RAZONES PARA LA ALEGRÍA Y LA DEPRESIÓN EN LOS MEDIOS

Hoy solo les estorbo con dos apuntes marginales sobre la situación de los medios de comunicación.

Empezaré por la parte buena.  No sé si lo han notado, pero en el Telediario de Televisión Española ofrecen cada día dos versiones distintas de la misma noticia.  No quiero decir con esto que cambian completamente la información ofrecida.  Sencillamente, rehacen la pieza para no ofrecer exactamente lo mismo en las ediciones de tarde y de noche.  Así, en el programa de las tres encontramos una noticia en la que se ha dado un dato relativo y en la edición de las nueve, en la misma noticia, ese mismo dato se ofrece en valores absolutos.  Un cincuenta por ciento más del precio frente a 150 euros de media más, por ejemplo.  Hablo de diferencias mínimas, que en ningún caso harán cambiar de parecer al espectador.  Este a duras penas retiene una pequeña parte de la información que recibe.  A no ser que esté verdaderamente interesado en ella, o que sea un friki como yo, al acabar el día no recordará porcentaje ni número alguno.  Al ver las noticias de las nueve no recordará lo más mínimo sobre cómo estaban montadas las de las tres.  Podría concluirse que los eficientes empleados de la tele pública hacen dos montajes distintos porque se aburren.  No tienen nada mejor que hacer y se dedican a matar el tiempo.  ¿Qué más les dará repetir la misma noticia?  Total, nada ha cambiado en las últimas horas.  Sigue siendo información de actualidad.  ¿O es que no estaban contentos con la primera pieza y se han animado a rehacerla por la tarde?  ¿No saben ni siquiera encontrar el dato más relevante?  ¿Acaso da igual uno que otro?  ¿Estamos en manos de empleados públicos que no saben lo que se traen entre manos?

Con estas preguntas no transmito el sentir de la calle ni me hago eco de lo comentado en un corrillo de trabajadores del gremio, pero no es difícil imaginar que el empeño del personal de TVE despertará no pocas suspicacias, más si cabe en estos días en los que no estamos para zarandajas.

Una humilde opinión.  Si los funcionarios del ente público deciden actuar de esta manera no es para rellenar las horas de vacío, sino para cumplir en su empeño por ofrecer un servicio informativo de calidad, dedicando a tal fin todos sus esfuerzos, tiempo y recursos.  Ese empeño, dicho sea de paso, parece obedecer a la asunción de una realidad a la que debemos resignarnos, a saber, que no hay una única forma válida de contar las cosas.  Hay muchas, y son complementarias.  Por muchas ganas que le ponga uno, siempre encontrará un sinfín de maneras de hacer las cosas igualmente bien.  El redactor que termina de escribir su noticia por la mañana se pregunta por qué no contar ciertas cosas de otra forma.  También se deja ideas en el tintero.  Duda si ha hecho las cosas lo mejor posible, y es humano que dude, porque este trabajo de plumilla es subjetivo y se presta a las dudas.  Jo-der, se si presta a ello.  Algunos de nosotros vivimos inmersos en un mar de dudas del que no sabemos ni cómo salir.  Yo ya he renunciado a encontrar una salida y tan solo cuento las horas que me restan para ahogarme en él.  El redactor duda, decía, y gracias a la oportunidad que se le brinda de montar dos piezas con la misma noticia encuentra un paliativo para su incertidumbre.

Es muy valiente, la postura de TVE, porque también parte de reconocer los límites del formato clásico de noticias en televisión y dentro de esas limitaciones trata de enmendarlo.

Los informativos de la pública son víctimas de muchos de los males que afectan a las tareas de comunicación, pero conviene celebrar sus aciertos y esperar que los últimos movimientos de sillas no acaben con lo avanzado en estos últimos años de buen hacer.

Se acabaron las buenas noticias.  Ahora paso al segundo apunte, cargado de mala uva como viene siendo habitual en mis repasos a la labor de los informadores.

