LA REVOLUCIÓN SERÁ TELEVISADA

   Entre Podemos y ‘El poder de la gente’ hay una cosa en común, el lexema del que parte el verbo y sustantivo poder, que en el caso de Podemos aparece conjugado en primera persona del plural. Podemos es el nombre de un partido de nueva creación en España, mientras que ‘El poder de la gente’ es el lema electoral de Izquierda Unida para las últimas elecciones europeas. Lo fácil sería concluir que entre IU y Podemos se parecen lo mismo que una castaña a otra, más allá de cuestiones lingüísticas, pero no, no es pertinente colegir una idea tan simple, puesto que por historia, estructura organizativa e incluso algunos aspectos de sus respectivos programas electorales, entre ambas formaciones políticas hay diferencias evidentes. El programa de la coalición de izquierdas tiene 80 páginas, el de Podemos, apenas 36. Izquierda Unida ofrece el programa propio de un partido izquierdista europeo con tradición en labores de oposición y gobierno. Podemos presenta una serie de propuestas emanada de un concienzudo y plural proceso de debate popular, algo nuevo en un escenario político enquistado, dominado por la casta, como dirían sus cabezas visibles.

   Pero eso a efectos de voluntad de voto da igual. Quiero decir, estoy convencido de que el electorado de ambos partidos es en buena parte intercambiable, que los votantes de Podemos votarían de buen grado las propuestas de Izquierda Unida y a la inversa. Más aún, que mucho electorado descontento que habitualmente no acude a las urnas y esta vez sí lo hizo para apoyar a Podemos, bien podría haber ido a votar esta vez para respaldar la lista de IU. La pregunta es: ¿Qué les ha hecho moverse del sofá para ir al colegio electoral? ¿Qué fuerza aglutinadora tiene Podemos para reunir voto descontento, de izquierdas e incluso socialista y de otras fuerzas políticas tradicionales?

   ¿Se han leído todos el programa electoral de Podemos al dedillo? Una vez esto ¿han comparado dicho programa con el de las otras opciones electorales, constatando que el de Podemos es el que más se aproxima a sus postulados particulares? No way. Todos, no. El éxito de Podemos no se entiende sin la ola de descontento que azota la sociedad española, divorciada de su clase política y víctima de una severa crisis que ha dejado a millones de personas sin expectativas. El éxito de Podemos es una reacción lógica, sintomática a los casos de corrupción y a la desigualdad social. Ese éxito es el segundo asalto de las acampadas, los movimientos de acción reformistas y alternativos. Podemos es una reformulación, la indignación hecha política.

   ¿Ello explica el éxito de Podemos? En buena medida. ¿Es razón única? No way. La única, no. Para encauzar la indignación ya veníamos contando con muchas opciones políticas, con y sin representación parlamentaria. El éxito de Podemos, que no olvidemos obedece a un escenario social determinado, se explica además con la misma razón que hay detrás de cualquier pelotazo, cualquier acontecimiento que moviliza a las masas.

   Comunicación.

   Internet, la moda, la política… Para que algo triunfe, tiene que estar en los medios, es indudable. Tiene que ser un movimiento de masas. Ello explica la supervivencia de un bipartidismo que controla los medios, y ello explica igualmente el triunfo de un partido de nuevo cuño con su propia estrategia de comunicación que, a su manera, ha competido con esos otros medios tradicionales. Ahora muchos pensarán que Podemos ha tenido su único soporte mediático en HispanTV, TeleK, ciertas páginas web… Desde luego todos esos espacios han sido punto de encuentro de primer orden para sus reflexiones, unos foros de pensamiento crítico que se echaban en falta. ¿Concluimos entonces que fueron los únicos espacios de los que dispusieron? Los únicos, por supuesto que no. Porque hay distancias insalvables entre el público de esos debates minoritarios del submundo cibernético y el llamado gran público, y éste no se molesta en buscar pensamiento crítico por ahí, sino que se sienta en el sofá y, pum, enciende el televisor.

   La Sexta, 13TV, Intereconomía… no es que hayan gozado de una atención apabullante, habida cuenta de la fragmentación de las audiencias que trajo consigo la TDT, pero televisión tradicional sigue siendo televisión tradicional, no tan distinto de cuando la familia Alcántara entera observaba la caja tonta ahí en el salón, obnubilada, olvidándose de que el trasto en cuestión tiene un botón de off. El éxito de Podemos, conviene aclarar, no se entiende sin el de los debates televisivos, unos espacios baratos de show, circo político entre periodistas de la caverna mediática, políticos vanidosos y tertulianos deportivos de la central lechera.

   Estoy acostumbrado a hablar con taxistas, conserjes, polleros y gente profana de la política en general, y de todos ellos se desprende una fe ciega en que dichos debates son la forma de enterarse de lo que pasa, “o de lo que dejan que sepamos”, diría alguno de ellos con escepticismo. Los debates son los nuevos libelos, desde los cuales se difunden soflamas capaces de ser articuladas en apenas unos segundos, y a viva voz, muchas veces perogrulladas y falacias, demagogia en general. Entrar en esa pelea de barro debió de ser un reto para Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias, no cabe duda, habida cuenta de su origen en la docencia universitaria, su gusto por la reflexión y la retórica bien armada, pero tuvieron el acierto de hacerlo. Primer logro, entrar en la pelea con esa caterva de periodistas viperinos y reaccionarios.

   Segundo logro, distanciarse, en el mismo barro, de cualquier otro portavoz de alternativas de izquierda, como las que plantea Izquierda Unida. Podemos se presenta como una nueva manera de hacer política, al margen de castas y defendiendo a ultranza soluciones que bien caben en un tweet. Supresión del gasto militar, inversión en I+D+i, limitación de salarios, renta básica… En esta pugna en el seno de la izquierda Podemos tiene las de ganar porque ofrece una alternativa inmaculada: Imposible encontrar una tacha en un partido que recién acaba de nacer. Frente a ellos, cualquier otra formación tiene un historial de corruptelas y errores que siempre les perjudican.

   El elector españolito medio, el que ve los debates creyendo que así se informa, ha encontrado en Pablo Iglesias y compañía una alternativa razonable que nunca se corrompió ni tomó decisiones que le perjudicaran. Nunca tomó ninguna decisión, en verdad, porque no estaba, no existía. Podemos cuenta ahora con un año de margen para crecer de cara a las autonómicas y municipales. Con representación en Europa, no es previsible que sus acciones en Bruselas vayan a perjudicarle, porque siendo francos, aquí nos enteramos bien poco de lo que hacen nuestros representantes allí arriba.

   El éxito de Podemos es paradigmático. Nos habla de la influencia de una televisión que no podemos ni mucho menos dar por muerta como medio de masas preponderante, y más aún, de cómo ese medio puede encauzar a la audiencia a otros focos minoritarios de comunicación, como experiencias de televisión en red y sitios web. Si esta concienzuda estrategia de unos cuantos empollones universitarios ha servido para movilizar a la gente en pro de un cambio profundo, bienvenida sea la revolución televisada.

   Gracias a este esfuerzo por repensar las estrategias, por primera vez en muchos años algunos españoles tenemos la impresión de que la cosa se mueve. Hace un rato he encendido la tele y el rey de España estaba abdicando. Eso no pasa todos los días.

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