SALTO DE BIERGE

¡Qué raros somos!

La reacción más lógica al contemplar las fotografías de Martin Parr.  Sorprendernos de la naturaleza esperpéntica del hombre.  El único animal capaz de hacerse doscientos kilómetros para tirarse sobre la toalla junto a un río durante cuatro horas, todo para luego desandar el camino andado, subir a casa, cenar, trastear dos horas en Youtube y echarse a dormir.  ¿Acaso no somos un esperpento?

Ando sobrado de ejemplos que avalan mi teoría, pero por si no fueran suficientes el otro día tuve una nueva ocasión de comprobar que el hombre es raro, muy raro.  Eminentemente raro, diría más bien.  Además nuestra rareza tiene un toque kitsch difícil de igualar por nuestros compañeros del reino animal.  El sábado fui a Bierge, un pueblo enclavado en la vertiente sur de la Sierra de Guara, en Huesca.  Unos kilómetros al norte de la población hay una antigua estación hidroeléctrica con un salto de agua artificial que ralentiza el curso del río Alcanadre.  No son pocos los domingueros que acuden al lugar para lanzarse desde lo alto de la pequeña presa, mientras que aficionados al barranquismo concluyen aquí su ruta ataviados con cascos y monos de neopreno, ante la incredulidad de las familias que desde una orilla pasan un día de campo.  Nada me parece más kitsch que el colorido de las toallas y las barcas hinchables en medio de un entorno supuestamente natural.  Los visitantes aprovechan el mínimo resquicio de hierba y cualquier sombra que arrojan los árboles para instalar su vivac.  Entre cortas incursiones a las frías aguas del río, todos disfrutan, mayormente, tumbándose a la bartola y dando buena cuenta a unos tupper con comida en su interior.  Albóndigas, tortilla, ensaladilla rusa… también había bocadillos y fruta.  Había de todo.  A un lado del campamento base que mis amigos y yo habíamos instalado vimos a familias enteras con mesas y sillas plegables.  Unos se llevaron hasta la hamaca.  En fin.  No hay nada mejor para estudiar la actitud expansiva del ser humano que pasarse por uno de estos sitios.  Es sorprendente cómo con cuatro pedazos de plástico colonizamos el ambiente.  Queremos naturaleza, sí, pero domesticada a nuestro gusto.

La ribera aprovechada para el recreo no era más que un pequeño margen entre la presa y un camino salpicado de orines.  Entre ambas, decenas si no centenares de personas que de esta forma tan peculiar se sacudían la rutina de entresemana, el asco a la ciudad o váyase usted a saber qué.  Bien pensado, no es nada extraño el éxito de convocatoria que tienen sitios como el salto de Bierge.  Al sur de la Sierra de Guara solo se extienden kilómetros y kilómetros de campos yermos y lechos secos hasta bien entrado el Sistema Ibérico.  En esta tierra, Aragón, quien quiera olvidarse de la aridez del paisaje por unas horas debe refugiarse en barrancos y riberas con olor a orín.  Entre el sonido de los radio-cassettes, algunos comentarios intercalados sobre lo salvaje del entorno.  ¡Mira, un alimoche! ¡Pececillos! ¡Cuidado con las avispas!

Por abreviar.  El salto de Bierge pertenece a esa realidad fronteriza que incluye tanto los parajes naturales domesticados como esos límites difícilmente definibles entre la ciudad y el agro.  Son todos ellos lugares que contienen cierto encanto, pues a ellos acudimos las personas en nuestro tiempo de esparcimiento, para disfrutar y follar, para expiar nuestros pecados, para enamorar y llorar.  Muchos de los recuerdos de nuestra vida están adornados por el ruido de la autovía de fondo, o por un aparcamiento junto al que descansan, tirados en tumbonas, derrotados domingueros después de una parrillada pantagruélica.  No soy el primero, ni de lejos, en identificar estos territorios sembrados de inspiración.  Ahí están Txema Salvans y Pepe Cerdá, quienes con un poco de empeño por mi parte se llevarán una próxima entrada de este blog.  Mientras tanto, aquí les dejo con unas pruebas concluyentes sobre nuestra condición esperpéntica.

¡Y arriba Martin Parr!

Más fotos en Flickr

Anuncios
Esta entrada fue publicada en FOTOGRAFÍA y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a SALTO DE BIERGE

  1. Beni dijo:

    Había muchas animales salajes, y de otros países.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s