CREMATORIO: UNA SERIE ESPAÑOLA TAN BUENA QUE NO PARECE NI SERIE NI ESPAÑOLA

Ahora en verano poner La 2 por la tarde es como volver a los setenta.  Echan El Hombre y la Tierra y después, Curro Jiménez.  Es fácil entonces caer en la tentación de pensar que la televisión de antes era mucho mejor que la de nuestros días, pero tengo mis dudas.  La televisión de los setenta -que yo no conocí por razones obvias- podía contener también mucha morralla, y por supuesto no ofrecía ni una mínima parte de la variedad que hoy disfrutamos.  Si hoy nos parece que ya no echan nada decente es porque la telebasura ensombrece el contenido que sí vale la pena, y que se ha quedado en valores absolutos más o menos estables a lo largo de los últimos años.  Es decir, la cantidad de programas de calidad se ha mantenido, aunque ello no se refleje en valores porcentuales porque el aumento de la oferta solo ha servido para hacer sitio a la telemierda, que gracias a la TDT se expande de forma exponencial, como el universo en el que vivimos.

Curro Jiménez era una obra maestra hace treinta años y lo sigue siendo ahora, si bien hoy parece aún mejor gracias al escaso nivel de sus rivales de la parrilla, como Pasapalabra y demás concursos idiotas.  Para aquellas tardes en las que las Olimpiadas nos dan una tregua os recomiendo encarecidamente esa suerte de western ibérico, un gran ejemplo de cómo el buen cine (aquí el calificativo de teleserie suena a poco) solo requiere de cuatro elementos para relatar la historia del hombre, de principio a fin, todas sus grandezas y miserias.  Basta con un primer plano cerrado sobre Sancho Gracia para entender lo que estoy diciendo.  Basta con atender la voz acuchillada de Pepe Sancho en medio de la Serranía de Ronda.

Y del formidable Pepe Sancho voy a seguir hablando.  O mejor dicho, del implacable constructor Rubén Bertomeu.

Vendes paz, como los sepultureros, le había dicho su hermano Matías.  Crematorio habla de la familia y de los negocios.  Plantea una dicotomía bien resuelta, como dos caras de una misma moneda.  Si en la novela de Rafael Chirbes la corrupción solo servía de telón de fondo, aquí cobra protagonismo, se pone a la altura de la trama familiar y dota de acción al devenir de los acontecimientos.  No obstante, Crematorio no es en ningún momento una historia de drogas y putas, sino que profundiza mucho más, hasta donde muchos no se atreven a llegar, y hace sangre con su radiografía certera del tiempo y el lugar que nos ha tocado vivir.  Expaña, señores, comienzos del siglo XXI.

El trabajo del director Jorge Sánchez-Cabezudo es digna heredera de la novela, y casi se podría decir que viceversa porque aquí el orden de los factores no alteraría el producto.  Cada uno de esos factores se sirve de un discurso narrativo distinto, y no podía ser de otra forma porque resultaría prácticamente imposible trasladar el texto a la pantalla sin adaptación alguna.  Mientras Chirbes plantea su libro como un relato sináptico la serie contiene ingredientes de thriller y drama; tiene vida más allá de la novela.  Además, emplea los flashback magistralmente para hablarnos del pasado de los personajes en una estructura episódica, esto es, un personaje por episodio.

Así y todo, en la producción de Canal+ hay una idea que despunta con la misma fuerza que en la novela, a saber, no hay bandos de buenos y malos.  La hija, llamada a heredar el idealismo de su tío Matías, no hace sino reproducir el pragmatismo de su padre, e incluso abunda en el carácter despótico de este.  Crematorio pone en escena  los pecados que modelan nuestro territorio, por encima de ellos, la ambición, la cual llega a sus cotas más esperpénticas en el patrimonio de todos que hombres como Bertomeu dinamitaron en los últimos años.  En efecto, hablo de la costa, escenario por antonomasia del desarrollismo recalentado que nos han estado metiendo por los ojos, a presión y sin preguntarnos siquiera si lo queríamos o no.  Bertomeu es aquí, al igual que en el libro, el personaje totémico y consecuente que no se deja doblegar en su ascensión a la cumbre, pisando cabezas y aliándose con todas las fuerzas pertinentes siempre desde un segundo plano.  Frente a él los políticos y figuras mediáticas del poder no son más que títeres.

