SARA CARBONERO, ERES CABEZA DE TURCO (2ª PARTE)

Hooters es una famosa franquicia estadounidense de restaurantes, con más de 400 establecimientos abiertos en 25 países distintos, aunque la mayoría se encuentran en territorio norteamericano.  El menú de Hooters es típicamente estadounidense, con las alitas de pollo como plato estrella entre una gran variedad de hamburguesas, marisco y sándwiches.  Hooters sería un restaurante americano más, de esos en los que uno se atiborra a costillas bajo una señal de la Ruta 66, si no fuera porque entre su personal no figura ni un solo camarero.  Las Hooters Girls están, por lo general, de bastante buen ver, son el principal reclamo de la cadena y todos los meses una de ellas es portada de la Hooters Magazine.  La empresa también publica calendarios Hooters y vende toda una serie de lucrativo merchandising.  Parece ser que esta intrincada estrategia comercial da resultado habida cuenta de que el 68 por ciento de la clientela está compuesta por hombres entre los 25 y los 54 años.  Hace poco veía en un reportaje de televisión uno de estos restaurantes, una de cuyas camareras desmentía que tuvieran en cuenta el tamaño de los pechos a la hora de seleccionar a las chicas.  Ahora bien, matizaba, al año de entrar en plantilla son muchas las que deciden operarse para tener más.  Es decir, los responsables de Hooters no fomentan ese degradante esteriotipo por norma, pero sí lo hacen de facto.  Aunque su intención sea otra, aunque intenten mejorar su imagen pública con sus contribuciones a la lucha contra el cáncer de mama.  En su opinión, las mujeres tienen derecho a instrumentalizar su atractivo sexual de igual modo que un deportista tiene derecho a emplear su fortaleza física.

   Sex appeal is legal and it sells. Newspapers, magazines, daytime talk shows, and local television affiliates consistently emphasize a variety of sexual topics to boost sales. Hooters marketing, emphasizing the Hooters Girl and her sex appeal, along with its commitment to quality operations continues to build and contributes to the chain’s success. Hooters’ business motto sums it up, “You can sell the sizzle, but you have to deliver the steak.”

Y es completamente cierto.  Quiero decir, no hay nada erróneo en ese planteamiento de perogrullo.  El sexo vende (que se lo cuenten al dueño del dominio putas.com) pero cabe preguntarse si soportaríamos vivir en un mundo saturado de reclamos sexuales.  Si bajásemos la guardia esos reclamos se apropiarían enseguida de la vía pública y los medios de comunicación, como de hecho están haciendo ya, sin que eso vaya a servir para mejorar los productos que se publicitan ni la información del consumidor.

Si yo voy a comerme unas alitas, voy a comerme unas alitas, no a buscar una pechugona que me ofrezca la efímera oportunidad de hablar con una tía buena (“Ensalada césar y sándwich de pollo, por favor”).  Yo voy a lo que voy.  Ya pueden bajar por la calle veinte tías en bolas coreando mi nombre, que no me va a apetecer otra cosa.

¿Recuerdan cuando los informativos de televisión, incluidos los de cadenas privadas, tenían edición de medianoche?  ¿Y qué me dicen de cuando los presentadores de noticias no rodaban anuncios de Internet y yogures?  ¿Recuerdan cuando las mujeres no necesitaban entrar en una talla 36 para presentar los boletines?  En unos pocos años todo ha cambiado, todo menos Ana Blanco, esa sigue igual, pero en general todo ha dado un giro copernicano en los noticieros de televisión.  Y es así porque la bestia capitalista, en su particular cruzada contra aquello que no reparta dividendos, ha terminado por devorar el derecho a estar informados.  Ahora seguimos gozando de ese derecho, pero a cambio debemos aceptar unas contraprestaciones, a saber, publicidad mal encubierta y modelos leyendo las noticias.  Modelos, en efecto, porque la función principal de muchas de esas presentadoras es figurar, dejando al margen su trabajo de redacción, que podrá ser arduo y complicado.  Lo cierto es que ellas están delante de la cámara y no detrás gracias a su belleza.  Mientras, las palmaditas en la espalda que se dan mutuamente los jefes hacen un concierto que ni el Orfeón Donostiarra, como si su estrategia partiera de la digna labor de ofrecer unos informativos de calidad, cuando en realidad solo responde a una razón mucho más primitiva y alejada de principio deontológico alguno.

