LAS CIRCUNSTANCIAS DEL TIRANOSAURIO

   Aborrezco las películas de tinte navideño casi tanto como los centros comerciales.  Una de las pocas que a mi entender tiene un pase es ‘Love Actually’, por su carácter coral y lo absurdo de ver a Hugh Grant interpretando al primer ministro de ese Reino Unido en el que el amor fluye de unos personajes a otros, como a través de una mágica ilación.  Durante la Navidad acostumbro a ver bastante cine porque afuera hace frío.  Veo mucha basura, y en ocasiones me conformo con encontrar una cinta alegre.  Estas no-Navidades he dado con una historia que todo lo que no tiene de alegre lo tiene de bueno, y la película en cuestión es muy, pero que muy jodida de ver.

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   Hablo de otro film británico, Tyrannosaur, o Redención, como torticeramente tradujeron en España, suponiendo que los protagonistas buscan ser redimidos.  Una lectura rápida de Tyrannosaur nos lleva a deducir que cualquier persona tan desgraciada como ellos correría a clamar adonde fuera con tal de paliar su dolor.   Sin embargo en este film, dirigido en 2011 por Paddy Considine, la redención tiene un carácter residual, y de hecho la historia  plantea una ruptura con las estructuras clásicas del cine, esas que apuntan a que todo problema tiene solución buena.  Como es sabido, en la vida no son pocos los problemas que no presentan solución alguna, por no mencionar que, normalmente, cuando las cosas se hacen mal desde el principio solo tienen dos tipos de solución: una mala y otra peor.  El cine tiende a obviar con sus estructuras narrativas el sinfín de ecuaciones en el que un problema puede estallar.  Los buenos terminan contentos, y cuando no lo hacen es porque mueren por una buena causa, envueltos en un halo de heroicidad que a su manera los mantiene con vida.

   Tyrannosaur es una obra valiente en su planteamiento porque ni siquiera al comienzo da margen alguno para las soluciones fáciles.  Los días de pesadumbre en una población del norte de Inglaterra, azotada por las tormentas atlánticas, el alcoholismo y la desesperación, sirven de escenario a una historia en la que lo más amable, lo único que realmente ofrece un respiro al espectador, es el conato de amor no romántico que veladamente se profesan los dos protagonistas.  Y si hay algún sueño de redención es el que alberga ella, la buena samaritana que escudada en su fe regenta un charity shop, en el cual se refugia de los monstruosos malos tratos de su marido.  No tardará en consumir esas esperanzas de salvación, cuando descubre que la única huida posible consiste en abundar en la violencia, apenas asida a un hombre de voz profunda y talante intratable.

   Los personajes de Peter Mullan y Olivia Colman quedan rebajados a la altura moral de un perro.  Instintivos, poseedores de una violencia que no sospechaban contener, pero al mismo tiempo ansiosos por entregarse, pues entienden que es la única forma de soliviantar su sufrimiento.  Son perros, y como tales están condicionados por lo que sus dueños esperan de ellos.  O por buscar un trasunto entre los humanos: están condicionados por las circunstancias.  Porque cuando decimos que uno recibe lo que da enseguida pensamos que el karma se encargará de repartir justicia, procurando el éxito solo a quien genuinamente se lo merezca.  Colegimos que conviene entonces portarse bien, aunque solo sea por puro interés, y en última instancia olvidamos que podemos darle la vuelta a esa idea para encontrarnos con la inversa, a saber, que cada uno da lo que recibe, y que por tanto, condicionados por las circunstancias, nosotros buenos samaritanos, pueriles y bienintencionados, podemos obrar en negativo, con inquina, puesto que así nos lo ha inculcado este mundo de igual forma que un perro ha sido adiestrado para morder.  No es inteligente olvidarnos de esas circunstancias jodidas, ni siquiera en Navidad.

   Tyrannosaur nos recuerda cómo son los colmillos del perro que muerde, y nos enseña que, a falta de redención, bueno es el tiempo que nos consume.  Porque cuando los problemas son jodidos, pero jodidos de verdad, solo el tiempo puede vestirse de solución y alejarnos de esas circunstancias hasta hacerlas desaparecer.    Quizás sea una trampa de consuelo, pero es lo único que nos queda.

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Una respuesta a LAS CIRCUNSTANCIAS DEL TIRANOSAURIO

  1. Jacobo dijo:

    “If you look for it, I’ve got a sneaky feeling you’ll find that love actually is all around.”

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