LA DOCTRINA DE LA VIOLENCIA

Veo Z, considerada por muchos la obra cumbre de Costa-Gavras, y recuerdo la idea conceptual de Rashomon, de Akira Kuroshawa, a saber, que la realidad siempre se presta a múltiples interpretaciones, las cuales no tienen por qué coincidir entre sí en lo más mínimo.  Una vez los hechos se convierten en memorias dispersas en la mente de quienes los han presenciado, pierden su anclaje a la realidad y vuelan, vuelan libres y despreocupados hasta erigirse a veces en rumores, a veces en la razón de ser de religiones milenarias.  Solo con cambiar nuestro punto de vista podemos modificar la perspectiva del bien y del mal.  A fin de cuentas, la realidad es real porque nos invita a cambiarla ¿verdad?

Veo Z, escrita por el español Jorge Semprún y el greco-francés Costa-Gavras, uno de esos directores que no dan punzada sin hilo, e identifico lo complejo que siempre es tratar de desenmarañar ese lío de versiones infundadas, mentiras descaradas y pruebas cada vez más inaccesibles a medida que pasan los días.  Todo en aras de llegar a la verdad, porque verdad solo hay una, la que tiene lugar en el minuto uno para ipso facto diluirse como por arte de birlibirloque.  Costa-Gavras nos muestra de forma objetiva un episodio de violencia contra Grigoris Lambrakis, líder de izquierdas asesinado por sus ideas pacifistas en un país que bien podría ser Grecia, aunque en el film no se hace ninguna referencia concreta del lugar donde se desarrolla la trama.  Lo que está claro es que Lambrakis existió, y al igual que en la película, murió víctima de sus ideales a manos de dos militantes de extrema derecha, ante una multitud hostil y un cuerpo de seguridad que no hizo nada por garantizar su seguridad y mantuvo una actitud pasiva. El político griego es interpretado por Yves Montand, aclamado actor galo que en la recta final de su carrera nos regaló un trabajo magistral en ‘Jean de Florette’ y su segunda parte, ‘Manon des Sources’.  En ambas, a Montand le tocó la parte menos agradecida, la representación del mal, pero en Z es la luz, una sonrisa cómplice que encarna la esperanza frente al totalitarismo.  Podría seguir relatando las virtudes de una película rompedora tanto en su forma como en su contenido, pero veo Z y me pongo de mala folla.  De eso es de lo que más me acuerdo ahora.

Veo Z y poco me falta para echar espuma por la boca, henchido de rabia, al reconocer el sistemático maltrato al que es sometida la verdad.  Le caen hostias por todos lados a la pobre, siempre tomada por una amenaza a nuestra conciencia.  Si alguien, un lejano 22 de mayo de 1963, atravesó en vehículo una céntrica plaza de Atenas y asestó un golpe mortal en la cabeza a Grigoris Lambrakis, si los hechos ocurrieron tal que así, no hay razón para cambiarlos.  Pero al hombre la verdad suele quedársele una talla más grande.  Le sucede lo mismo que a un personaje esperpéntico de Valle-Inclán: no está a la altura de su tragedia.

Esta entrada se titula La Doctrina de la Violencia, o del Miedo, o del Shock, como lo prefieran.  Son intercambiables.  En realidad todos esos elementos entran en comunión dentro del mecanismo del sometimiento (“Lo llaman democracia y no lo es”, “Es una dictadura y lo sabéis”, gritaban los púberes y no tan púberes en la enésima marcha en defensa de la educación pública).  Quizá la violencia sea el factor más palmario, pues se manifiesta bien a través de actos airados abiertamente difundidos para toda la peña en sus casas, bien a través de lesiones y traumas psicológicos, consecuencia de otros actos ocultos bajo llave, lejos de miradas indiscretas.  Cada hostia de la Policía nos hace recordar que si no fuera por la violencia institucionalizada este trampantojo se nos caería encima y desvelaría todas sus vergüenzas, que no son pocas.  O como diría Julio Anguita, tal vez estemos ya acostumbrados a esta falsa paz.  Tal vez vaya siendo hora de abrir más los ojos.  Que las tensiones desencadenadas en la actual crisis están empujando a las masas al límite del sistema, allí donde uno se descubre cara a cara ante la violencia.  ¿Han visto ‘El Show de Truman’?  En la escena final un Jim Carrey desnortado llega al extremo del inmenso escenario en el que se desarrolla su vida y descubre que el cielo no es sino un muro pintado.  Tras una breve y definitiva conversación con Ed Harris, el padre de la farsa, Truman se despide cortésmente y sale por una puerta abierta en medio del muro para desaparecer por siempre jamás.  Ahora estamos, digámoslo así, estampándonos contra el muro, y éste responde con represión.  Aunque parezca lo contrario, no pretendo ni mucho menos señalar a los agentes del orden como culpables de esta situación.  Ellos bastante tienen con lo suyo y ya cumplen dignamente con otras tareas que se les encomienda.  Sí pienso que hemos de ir más allá y admitir con claridad que los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado tienen como fin último imponer el orden en beneficio del pueblo.  Eso también incluye aquellas situaciones en las que los de arriba consideran que éste ha llegado demasiado lejos y conviene hacerle retroceder.  Los agentes de seguridad son en ciertas ocasiones como nuestra Constitución, están pensados para protegernos de nosotros mismos.

