ESTÉTICA FOTOGRÁFICA

   Nadie nos ha explicado por qué nos gusta tanto la tecnología.  Se da por supuesto, que en este planeta tecnificado tenemos que seguir el paso firme de las nuevas tecnologías si no queremos caer en el ostracismo.  Tampoco nadie nos explicó nunca por qué nos gusta la belleza.  Lo damos por hecho, sin que merezca un mínimo de reflexión por nuestra parte.  Sería propio de locos empezar, a estas alturas del partido, semejantes cavilaciones intentando desentrañar por qué nos gusta lo que nos gusta.  El sexo siempre ha estado allí, así como la tecnología para dominar el mundo.  Cuestión de prosperidad genética y dinero, todo en uno, y para esta ecuación no caben reflexiones.

   Por esto mismo no tendría ningún sentido, en pleno siglo veintiuno, leer artículos de viejos fotógrafos que a mediados del diecinueve llamaban la atención sobre la vieja nueva moda de gente fotografiando a gente.  Atención, fenómeno social, que vaya usted a saber adónde nos lleva, una vez descubierto que unas velocidades de obturación lentas pueden impedir que los haluros de plata recojan el rastro de las personas, tengan éstas alma o no.  No es práctica, no tiene ningún sentido esta reflexión, ni el sempiterno debate sobre la conveniencia del pictorialismo, la dicotomía pintura y fotografía, los recursos eminentemente fotográficos…  Que vengan a contarme a mí, dentro de la geografía española, en qué centro de estudios reglados de fotografía se abordan estos temas con la necesaria profundidad, demasiado ocupados ellos en dar las propiedades de la luz, a lo peor ni eso.

   Que la formación técnica está muy bien.  Cuanto menos es pertinente.  Es pertinente aprender a manejar las luces, a interactuar con los sujetos, a hacer fotos carné…  pero la pertinencia de esas clases no justifica nuestra amnesia generalizada en torno a la teoría, como si la fotografía fuese un arte menor y no mereciese la consideración académica que sí reciben otras artes.  Aquí en España la teorización sobre esta actividad es más bien escasa, y solo cuatro profesores, comisarios y sabios tienen el empaque y repercusión como para vehiculizar esa teorización y trasladarla al público, este más interesado en novedades tecnológicas que en cuestiones esenciales.

   Porque en fotografía, como en todo, también hay una industria detrás, y ésta se ha dedicado por igual a ofrecernos estupendos artefactos y a emponzoñar las aguas evitando el interés en la esencia fotográfica.

Estética Fotográfica fotografía Gustavo Gili Joan Fontcuberta portada cover portrait Alexander Rodchenko chica con leica 1934   Resulta que el más provocador de esos sabios librepensadores ha sido el encargado de reunir bajo un mismo título unas cuantas reflexiones sobre fotografía, por parte de grandes autores a la altura de Fox Talbot, Moholy-Nagy y Weston.  Es Joan Fontcuberta, quien lejos de matar al abuelo lo reivindica, sabedor de que solo en el conocimiento de lo que pensaban otros uno se hace con una perspectiva integral sobre qué puesto ocupa en esto de la fotografía.  Su compilación ‘Estética Fotográfica’ forma parte de la colección sobre esta disciplina a cargo de la editorial Gustavo Gili.  Poca coña.  Obras sesudas y a su manera incisivas, rebeldes por el interés en reivindicar a los ancestros y armar ese corpus teórico que dé empaque a la práctica fotográfica.  ‘Estética Fotográfica’ contiene esa atávica obsesión por definir en qué consiste este arte, que lo hace tan directo, tan ligado a la realidad.  Recoge además planteamientos que suenan arcaicos pero a la vez son muy actuales, habida cuenta del éxito del hiperrealismo pictórico y de la necesidad de reflexionar: ¿Para qué necesitamos la pintura y para qué la fotografía?  ¿Qué rol juega el fotógrafo en todo este lío?  ¿Qué camino ha de seguir, acaso el de la propia intuición, o en cambio no alejarse del academicismo, o apoyarse en la técnica?

   Lo que Eugene Smith y Cartier-Bresson pudieran pensar en su día sobre el potencial de la técnica del entonces hoy nos suena a risa, pero en verdad seguimos inmersos en el mismo debate, e igualmente corremos el riesgo de dejarnos engullir por la adicción a la tecnología sin detenernos a pensar: ¿Qué es la tecnología? ¿Qué la belleza y qué hago yo aquí en medio?

   Soy un lector disperso, con un agudo problema de déficit de atención, así que al final de las casi trescientas páginas de ‘Estética Fotográfica’ me he quedado con esas preguntas.  Poca coña.

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