HABLAR SOBRE LA VIDA

   Las personas a las que les gusta el fútbol o la radiofórmula lo tienen más fácil para ser felices.  Pese a la popularización de los podcast y de otras maneras de consumir radio, todavía no hay nada tan sencillo como entrar en la cocina, girar la ruleta del transistor y buscar una emisora.  Si como a mí te repele el deporte rey y la música en lata, coincidirás en que en las tardes de fútbol es harto difícil encontrar algo interesante en las ondas.  Bien por conformismo, bien por tener las manos embadurnadas en cualquier ingrediente, seguramente acabarás atendiendo a la trillada verborrea de los comentaristas deportivos.  En ellos hay siempre un engolamiento, fruto de un runrún guadiano que a veces no dudan en aclarar para el oyente.  Esa idea con la que intentan dar empaque cuasi metafísico a su profesión es la siguiente:

   El fútbol… el deporte… la vida.

   Porque para ellos el fútbol no es sino una excusa para hablar sobre la vida, y así lo defienden tratando de buscarle a su profesión una elegancia impostada, a lo Richard Ford.  Ellos además se lo creen.   Nunca admiten que si se pasan las horas y los días hablando de fútbol es porque les apasiona el fútbol, desde que eran pequeñitos, y con esa misma pasión infantil escriben ahora en el Marca, la Panenka o en un libro de 400 páginas sobre tácticas defensivas.

   Pero vale, aceptamos barco.  Pongamos que el fútbol es una buena excusa para conversar sobre la vida, en la medida en que el fútbol es una actividad humana, entre el infinito número de actividades humanas que entretienen al hombre.  Particularmente es una de las actividades más elementales, para nada comparable con el nacimiento, la guerra, la paternidad, el enfrentarse a la muerte propia y el intentar superar la de los seres queridos.  El fútbol es un simulacro, como buen deporte que es, destinado a liberarnos de tensiones y mantenernos físicamente en forma.  Joder, con la facilidad con la que esos comentaristas radiofónicos hablan del deporte rey, así podría yo también relatar la historia que se esconde detrás de cada póster que adorna mi cuarto, e igualmente podría argumentar que esa sería una manera más de poner la vida en negro sobre blanco.  Porque la vida es tan inaprehensible que cualquier acción que nos rodea puede ser considerada como tal.

   Comoquiera que a mí el fútbol nunca me atrajo, como tampoco lo hizo ningún deporte, a lo mejor tan solo el ejercicio físico, por lo que tiene de disciplina y autosuperación.  El ejercicio, y no el deporte, porque éste conlleva el mirarse a los ojos con otra persona, y yo si echo mano a las letras y la fotografía es precisamente para huir de la gente y darme de bruces con la vida en su estado puro, porque a nada que toco algo lo pongo todo perdido de soledad.  Si me aficiono a la fotografía termino recorriendo las afueras, esquivo de las miradas ajenas, en la búsqueda de la impotencia del hombre ante el entorno.  Si me da por escribir termino hilando tochos infumables, si acaso pretendiendo conducir al lector por laberínticos vericuetos con ganas de que se pierda en las entretelas de mi mente.

   Y todo ello es tan válido como hablar sobre fichajes y marcadores deportivos, aunque infinitamente más desconocido.  Porque nadie quiere oír en la radio a alguien hablar sobre fotografía documental, apenas sobre literatura.  La gente quiere fútbol, y que no se engañen todos esos periodistas, que la gente en el fútbol solo busca fútbol, pues no comparte con ellos sus ínfulas de narradores del género humano.

Manuel Vilas La Región Intermedia Prames portada cover hablar sobre la vida las tres sorores Barbastro Zaragoza Madrid   Hay muchas excusas para hablar sobre la vida, y algunas están ocultas en postillas de lo más terrenales, anécdotas del día a día como las que relata Manuel Vilas en los artículos recogidos en ‘La Región Intermedia’.  Qué bien escribe Vilas, qué envidia.  El autor altoaragonés reúne aquí una serie de textos escritos en la segunda mitad de los noventa, y publicados casi todos ellos en el ABC, demostrándonos que en los días rutinarios encontramos una fuerza intrínseca de actualidad, una buena estrategia para definir el tiempo que nos ha tocado vivir.  Vilas habla de centros comerciales, de su hipocondría, y va y viene continuamente de la memoria como elemento que lo pone todo ahora en orden, ahora patas arriba.  Con el don de la palabra precisa ilustra las vidas de atractivos personajes anónimos.  También hay espacio para la descripción de ciudades, Zaragoza entre ellas, y  para el devaneo más imprevisible.

   Vilas se convierte en narrador de la vida, y si me preguntan, me siento más cercano a la vida que muestra este humilde escritor barbastrense que aquella que se desarrolla entre el terreno de juego, los campos de entrenamiento y la sala de prensa.  Porque en la radio hay mucho de esto último, como también hay mucho hablar por hablar, mucha información fugaz y mucha misa mariana, y en ninguno de estos espacios se pretende definir la vida, porque sus cometidos son otros.  La vida es como la realidad, un algo holístico, que sin cesar nos invita a cambiarla y describirla.  Deberían aprender todos esos periodistas deportivos que la mejor forma de hablar sobre la vida es hablar sobre la vida.

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2 respuestas a HABLAR SOBRE LA VIDA

  1. Jacobo dijo:

    Estoy de acuerdo en que, si se tiene la habilidad suficiente, cualquier cosa nos puede dar para hablar sobre la vida. Pero creo que el autor es un poco injusto con el fútbol porque en este caso parece que confunde la sobreexposición mediática de este y la deficiencia de los periodistas deportivos con el fútbol en si. El fútbol habla mucho de la vida, sobre todo si se ha practicado porque básicamente involucra a un número elevado de personas buscando algo. Y el fútbol tiene algo que no tienen otros deportes de equipo, que son normas más laxas. Por tanto se puede practicar de manera más o menos noble, dentro de la legalidad vigente. Estoy de acuerdo en que se habla demasiado de fútbol (y cada vez más de chismorreos) y de que la calidad de los que hablan en los medios deja bastante que desear. Es cierto que mucha gente sigue el fútbol por una cuestión de educación pero lo mismo pasa con la política. Mucha gente vota determinadas opciones, escucha determinadas emisoras o emite determinadas opiniones en función de la tradición de su casa. Y no creo que nadie dijera que la política no habla del ser humano porque a los escritores siempre les ha gustado hablar del ser humano a través de las envidias, traiciones e materialismo/idealismo de los personajes que componían determinadas clases dirigentes. Pero hoy en día el nivel de los políticos y periodistas políticos también es muy bajo. Como respecto al fútbol. Quizá sea el signo de los tiempos. Pero no creo que ni el fútbol ni la política sean los culpables de eso. Más bien los culpables somos todos nosotros y si ambos hablan de la vida y de forma autómata, es porque la vida se volvió mecánica.

    Y por ser poco original, dejo aquí las trilladas palabras de Albert Camus:
    “Porque, después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol.”

    • fenrisolo dijo:

      Coincido en que aquí el fútbol es actor imparcial, por completo inocente. Lo que recrimino a los periodistas deportivos (los pretenciosos, que no son todos) es que justifiquen el ejercicio de su profesión mediante la idoneidad del fútbol para hablar sobre la vida, cuando es lo último que les interesa.

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