DON DELILLO – RUIDO DE FONDO

Don DeLillo publicó ‘Ruido de Fondo’ en 1985.  Cabría pensar que su novela se salva de la sensación de falsa seguridad que asuela hoy a la sociedad norteamericana.  Sin embargo, concentra ese sentimiento impostado y lo proyecta hasta hacer de él una sensación que trasciende todas las épocas, como si estuviera incrustada en el genoma de una sociedad que, aun boyante y estable, se descompone de pura perfección.  Es una idea muy recurrente en la cultura occidental, la de cómo las sociedades se vienen abajo casi por inercia, a través de un mecanismo tan previsible como la fuerza de la gravedad.  Todo lo que sube, tiene que bajar.  Si no destruyen el sistema desde fuera, alguien lo hará desde dentro, subrepticiamente.  Es cuestión de tiempo.  Todas las civilizaciones, por muy poderosas que estas fueran, se acabaron desvaneciendo y no siempre fue en batallas cruciales.  El auge y caída del Imperio Romano.

O The Suburbs, el disco con el que Arcade Fire daban cuenta de esa realidad suburbana norteamericana, con sus hileras de chalets hasta el infinito apenas interrumpidas por centros comerciales.  Un escenario del que nunca puedes salir, pues es tan grande como un subcontinente, y que te suministra todo lo que puedas necesitar en vida, en teoría.  Es un ejemplo tonto.

Ahora estamos sobradamente acostumbrados al discurso de fin de una era.  A cada año que pasa echamos una nueva palada de tierra sobre nuestros sueños de estabilidad y seguridad absoluta.  Ya nadie está del todo seguro en ninguna parte, nos cuentan.  No en un mundo interconectado, en el que los terroristas de Al Qaeda nos han demostrado lo fácil que es cruzar los océanos para sembrar el pánico.  No en un escenario donde la competitividad es la máxima, y arrastra a ciudades enteras al ostracismo mientras en las antípodas una nueva urbe nace y se expande al calor del comercio global.  No me cuesta imaginar que en 1985 este relato fuera cuanto menos chocante.  ¿Qué se iba a resquebrajar en la sociedad estadounidense, a lo sumo amenazada por los misiles de una Unión Soviética próxima a sus últimos estertores?

DeLillo se sirve de Jack Gladney, un profesor universitario experto en Hitler, y su familia compuesta a través de diversos matrimonios -casi como el monstruo de Frankestein-, para revelarnos esa grieta abierta en el espacio-tiempo.  Invisible, pero tan determinante como la diferencia entre vivir y morir.

Porque el ruido de fondo es, efectivamente, el miedo a la muerte.  Algo que está siempre ahí pero que cuesta detectar.  Jack y su esposa, Babette, se encuentran en el ecuador de sus vidas.  Gozan de un buen estatus social y son felices junto a sus hijos, pero sufren ese mal de vacío.  Otros sufren mal de alturas en según qué circunstancias.  El vacío, en cambio, te acompaña siempre.  El miedo a la muerte condiciona nuestra existencia de principio a fin.  Seguramente un físico encontraría mejores palabras para explicarlo.  Ese miedo podría ser definido igual que un dios bajo los parámetros de la teoría panteísta.  Un miedo que está en todas partes, como cubriendo cada objeto a nuestro alrededor, y del que no te puedes zafar.

En un momento de la trama se produce una fuga tóxica que atemoriza al vecindario de los Gladney y aleja a toda la comunidad de sus viviendas durante nueve días.  El profesor nunca había imaginado que un fenómeno de estas circunstancias pudiera perturbar la paz de alguien de su condición social, pero el molesto suceso le hace darse de bruces contra la dura realidad, y allí ya entiende que nadie se libra.  Solo un intrigante proyecto para curar ese miedo a la muerte despierta sus esperanzas de cambiar.

Como se ve es una historia con mucha enjundia.  Después de recorrer sus 429 páginas me he dado cuenta de que no he pillado ni la mitad del concepto.  Pero suficiente.  DeLillo escribe tan bien y sobre ideas tan interesantes que comprender una pequeña fracción del contenido justifica la lectura de todo el libro.  El miedo a la muerte es un leitmotiv muy trascendental.  Para transmitirlo no basta con dejar un rifle en el bolsillo del protagonista, o con dotarle de una personalidad psicopática.  El escritor neoyorquino emplea elementos realistas para su menester, y eso también tiene mérito.  Estamos ante una idea muy potente que solo un gran escritor puede dejar a la altura que se merece.

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2 respuestas a DON DELILLO – RUIDO DE FONDO

  1. Seferin dijo:

    Tiene buena pinta el libro….

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