NOSTALGIA BFLECHA

Estoy leyendo un libro titulado ‘Ruido de Fondo’.  Hablaré de él en unos días.  El título es potente, lo suficientemente evocador como para hacer que me plantee cuál ha sido mi propio ruido de fondo en estas tierras del señor.  Evidentemente no me ha acompañado un solo hilo musical en mis veinticinco años largos de vida, sino muchos mezclados entre sí, pero si pienso en el genuino, el ruido de fondo que, presumiblemente, sonará en mi lecho de muerte, me retrotraigo automáticamente a mi más tierna infancia y recuerdo el papel preponderante que la televisión jugó en ella.  Hablo de los tiempos previos a Internet, cuando la caja tonta lo era todo.  Siempre en medio del salón, como si ello obedeciera a una cuestión jerárquica y no meramente práctica.  En aquellos años lejanos el televisor era una batidora de películas de yuppies, pop explosivo e inocente en castellano y producciones faraónicas de pop internacional tan heredero de los ochenta, una década que costaba dejar atrás.    El medio catódico era una incesante cadena de cabeceras con melodías enlatadas.  Era muy disco.  Era un ruido viciado que se realimentaba solo.  Tengo una memoria privilegiada, mal está que yo lo diga, pero es así.  Me veo en condiciones de trasladarte, si es que entonces eras demasiado joven para recordarlo o incluso aún no habías nacido, que la realidad que retransmitía el televisor era colorida y vitalista, a años luz de la sensación de fin de la historia que ahora nos abruma a todos.

Mi ruido de fondo es alegre y bombástico.  Es el de ‘1,2,3… Splash’ y Tom Hanks, Dan Aykroyd y James Belushi.  El de ‘El Príncipe de Bel-Air’.  En definitiva, rap cutre, mucho rollo Mike Mareen, italo alemán, y por supuesto español e italiano.  Boogie… Electro…

(A nada que me pongo a hablar de música acabo perdiéndome en los mismos términos de siempre.  Tengo que darle un buen repaso a ‘Loops’, el libro de electrónica de Javier Blánquez y Omar Morera, porque ando más perdido que un pato mareao’).

En vez de admitir este poso tan arraigado en la cultura de masas podría haber optado por dármelas de cultureta.  Decir que mi background está en el Western, o por recurrir a ripios, en Claudia Cardinale en Once Upon a Time in the West, en el traqueteo del tren abriéndose paso por la tierra prometida.  Podría situar esa raigambre en el Hip Hop puro de Nueva York… o en Curro Jiménez.  Podría relatar toda mi vida a través de los referentes culturales que han dejado una huella en mí.  Joder.  Durante mis años de instituto tuve una época en la que lo que más sonaba en mi habitación era ópera.  Pero si ubicara cualquiera de estas influencias en mi ruido de fondo estaría mintiendo.  El ruido que suena en lo más profundo de mi psique es muy peregrino.

Por temporadas el regusto de esa nostalgia supera el interés por ampliar horizontes culturales, como si fuera el estado natural de las cosas y todo lo nuevo fuera un complemento, y no al revés.  Afortunadamente hoy encontramos artistas que, sin dejar de ser modernos, sacian ese regusto con auténticos ejercicios de nostalgia.  Pienso en BFlecha.

No es tan disparatado.  Bflecha, Belén Vidal, se metió en esto de la música sampleando soul y Hip Hop, géneros que tuvieron un gran peso durante aquellos años.  De ahí evolucionó hasta combinar esos sonidos con esa vena pueril que caracteriza sus letras, muy próximas a las de Linda Mirada.  ‘Razas Salvajes’ es un ejemplo de ello, y si no lo digo reviento, pero me recuerda sobremanera a los Eléctrica Miami.

La gallega es miembro destacado del colectivo vigués Arkestra, con el que ha lanzado sus dos referencias hasta la fecha.  En 2010 llegó un 10’ llamado como sus dos cortes, Ceja de Carnival/Kosmic Lovers, y en marzo de este 2012 salió el EP Qvasi Naves.  El tema que da nombre a este segundo trabajo tiene un punto disco indiscutible.

Antes nos había deleitado con temas como ese ‘Kosmic Lovers’, otra prueba de cómo los sonidos que suelen llegarnos del extranjero comulgan a la perfección con letras cantadas con el corazón y en castellano, por supuesto, como cuando en este país no hablaba inglés ni Dios.  Pero yo prefiero ‘Ceja de Carnival’, que un servidor conoció gracias a una mixtape del aclamado productor escocés Rustie.  Una y otro comparten un concepto casi ilimitado del sonido que navega por el wonky.  Cósmico, galáctico, llámalo como quieras.  Y dicho sea de paso, las mixtapes de BFlecha también son de escucha obligada, tal y como demostró en su selección para Playgroundmag.

Es ese maremágnum de influencias cruzadas lo que le dota de un gran horizonte ante sí.  Por el momento ha demostrado que sabe combinar elementos que hasta ahora podían parecernos antagónicos, al menos en Expaña, donde son precisamente Arkestra, Desparrame y cuatro gatos más los que se están empeñando en trasladar dicho horizonte al público de música electrónica.  Con BFlecha queda claro que aquí también tenemos nuestros Rusties particulares.

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