Los telespectadores no pagamos cuota alguna por ver la televisión en este país, pero eso no significa que sea un medio gratuito.  Pagamos viendo publicidad, y en este caso la publicidad son ellas, las mismas que por la noche se van a un sarao’ y posan quince minutos en un photocall con un logotipo de fondo.  Ellas son las que con su belleza han conseguido perturbar lo que hasta no hace mucho venía siendo un servicio público sin distracciones de esa naturaleza.  La TDT, una vez más, solo ha servido para empeorar las cosas.  Con el aumento de canales aumenta también la competencia, y los directivos solo encuentran salida reduciendo presupuestos y aplicando nuevas fórmulas publicitarias, todo en detrimento de la calidad.  Más ING Direct, más Ford Focus, más volumen Pantene.

Sara Carbonero es la cabeza visible de esta peligrosa tendencia.  Aprovechó su oportunidad ¿pero para qué?  Olvídense de sus dotes como informadora.  Ella no está aquí para eso, sino para vender.  Desde el momento en el que pone un pie en la calle está vendiendo ropa, y sigue vendiendo durante el resto del día.  Solo de esta forma se pueden seguir defendiendo los salarios indecentes que aún se ven en los medios, donde entre un redactor y el de enfrente existe una diferencia de un cero en la nómina.  Sex appeal is legal and it sells, nos recuerdan nuestros amigos de Hooters.  El sexo vende, pero quien recurre a su atractivo sexual para vender lo hace en perjuicio de un elemento inalienable que, en este sector en particular, debería considerarse clave: la credibilidad.  O quizá ahora también crucemos esa frontera, tal vez sigamos manteniendo la credibilidad de un periodista que vende seguros de automóvil así como antes la hemos mantenido para quien plagiaba un libro.  Aquí todo vale, aquí todo el mundo se va de rositas en términos laborales.  Así no hay quien escarmiente.  Con esta postura tan laxa se nos complica la forma de establecer arquetipos válidos de conducta.

Para ser ecuánimes deberemos admitir que la imposición de los estereotipos de belleza femenina (junto a estereotipos de otra clase) en los informativos no es el primer atropello que éstos sufren.  ¿Qué me dicen del fútbol?  ¿Quién se explica la desproporcionada atención que reciben por parte de los medios, incluso de los públicos como Televisión Española?  El fútbol, uno de los intocables de este país, y como intocable que es, ese tema hoy tampoco lo vamos a tocar ¿verdad?

“Ronaldo está triste”.

‘Amos, anda, no me jo…

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6 respuestas a SARA CARBONERO, ERES CABEZA DE TURCO (2ª PARTE)

  1. Leticia dijo:

    lo clavas, chato

  2. Jacobo dijo:

    Como comentario curioso, añadir que conforme cada vez más las presentadoras se adaptan al concepto actual de belleza, los presentadores cada masculinos son cada vez más casposos. Alguno parece sacado de clubes donde se fuman puros, se habla mal de los rojos y de los criados (y de la manteca colorada). Además estos presentadores no transmiten nada (aparte de la caspa y valores reaccionarios) especialmente los del programa el Gato al Agua. Esa gente ni mental, ni físicamente son dignos de salir en la tele. Ni Sanchez Dragó, ni Pedro José Ramírez Codina. Esa gente transmite seborrea por su cara y sus palabras. Imagino que sudar delante de una cámara para un profesional no es presentable. También imagino que no todo el mundo puede presentar algo, al igual que no todo el mundo sabe escribir o tomar fotografías, incluso siendo periodista. También los médicos tienen especialidades. No creo que el presentador del Gato al Agua sea capaz de vender un solo champú. Ni siquiera saben vender vino.

  3. Jacobo dijo:

    Mientras no prohiban su emisión, como se haría en un país decente, sigue existiendo. Un pueblo que no elimina sus excrementos no merece ninguna consideración. Y la caspa no está solo en el gato al agua. Sólo RTVE se salvaba y se la han cargado. A veces me pregunto si nos merecemos la libertad de expresión. Quizá si la eliminaran no podriamos escribir aquí pero seriamos más felices.

  4. Seferin dijo:

    Heil Jacobo!

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