LA DOCTRINA DEL MIEDO DE LOS CINCO MILLONES DE PARADOS

Después de ver el documental ‘La Doctrina del Shock’ me convenzo de que la estrategia dominante cuando se trata de imponer políticas en la sociedad no consiste en los shocks, impactantes, contundentes y cargados de ira, sino en el miedo, en un miedo subrepticio que pierde la fuerza del impacto en aras de perpetuarse e impregnarlo todo.  Vivimos gobernados por La Doctrina del Miedo, que cambia de titular pero no de esencia.  Hoy ese titular no es otro que los cinco millones de parados.  La Doctrina del Miedo de los Cinco Millones de Parados.  Una cifra instalada en las bocas de los políticos por no se sabe cuánto tiempo.  Aunque desde luego, parece claro que a este Gobierno se le agota ese recurso.  Aún son los cinco millones de parados (más pronto que tarde, serán seis) que creó el Gobierno anterior, pero dentro de poco, tras más de un año en el cargo, pasarán a ser los suyos propios, y entonces no les quedará más remedio que cambiar el discurso.

Fuere como fuere, aún son los cinco millones de la herencia socialista, la dejada como un lastre que les impide desarrollar sus ideas de mentes privilegiadas que echan humo para que los expañoles volvamos a ser los más altos y los más guapos del mundo civilizado.  Para quien se lo crea; yo, desde luego, no.  Si el Partido Popular hubiera ganado las elecciones en 2004 y 2008 hoy estaríamos en una situación bastante similar a la actual, y la doctrina sería la misma: meter miedo al personal para que se doblegue, para que trague sin rechistar y convencido de que todo es por el bien común.  El miedo atenaza nuestra capacidad reflexiva de igual modo que el frío y el hambre entumecen nuestros miembros.

El frío y el hambre, esos grandes activos para el miedo que en una escala muy básica condicionan todas nuestras actuaciones.  En esta parte del globo hace ya varias generaciones que los poderosos no recurren a dichos activos para ganar adeptos.  Es algo que celebrar, pues significa que hace tiempo entramos en un nivel de desarrollo que nos libera de esas preocupaciones, pero ello no se traduce en una libertad absoluta ni mucho menos.  Los teóricos del miedo replantearon su estrategia para cogernos por donde más nos duele: nuestras cosas.  Porque la estirpe humana -salvo honrosas excepciones como los butaneses y cuatro perroflautas mal adoctrinados- vive rodeada de cosas.  Cosas bonitas y brillantes, las cuales sirven para alejar a las personas del vacío que les aterroriza.  Con el fin de paliar nuestro hórror vacui compramos ropa, equipos de música, bisutería para las mujeres, marcos de fotos…  También compramos coches y viviendas de protección oficial.  Compramos comida sin conocimiento, aunque luego la tengamos que tirar, aunque sepamos que en el proceso de producción de dicha comida se haya tirado un alto porcentaje de la misma.  Nos da igual.  Compramos compulsivamente mientras agotamos los recursos del planeta.  Estamos saqueando la Tierra y quedándonos con sus recursos, que van a parar bien a una red global de vertederos hediondos, bien a nuestra cuenta particular de posesiones.  Poseemos cosas, y ya sabemos que la propiedad, por naturaleza, deviene conservadurismo.  Por eso la gente vota a partidos conservadores.  Por eso el capitalismo le ganó la batalla al comunismo y ahora sufrimos un régimen unipolar que se descompone.  Votamos por el interés, el de mantener la hipoteca, las letras del carrazo, pagar los libros de los hijos y todas esas historias mundanas que sobran para mandar al traste cualquier atisbo de principios ideológicos.  Cuando un político enarbola la causa de los cinco millones de parados no está pensando en ellos, sino en todos los demás que, hoy más que nunca, pueden verse igualmente en el paro con apenas un patadón en el trasero.  Con el objeto de evitar el patadón nos aplican la sodomía colectiva, y lo que ayer eran derechos hoy son privilegios, como por arte de birlibirloque.

No es menos interesante comprobar cómo la casta política recurre al mismo argumento frente a cuestiones que en teoría no tienen nada que ver.  Es el caso del soberanismo catalán.  Espetarán que es una cuestión trascendente para la economía nacional, y no cabe duda de que así es, pero si aquí también blanden la maldita cifra de desempleo no es por su sentido de estado, sino por su miedo prehistórico a dejar hablar a los pueblos.  La crisis no es más que una razón esgrimida por unos y otros en beneficio de sus intereses.  Por su parte los independentistas catalanes también instrumentalizan la maltrecha situación económica para convencer a la masa de que la única salida es la escisión.  Cunde el ejemplo de los conciertos vasco y navarro, y de cómo unos y otros despiertan envidias en el resto de España con sus cifras de desempleo relativamente bajas (insisto: relativamente).  Cataluña experimenta un independentismo atávico que a causa de la crisis se ha magnificado.  Nada nuevo bajo el sol, pues suele ser en momentos de dificultad cuando estos fenómenos trascienden y arrastran a los pueblos a sentimientos enconados.  Sufrimos, pues, un síntoma más de una sociedad enroscada en su propia caída libre, y como nadie revierta la dirección entonces sí nos meteremos la hostia parda de no levantar cabeza nunca más.