Es triste decirlo así, pero Crematorio es tan buena que no parece española.  Le pasa lo mismo que a la nadadora china Ye Shiwen, cuyos resultados han llevado a algunos a sospechar que toma hormonas para rendir mejor.  Aquí hay trampa, sugieren, pues una mujer no puede ser mejor que un hombre.  La televisión española nos ha acostumbrado tanto a las producciones de asco que cuando sale una serie en condiciones también creemos que hay gato encerrado.  Pero confíen en mí.  He revisado los créditos y entre ellos no se esconden nombres ingleses.  Crematorio es tan española como la realidad de corruptelas y esperpento que refleja.  Es Expaña en sí misma, y verla es como analizar de cerca nuestras vergüenzas patrias.  Por esa razón difícilmente podría haber sido dirigida por alguien que no nos conozca.  Lástima que un proyecto de este calado no figure en las listas de audiencias, aunque sí ha recibido numerosos reconocimientos.  El productor ejecutivo, Fernando Bovaria, explica en los extras de la colección en DVD que la intención era “dotar a los personajes de una densidad, de una complejidad un poco mayor”, y añade:

Aquí no estamos buscando el mínimo común denominador.  En televisión generalista tienes que intentar que te vean en Andalucía, que te vean en Cataluña, que te vea la abuela, que te vea el niño, y aquí hemos sido muy respetuosos con la novela pero no sacrificando la integridad del material con el que estás trabajando.

Y el propio Pepe Sancho, por su parte, también lo deja muy clarito:

Esto es cine, esto no tiene nada que ver con el consumo rápido en la televisión, por eso me gusta, porque es una película de ocho horas.

Los actores están sembrados, comenzando por Sancho, que es el que tira del resto del reparto.  El personaje de Bertomeu tiene una presencia enorme, es inapelable, y no se me ocurre otro actor español capaz de encarnar al constructor con la misma credibilidad.  Sancho comparte con su personaje su origen valenciano, el estar casado con una mujer mucho más joven que él, los laureles de una vida de logros profesionales y esa circunspección natural en todo lo que dice y hace.  De diez.  En torno a él, Alicia Borrachero sabe desarrollar la transformación que Silvia, la hija de Rubén, vive a lo largo de la trama, hasta convertirse en una continuación natural del padre tantas veces denostado pero al mismo tiempo necesitado.  Pau Durá merece otro aparte pues resulta muy creíble en su papel de Emilio Zarrategui, abogado de confianza de Bertomeu que, pese a su cercanía, consigue mantener un punto de misterio, como si tuviese alguna flaqueza que no quisiera revelar.

La dirección artística no se queda atrás, gracias sobre todo una fotografía muy cuidada en la que el lenguaje de los colores tiene una función preponderante.  Asimismo los incontables rodajes en exteriores nos ofrecen un escenario privilegiado de la costa mediterránea, llena de luz, pero devorada por las obras y el lujo.  En las ocho horas de Crematorio cada secuencia tiene valor de manera independiente, pues todas ellas han sido facturadas con una calidad técnica y artística como -lástima- no se suelen ver por estos lares.

Un apunte marginal para fotógrafos: las imágenes del foto fija incluidas en los extras son un auténtico regalo.

Entre tantos pros de Crematorio solo he encontrado un contra, y no ha sido hasta el último capítulo.  El final me ha dejado un poco frío.  Ya esperaba un golpe sobre la mesa, pero el desenlace elegido es una pirueta demasiado precipitada y no muy bien sostenida al resto de la trama.  Con todo, opino que en ningún momento se desmoronan las ideas clave de la historia, su leitmotiv enjundioso y enriquecedor.  Y detrás de ese leitmotiv de Crematorio, el leitmotiv de la España.  En boca de Pepe Sancho:

Yo te cambio los cromos y luego tú te quedas sin cromos y te los vendo más caros.

La Expaña de nuestros días, la de siempre.

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6 respuestas a CREMATORIO: UNA SERIE ESPAÑOLA TAN BUENA QUE NO PARECE NI SERIE NI ESPAÑOLA

  1. Juan dijo:

    Estoy de acuerdo. Curro Jimenez es una gran serie y Crematorio también.

  2. Seferin dijo:

    Tengo la serie de Crematorio en la lista de pendientes por ver. Estoy deacuerdo que Curro Jimenez es una gran serie aunque mi memoria me impide recordarla.

  3. Seferin dijo:

    Creo que me vais a matar por decir esto pero lo digo. En España somos buenos haciendo novelas televisivas. Sus actores y guionistas tienen que hacen 1 hora de espectaculo 5 días a la semana, solamente con 4 escenarios; y todos los días es distinto. Tales novelas como amar en tiempos revueltos, El secreto de Puente Viejo, etc

    Todo lo contrario pasa con las series de televisión que cada son más nefastas y bochornosas; así como comerciales.

    • fenrisolo dijo:

      ¿Por qué temes que te vayamos a matar por decir esto? ¿Crees que este blog es un refugio de fervientes detractores de los culebrones españoles? Por otra parte me hace gracia que las llames novelas televisivas. Les otorga un carácter de género literario.

  4. Jacobo dijo:

    Como en todo se realizan en Expaña cosas geniales y cosas abominables. Cuando el tiempo lo permita, también tengo pendiente la visión de Crematorio, al igual que el comentarista Seferin.

  5. Seferin dijo:

    A muerto Sancho Gracia, justo hace unos días hablabamos de la serie que protagonizo… que descanse en paz.

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