TENSIÓN BOOKA SHADE

Lo que estoy a punto de decir va a sonar pedante, pero en ningún momento pretendo epatar al lector: Gabriel García Márquez sabe muy bien de lo que hablaré en esta entrada.  En numerosas ocasiones el escritor colombiano ha dejado bien claro por activa y por pasiva qué es eso del ritmo de la novela, cómo se consigue y qué fines busca.  Veamos si puedo explicarlo: una buena novela debe tener un ritmo, este ritmo debe ser capaz de narcotizar al lector, el lector debe sentir la necesidad de continuar leyendo, narcotizado como está por el ritmo de la novela.  El ritmo de la novela debe ser preciso, como el pulso humano en estado de quietud.  Cualquier episodio de arritmia podría hacer despertar al lector, que repentinamente se sentiría fuera de lugar y podría tener la tentación de abandonar la lectura.  Ello nunca debe ocurrir.  El ritmo debe ser constante.  Pam, pam, pam…  Dentro del ritmo, incluso si es parsimonioso, el escritor debe encontrar la fórmula para narrar cualquier acontecimiento, por muy tenso que sea.  Un parto o una guerra, todo debe caber en ese sentido rítmico de la narración.  Así es como ‘Cien Años de Soledad’ está considerada una obra cumbre de las letras hispanoamericanas, porque -realismo mágico al margen- con su ritmo se basta para relatarnos lo divino y lo humano.

Vivimos una época en esencia arrítmica.  No se hace escuchar más el que mejor habla sino el que más grita.  La televisión es una constante de chirridos.  La radiofórmula y el tráfico rodado invaden nuestros espacios comunes.  Hablé de esto de manera atropellada, muy al estilo de mis años de universitario, en una entrada de mi anterior blog.  El Colapso del Ruido, la titulé.  En ella planteaba que los que vivimos en ciudad hemos llegado al límite de ruido que podemos soportar, y que resulta harto difícil zafarse de esta situación sin echar mano al mp3.  En mi caso, añadía, ese mp3 estaba paradójicamente cargado de noise a lo Xiu Xiu.  Así y todo, el ruido a veces viene bien.  En el plano de la música electrónica, por ejemplo, se encuentran géneros en los que la estridencia no está fuera de logar.  Más bien al contrario, forma parte de su genoma.  Pienso en Chimo Bayo -respeto, siempre-, en la Pont Aeri, las canciones de verano enlatadas con beats eslavos o balcánicos -Inna y Alexandra Stan- y pienso en el electropunk de nuevo cuño que, de puro desazonado que suena, asciende varios metros sobre la corriente drag que asuela Internet en nuestros días.

Pero en la electrónica también hay cabida para propuestas con un tempo más tranquilo. ¿Y por qué no se iba a trasladar la estrategia de García Márquez a la música?  Movements, de Booka Shade, es un ensayo sobre el ritmo, o mejor dicho, sobre la tensión contenida.  El disco del dúo alemán (cortesía de Get Physical Music, 2006) está compuesto por doce cortes que saben transmitir, cada uno a su manera, ese sentido de una bomba siempre desactivada a tiempo.  Propone una suerte de antítesis a géneros en los que precisamente la explosión es lo principal, y en torno a ella giran el resto de recursos.  Ya sabéis, todo lo relacionado con el subidón-subidón.  Pues bien, Walter Merziger y Arno Kammermeier (toma-toma) se dejan los pitiditos en casa para demostrarnos que muchas veces la privación, el coitus interruptus, resulta mucho más placentero.  Y si no, que alguien me explique el efecto de canciones desbastadas como la divertida ‘Paper Moon’ y la grandiosa ‘In White Rooms’.  Booka Shade no son precisamente unos simples a la hora de componer.  Introducen samples turbios y urbanos, no pierden los ochenta como referencia y sus composiciones se sumergen en un mar de capas del que es difícil salir, pero todo está en su sitio, con la precisión (y el ritmo) de un reloj.

No es de extrañar que Booka Shade fueran los baluartes de la electrónica elegante en la última edición de Monegros Desert Festival.  Ellos se ajustan más a un festival como el Sónar, en el que las vanguardias inundan el cartel año tras año.  No siempre fue así.  Los principios del dúo de Frankfurt contuvieron más metralla.  Su primer single, ‘Kind of Good’ (1995), nos revela un tempo acelerado y un nervio techno inconfundible.  Nueve años después, con ‘Stupid Questions’, no se alejaron demasiado de ese concepto.  Pero desde entonces han llevado a cabo un ejercicio sistemático de poda que ha dado lugar a lo que hoy son Booka Shade.

En medio del fiestón, cuando los juerguistas están en todo lo suyo, cuesta imaginar un quiebro que lleve la sesión por otros derroteros sin menoscabo para la juerga padre.  Los germanos han demostrado que sí es posible, que en la tensión, como en una novela con ritmo, hay cabida para todo.  Hacer más con menos, viene a ser su máxima.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en MÚSICA y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s