Y repaso del bueno.  ¡Cómo están los medios!  Nunca me he tomado por ducho en el oficio de componer frases y estructurar textos, pero por vez primera detecto un deterioro preocupante en los artículos que leo en prensa.  El fondo -la manera de trabajar, seleccionar los temas, etc.-, se merece un correctivo que no tiene cabida en este blog.  Ni en 115 megas que llevo ya gastados encontraría espacio para todo lo que hay que decir al respecto.  Qué carajo, ni en los tres gigas que me ofrece WordPress.

Esta vez es la forma lo que me quita el sueño.  Qué mal están escritos los artículos.  Me temo que este descubrimiento repentino responde a un episodio pasajero de clarividencia por mi parte, lo cual significaría que el declive que sufre la prensa escrita, tanto en papel como en Internet, viene de muy atrás.  Quizás tenga algo que ver con los continuos EREs en las empresas del palo, esos mismos expedientes de regulación de empleo que, por cierto, también han llevado a muchos trabajadores de la radiotelevisión pública a la jubilación anticipada.  Sería muy triste que la consecuencia más grave de dichos EREs fuera haber terminado con la correa de transmisión que hasta hace cuatro días permitía que los recién llegados nos beneficiáramos de la sapiencia de trabajadores veteranos.  Hoy, con unas redacciones cada vez más vacías de reporteros senior, resulta harto complicado engancharse a ese flujo de conocimientos y procederes que durante generaciones mantuvo a esta profesión en lo alto.

Pero no estoy diciendo nada del otro mundo, no soy tan ingenioso.  Esta idea de pérdida de conocimientos ya ha sido convenientemente expresada por gente del tajo, aunque a mi entender no se les haya prestado la atención suficiente.  Se palpa un exceso de confianza generalizado, como si el reporterismo de ahora fuera el único válido porque, ya se sabe, las nuevas tecnologías de la información lo han puesto todos patas arriba.  Muchos recurrirán a esta excusa para mandar al traste todas las lecciones que cabría aprender de los maestros del pasado y los veteranos.  Nihilistas del periodismo, podríamos llamarles, esos que no ven necesidad alguna de mantener un estilo, de hacer dos versiones ligeramente distintas de una pieza.  Aquellos que, con su actitud de dejadez, no encuentran escrúpulos en sepultar los principios de la profesión.

Y así estamos, más perdidos que un pato mareao’.  Ya he admitido arriba que no soy ducho a la hora de escribir.  Ahora admito también que no destaco por tener una dilatada experiencia en los medios.  Tampoco podría, por una cuestión de edad.  Si hay algo que ha marcado mi vida profesional hasta la fecha es la de buscar los referentes hasta debajo de la alfombra.  Los referentes los tengo aquí a mi izquierda, sobre la estantería de libros.  También los encuentro en páginas de Internet, diseminadas entre redes sociales y artículos de portales digitales con una escritura lamentable.  En serio, leo las noticias con el buscador de la RAE abierto en la pestaña contigua y no salgo de mi asombro.  ¿Va a ser así a partir de ahora?  Casi prefiero los breves de los periódicos de finales del XIX, centrados en crímenes de la España negra y en cerdos que se comen a bebés.

Afortunadamente siempre nos quedará la blogosfera, ese universo libre que acoge tanto a grandes escritores como a plumillas principiantes que se foguean en esta disciplina.  Aquí todos tenemos cabida, y a grandes rasgos cada uno se lleva la atención que se merece por su empeño y aptitudes.  Nada que ver con los medios tradicionales, que paulatinamente pierden su nombre a medida que sus cabeceras son respaldadas por artículos cada vez más pobres, en la forma y en el fondo.  Me pone de muy mala folla que una noticia de un portal líder en visitas esté peor redactado que el escrito por un aficionado en su humilde bitácora.  Algo está fallando.  Las fuerzas están descompensadas.

¿Dónde se mete García Márquez?

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Una respuesta a RAZONES PARA LA ALEGRÍA Y LA DEPRESIÓN EN LOS MEDIOS

  1. Jacobo dijo:

    Creo que G. Marquez tiene algún tipo de proceso degenerativo.

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