Y ahora nos encontramos en ese juego.  La masa crítica, entretenida en el desafío a esa autoridad, tantea la posibilidad de pasar directamente a la desobediencia civil, una vez ha comprobado que el elevado muro es de cartón-piedra, que se cae por su propio peso y que nada ni nadie -repito: nada ni nadie- puede atrincherarse eternamente frente al avance de la sociedad. 

Lo comenzamos a comprobar en el 15M, cuando el malestar fue pacíficamente canalizado en la ocupación de la vía pública, en un lugar destacado, mientras los bomberos aplaudían a rabiar a su paso por Puerta del Sol y mayores elogiaban el arrojo de cuatro chavales (no nos engañemos, estos actos se siguen limitando a minorías, aún) que se desperezaban y movilizaban sin tutelas.  Y la empresa continúa.  Así es como se cerca simbólicamente el Congreso de los Diputados al tiempo que se asaltan supermercados para dar de comer a familias pobres.  A los políticos se les ve cada vez más nerviosos y en vano intentan reducirlo todo a un problema de falta de orden público.  Lo cierto es que saben -o al menos espero que sepan; si no, en qué manos estamos- que dichos actos solo son tímidos conatos de un magma subterráneo.  Basta con que nos sigan apretando para que un río de lava emerja con virulencia y convierta nuestras ciudades en auténticas ollas a presión, como en Grecia, país que va dos pasos por delante en esta caída libre, y que por tanto nos sirve de perfecto paradigma (del griegoπαράδειγμα)si de vaticinar nuestro futuro se trata.

Pero buscarle las cosquillas a la autoridad no fue el único mérito del 15M.  Este también sirvió para aumentar la extensión de la masa crítica y para recuperar unos valores asociativos que por inercia habíamos perdido en las últimas décadas.  Las nuevas generaciones tenemos más bien poca, o directamente poka, idea de cómo organizarnos.  Es así porque la última vez que hizo realmente falta aquí los polis’ iban de grises, y qué bemoles, para entonces muchos de nosotros no éramos ni cigoto.  El bienestar amodorra, y mucho, por esa razón ahora andamos más perdidos que un pato mareao’, con un discurso desarmado, y sin un plan definido para abrir posibilidades de éxito a dicho discurso.  Tranquilos porque todo se andará.  El 15M solo era la semilla, o por parafrasear a uno que yo me sé: los pasos que está dando la ciudadanía movilizada son insuficientes, pero no caerán en balde.  En cada marcha, en cada asamblea, maceramos un poco más nuestro proyecto de cambio.

Inmersos en la ardua tarea de derribar falacias, como aquella que tantos políticos de la derecha tienen en boca y que apunta a que la mayoría siempre es silenciosa.  Esa es una realidad que, de ser cierta, vamos a revertir ¿verdad?

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2 respuestas a LA DOCTRINA DE LA VIOLENCIA

  1. Jacobo dijo:

    Son tiempos difíciles para España. No sólo para las clases populares
    que claramente están siendo estafadas. Pero esta estafa está ocurriendo en todos los países desarrolladas afectados por la crisis. De hecho, las clases que se encuentran más abajo de la pirámide socio-económica, soportando al resto, sólo puede cambiar algo si se unen las de todos los países. Sin las clases medias alemanas no saldremos de esta. Si aceptan el discurso nacionalista estamos todos perdidos.

    Pero lo que es también muy grave es que problemas que creíamos superados han resurgido. Ya se vuelve a discutir cual es nuestro proyecto de país. Esto sería bueno y deseable en una situación normal e incluso de crisis porque todos los países necesitan actualizar sus estructuras para adecuarlas a la realidad. Pero lo que no es bueno es intentar cambios cuando los que los tienen que llevar a cabo no reúnen ningún tipo de mérito. Dejar cualquier cambio constitucional necesario en manos de los actuales políticos sería una catástrofe sin precedentes porque sólo buscan sobrevivir a esto a cosa nuestra. Tanto los del centro como los de la periferia. Y sinceramente, como sociedad tampoco creo que estemos a la altura, comparándonos con nuestros ancestros. Como algunos dicen, es posible que hayamos llegado al final del camino como proyecto. Es una pena porque el molde es bueno y los materiales también. Fallan los artesanos que manejan nuestros destinos. Quizá nunca hemos tenido un proyecto salvo en contadas ocasiones (Reyes Católicos, Guerra de la Independencia, Segunda República, Transición). Esos son los únicos periodos en los que toda la sociedad se unió en ciertos objetivos. Lo malo es que en el más loable de los tres primeros, la Segunda República, el contexto mundial y las oligarquías no dejaran prosperar el único proyecto en la historia de España que trató de humanizarlos. Es curioso que la hicieran terminar con la más inhumana de las guerras. La Transición fuel el último Sol que salió por estas Tierras. Y algunos se están quemando tratando de mirarla demasiado. No se puede vivir glorificando esos tiempos pasados, ¡hay que inventar nuevos tiempos de gloria y desarrollar un proyecto que incluya a todo el pueblo español!

    ¿Estaremos a la altura?

    • fenrisolo dijo:

      Ese camino pasa por una nueva humanización, y no, parece que los actuales políticos tampoco están a la altura, y parece ser que a la sociedad todo este esfuerzo pendiente nos pilla con el pie cambiao’, pero los momentos decisivos no se presentan cuando uno los elige. Primero deberemos transformarnos a nosotros mismos para más adelante transformar nuestro futuro a través de dicho proyecto.

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