UNIVERSO LINKEDIN

   Estoy buscando curro, pero está jodida la cosa.  Ni brotes verdes ni hostias.

   Por si fuera poco el otro día me llevé la enésima decepción al respecto, como si no supiera ya desde hace tiempo, inocente de mí, que no estoy hecho para entrar en la industria del mercado laboral, porque por un lado está ese mercado per se, con o sin regulaciones, y por otro la maquinaria que lo jerarquiza, manejada por corporativizados departamentos de recursos humanos; gobernada por el peloteo y la hipocresía.

   El otro día me disponía a abrir una cuenta de Linkedin, la famosa red social de perfiles profesionales, y mentalmente enumeré todas aquellas situaciones vitales que me han hecho ser quien soy.  Por no alargarme demasiado:

   Académicamente he experimentado todos los estados habidos y por haber, salvo el de repetidor malote.  He sido un crack, la envidia de mis compañeros, genio en ciernes; he sido mediocre en no pocos cursos, he faltado a clase durante años enteros, uno de esos alumnos que no conocen la cara del profesor hasta el día del examen, y que encima aprueban y con buena nota; he llegado a erigirme paradigma del fracaso escolar, visto a ojos de los demás como un siniestro, potencial enfermo del mal de Amok; en las escuelas, institutos y facultades por las que he pasado he aprendido qué es la inoperancia y la injusticia; he leído ingentes cantidades de libros de sus bibliotecas; he tenido profesores que me han pedido que deje los estudios y profesoras que me han querido follar.

   Una vez cuando tenía siete años me encontraba en el comedor escolar, esperando a que los alumnos de séptimo me sirvieran la comida, cuando a uno de ellos se le cayó la bandeja con patatas hirviendo sobre mi cabeza y mi cuello.  Las maestras me taparon las ampollas con vendas e hicieron un pacto de silencio que incluía a mi tutora, no se les fuera a caer el pelo por tener sirviendo a menores.  No sería la última vez que tenía que sufrir algo parecido.

   He pasado cinco meses de invierno viviendo en una pequeña caravana, casi encaramada a una cala frente al canal de la Mancha, sin agua corriente ni calefacción.

   Una mañana de domingo me desperté en un parque de mi ciudad, borracho y desorientado, y aún a día de hoy no me explico cómo logré llegar a casa.  Porque yo también he bebido por olvidar; no se me ocurre mejor razón para beber.

   Destripé cerdos; atendí una barra durante once horas sin parar; pasé veranos enteros dentro de un invernadero, a cuarenta grados, a pleno sol; por un año entero trabajé en horario nocturno de doce a ocho.

   Durante un curso aguanté las supercherías de uno de los colegios mayores con peor fama del país.  Allí es donde volví a sentir el escozor del agua hirviendo recorriendo mi piel.  Yo no hice la mili ni tampoco la necesité.

   Tengo una cana por cada muerto en incidente violento en la Franja de Gaza, otra por cada tía que me mandó a la mierda.

   Nací el 27 de octubre de 1986.  Hoy es 8 de enero de 2014 y sigo vivo.  He sobrevivido a mí mismo, y creo que ese es el mayor logro de superación del que puedo presumir.

   En la actualidad, ando obsesionado con el sufrimiento y el irremisible paso del tiempo.

   Ahí ha estado, lo que viene siendo un currículum al uso, vaya.

   Pero me da que en Linkedin no comparten mis principios de selección de personal, como tampoco los comparten los jefes de recursos humanos, ni cualquiera dispuesto a recibir un currículum y darle un pase antes de tirarlo a la papelera.  Me da la impresión de que para lidiar con toda esta gente voy a tener que desempolvar los títulos y cartas de presentación que llenan uno de los cajones de la sala de estar.  ¿Porque en qué sección de Linkedin escribo yo ahora todas esas experiencias vividas?  ¿En ‘Extractos’ o en ‘Aptitudes y conocimientos’?

   Mucho me temo que la industria laboral ha metido sus garras en Internet y no las piensa sacar.  Ahora recuerdo con nostalgia los primeros años de la red de redes, ese espacio anárquico, plagado de sitios web personales, antes de la irrupción de los tótems de la comunicación como Google, Facebook o la misma Linkedin.  Era cuestión de tiempo que cuatro pájaros –hacedores y ahora millonarios seguramente- emponzoñaran aquel lugar lleno de posibilidades y libertad, para perpetuar en él todas las ideas preconcebidas que rigen el mundo real.  Entre estas, aquella que apunta a que está mejor preparado el que más títulos tiene, o el que mejor se vende en la preceptiva entrevista de trabajo.

