cante triste, como de amor que está a punto de romperse. La Bien Querida es trágica, eso me gusta de ella.

   Y por si no fuera suficiente, sus canciones están vestidas con una valiente rareza. Si nos detenemos en Ceremonia escuchamos producciones de pop pegadizo, casi bailable, para unos temas que siguen siendo trágicos. Se nota que La Bien Querida ha sabido rodearse bien. Al margen de Los Planetas, quienes le animaron a dedicarse a esto de la música, por ahí encontramos a David Rodríguez en la producción y a Joe Crepúsculo como el elemento más electrónico de la fórmula. ¿Podría haber una mezcla más actual y castiza en el escenario musical español? Los Planetas, La Bien Querida, David Fernández y Joe Crepúsculo, referentes de autenticidad en un escenario que siempre dio síntomas de entumecimiento.

   Lo tengo confirmado. Me gusta todo aquello que suena retorcido. A mí la rareza se me queda corta. En inglés tienen un término que se ajusta más por su fonética a esa impresión, weird. Suena casi a inconexa onomatopeya, weird, el vocablo que emplean los raperos para definir las producciones oscuras, marcianas, retorcidas… Yo le doy a muchos palos, pero para que un tema se me meta en la mollera y me quite el sueño ha de contener un sonido indescifrable. Y de vez en cuando encuentro alguno, a mi pesar.

   Hace un rato he terminado de entenderlo, mientras vomitaba en el baño y desde mi cuarto sonaba ‘La Veleta’. Para que una música me guste se tiene que meter en mi mente, calar mis huesos y emponzoñarme el estómago. Si no, no merece la pena.

   Y precisamente ‘La Veleta’, esa segunda canción al alimón con Los Planetas e incluida en Una Ópera Egipcia, representa la síntesis de todo lo moderno y castizo que tiene este pop nuestro, desacomplejado y referencial.  ‘La Veleta’ es una sevillana que La Niña de los Peines cantaba hace cincuenta años, a la que los granadinos han sabido dotar de un sonido electropop. Su sonido y estructura no recuerdan en nada al tema original, La Bien Querida hace suya la narración, y sin embargo ahí está, una sevillana del siglo veintiuno, todo el sentimiento del género actualizado a nuestros días.

   Porque la música no entiende de edades ni registros vocales. La música, como el arte en su conjunto, es y será siempre visceral.

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