La única solución que serviría para reconducir las relaciones entre Madrid y Barcelona pasa por la superación de la crisis, que el dinero vuelva a fluir y los catalanes no echen de menos ese dinero que comparten con España en aras de la solidaridad y el mantenimiento de un mercado común del que, por otra parte, tanto se ha beneficiado su industria.  La superación de la crisis es una quimera, al menos en el corto y medio plazo, lo cual nos deja sin solución alguna para un problema latente.  Ahora España, con su rancio conservadurismo a la cabeza, sufre en carne viva su cerrazón ideológica, la que le impide trazar las líneas para atender las aspiraciones de un Estado plurinacional que hoy vive como dentro de una ratonera.  No se ven capaces de plantear salida alguna porque no está en su código genético.  Se cierran en banda, enarbolando una causa (cinco millones de parados) que les viene de maravilla, como antes les fue de cine el chantaje de los terroristas, otro gran argumento del miedo tanto para las víctimas como para los verdugos.  El Gobierno popular se encuentra con los catalanes ante un problema que tampoco sabría gestionar en tiempos de bonanza económica.  Los catalanes, por su parte, piensan que la escisión resolvería unos problemas que tienen su origen en otras cuestiones.  Los catalanes están en crisis porque son igual que los expañoles, así de claro, igual de avariciosos y especuladores.  El independentismo es una vieja reclamación que en caso de ser satisfecha dibujaría una sonrisa en muchos catalanes.  Estos verían cumplido su sueño identitario, pero poco más.  La pobreza seguiría ocasionando los mismos estragos en sus ciudades bajo la estelada.

Y en esa estrategia sigue encerrada la política nacional, o mejor dicho, el politiqueo nacional de casi nula altura política.  Muchos ponen de paradigma a otros países donde sí saben solventar sus cuestiones soberanistas con acierto.  Es el caso de Canadá con Quebec, de Reino Unido con Escocia, pero ustedes no van a ser tan incautos como para pensar que los expañoles tenemos algo de canadienses o británicos ¿verdad?  De parecernos a alguien, es a los portugueses, a los italianos, a los griegos…  Precisamente Grecia es un escenario en el que podríamos comenzar a vernos reflejados, para anticipar qué será de nosotros si desde Bruselas nos siguen dando giros de tuerca mientras desde Madrid se mantienen aquiescentes y sin poner alternativas sobre la mesa.  No cuesta imaginar que entre nosotros, así como ahora acontece entre los griegos, cundirá la desesperación.  Y la desesperación encuentra una de sus definiciones en la desaparición del miedo.  Cuando los diecisiete millones y medio de trabajadores españoles pierdan el miedo a perder su empleo nuestros políticos verán invalidada su Doctrina del Miedo.  Si ese momento llega que Dios les coja confesados.

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2 respuestas a LA DOCTRINA DEL MIEDO DE LOS CINCO MILLONES DE PARADOS

  1. Jacobo dijo:

    Faltaría añadir el miedo al infierno, ese que tanto acompañó a generaciones de españoles en el pasado. Respecto a lo de los nacionalismos, es un tema más complejo y que requeriría una entrada independiente. Por supuesto si tienes burguesías dominantes estas intentarán capitalizar a la plebe usándo sentimientos de pertenencia a un grupo por motivos raciales, culturales o cualesquiera que ellos decidan. De esa forma hacen creer a la gente que sus enemigos no son los que los oprimen si no un agente externo. Como no podía ser de otra manera, ahí tenemos el caso de Hitler y los judios. O lo que va a ocurrir en Grecia con los inmigrantes. O Mariano echándole le culpa a la Merkel. En el caso catalán, dejando aparte evidencias como que tienen una lengua propia, el catalán, que también se habla en otras zonas de España y Francia, en realidad son igual de cutres que el resto de españoles, como bien dice el autor del blog.

    En Cataluña se les ha inculcado desde pequeños que España nunca les ha tratado bien, que España les roba, que les tenemos que estar agradeciendo todo el día que nos den dinero y que les digamos lo guapos que son. Y no me refiero a la educación en los colegios, que será tan buena o mejor que la del resto de los territorios peninsulares. Eso se inculca en casa, en la calle, en la taberna y en el campo de fútbol. Y no hace falta que haya democracia para eso. Lo que no ven es que las múltiples agresiones que se han cometido contra ellos también se han cometido contra el resto de los españoles. Franco se levantó contra la República Española. Los principales damnificados fueron los comunistas, anarquistas y españoles en general. Si bien es cierto que los elementos catalanistas fueron reprimidos, Catataluña como ente económicos fue privilegiado sobre el resto siendo condenada a la pobreza Galicia, por ejemplo, lugar del que provenía el dictador para más señas. Y que yo sepa los Borbones han sido una catástrofe para todos los españoles. A mi me recuerda este caso al del niño malcriado que por el hecho de disponer de la pelota de fútbol, exige ser el delantero.

    Para terminar mi crítica a los catalanes me gustaría recuperar una frase de una carta que la tristemente tratada figura del Conde-duque de Olivares escribió al virrey de Cataluña, conde de Santa Coloma en 1640 (asesinado ese año por los segadores catalanes, cabreados con sus señores, no sólo con Olivares):

    “Verdaderamente, señor Conde, los catalanes han menester ver más mundo que Cataluña”

    Yo aplicaría lo misma sentencia a todos los españoles y europeos. Esperemos que nuestros compatriotas catalanes quieran seguir con nosotros sin mirarnos por encima del hombro y que el resto de españoles no los denigre de tanto en tanto, como hacen. Luchemos por conseguir ese Estado ibérico con nuestros hermanos los portugueses para poder integrarnos en Europa con más capacidad de presión y evitar que los otros nacionalismos del Norte nos devoren.

  2. Seferin dijo:

    Para los islámicos el miedo al juicio final y al infierno después de la muerte que estan seguros que ocurrira.

    Para los occidentales miedo a la pobreza, miedo a ser ignorado por la sociedad, miedo a ser diferente, miedo al cambio…. miedo a no poder seguir teniendo el mismo nivel de vida.

    El miedo ese intrumento empleado por siempre por los gobernantes; y así seguira siendo, por los siglos de los siglos…

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