   Aún recuerdo cuando no hace mucho a mi clase vino una suerte de delegada del servicio estatal de empleo para explicarnos cómo hay que comportarse en esas entrevistas.  Básicamente, y sin miramiento alguno, nos dijo que debíamos estar dispuestos a aguantar las impertinencias del entrevistador hasta el final, para así demostrarle que éramos fuertes, deduciendo que el fuerte es el que deja que le pasen por encima y no el que coge la puerta y se va.  También nos explicaban una y otra vez cómo colocar las manos, cómo sentarse, cómo mirar y hablar.  Cómo respirar.  Nos enseñan un encorsetado modelo de comportamiento que hemos de mantener a rajatabla.  Nos enseñan, en suma, a ser otra persona, atendiendo esas normas establecidas seguramente por los propios técnicos en recursos humanos.  También en esos encuentros hemos de ser todos iguales, como en el colegio, iguales, para así –paradojas del sistema- demostrarle al empleador esas dotes que nos distinguen del resto, o tal vez, se me ocurre, para demostrarle nuestra fiel docilidad.

   Me siento como aquel barrigudo que dice que no va a la playa porque no le gusta el sol.  Si fuera tan pragmático como para controlar todas estas cuestiones quizás las aceptaría de buen grado.  O quizás no, nunca lo sabré, porque lo cierto es que pertenezco a aquella clase de gente que para hacerse valer necesita blanco y más blanco, cámaras de fotos, Súper 8, micros y tutús.  Los que mantenemos algún tipo de relación con el arte solemos huir de esos dogmas y en cambio admitimos que somos, por llamarlo así, algo dispersos.  Suerte la nuestra, que todavía contamos con blogs para explayarnos a gusto.

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5 respuestas a UNIVERSO LINKEDIN

  1. Bueno, has visto como es todo esto en internet. Uno buscando cualquier artículo a veces se encuentra con sorpresas súbitas, como en este caso tu blog. Soy Javier, también llevo adelante un blog de narraciones e ideas http://artedeespiritu.blogspot.com.ar/ donde publico como tu. La verdad y como comentario diría que muchos de los párrafos que hablan acerca de la industria laboral tienen, yo también coincido en eso, una realidad que se entiende como farsa, como lo que queda “bien” para una entrevista. Se busca perfiles estandarizados de manera que fueran más fáciles de controlar por una sociedad de “lo esperable”. Todo intento de creatividad extravagante, o anormal o mejor dicho, todo intento de subversión frente a un sistema que necesita, para su manejo personas fáciles, que sepan decir que sí a toda hora y cualquier circunstancia ,caduca. Sin embargo quería marcarte, sin ánimo de cofrontación, que la primera parte de tu exposición suena ,a mi entender, o lo percibo, con un tono de superioridad. Recurres a jactarte por tu experiencia de vida como si fuera la historia de un héroe . El orgullo es sano mientras no se menosprecie a otras personas comparándote tú como más que el resto. Pienso que cada quien tiene sus habilidades y su condiciones y que no hay ninguno que por más méritos y medallas de vida tenga un rastro de semidiós o superhombre.

    • fenrisolo dijo:

      Encantado de conocerte, como diría el rey de Expaña, o al menos quienes tratan de imitarle, “me llena de orgullo y satisfacción” leer en mi blog comentarios constructivos como el tuyo.

      Y sí, que suene prepotente mi lista de logros y fracasos es algo que no te voy a negar, pero ten en cuenta que estás ante alguien a quien le basta con seguir vivo para sentirse orgulloso de sí mismo. Al margen de eso, no dudo que todas las personas tienen sus particulares razones para sentirse orgulloso. Cada uno nos consolamos con lo que se puede ¿verdad?

      Espero seguir leyéndote, en tu blog o en el mío.

      • Es muy vital y hasta carnal tu comentario. Es razonable que tu vida la entrones sobre tu mismo y sea una manera de superación sana y orgullosa sobre todas las vicisitudes y circunstancias que experimentaste a lo largo de ti mismo. El orgullo no está de más cuando nos comparamos entre ayer y hoy nuestra propia historia. Y el consuelo o el ejercicio de expresar una injusticia contra el mundo que margina es también muy entendible. Solamente estaba marcando, aquello que había caído en mis ojos como disonante debido al rigor con que lo expresas. Si se trata de una catarsis, lo entiendo perfectamente. Todos tenermos derecho al desahogo y la expresión furiosa. El problema empieza cuando eso se hace una una máxima fundamental en toda tu visión del mundo.

      • fenrisolo dijo:

        A mí la expresión furiosa me encanta, desde pequeñito.

  2. Dicho está de paso, me arriesgo a decir que escribes muy bien y que me encantaría pedirte una fotos donde hay gente en el barro, porque estoy buscando una imagen así para la tapa de mi primer libro.

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