MEDALLAS DE CHOCOLATE

El pasado lunes, en los Juegos Olímpicos de Londres, la tiradora surcoreana Shin a Lam vio cómo se le escapaba la posibilidad de ganar el oro o la plata por un fallo con el cronómetro.  Pese a las protestas de su entrenador los jueces determinaron que la victoria correspondía a la campeona de Pekín, la alemana Britta Heidermann, y ordenaron a Shin abandonar la pista de juego, en la cual permaneció durante casi una hora llorando desconsolada.  Más tarde lucharía por el bronce en un último partido que también perdió.  Que en una competición tan rigurosa y calibrada como unos Juegos Olímpicos ocurra algo así es de traca, pero más sorprendente aún resulta la reacción de la Federación Internacional de Esgrima.  En reconocimiento a su “aspiración por ganar y su respeto por las reglas” la FIE se mostró dispuesta a otorgar a la joven tiradora una “medalla especial”.  Tan especial que no es ni de oro, ni de plata, ni de bronce.  Una medalla de chocolate, les faltó decir, algo con lo que rellenar el palmarés junto a las clases de claqué y la afición al bricolaje (cada vez lo tengo más claro: el deporte es malo, otra historia es el ejercicio físico).  Como no podía ser de otra forma, Shin ha rechazado la oferta de la Federación al considerar que un premio así no le sirve para nada.  “No puedo aceptar el resultado porque creo que se ha cometido un error”.  Shin no fue a Londres para hacerse valer como una buena chica, no; ella fue para que se le reconociera su excelencia, algo que en un deporte es fácilmente ponderable por los resultados, y que por tanto resulta inapelable siempre y cuando se cumplan a rajatabla las reglas del juego.

Pero qué sabré yo de la excelencia, si la única vez que he sacado un diez fue en un examen de vocabulario, en segundo de bachillerato, y apenas contaba para la nota final.

Bien pensado la mayoría de los premios -y no son pocos- no existen para reconocer la excelencia.  Cumplen funciones bien distintas.  Una honrosa minoría sirve para dar un empuje a la gente que empieza, pero el resto no tiene fines tan honorables.  La mayoría son un estupendo catalizador para la vanidad, ese pecado que tanto abunda en el mundo.

Los premios más peligrosos, sin embargo, son los que sirven para consolar, o para señalar con el dedo al buen empleado del mes y utilizarle como ejemplo para adoctrinar al resto.

Pero qué sabré yo de premios, si el único que he ganado fue uno de disfraces del Sabeco.  Entonces tenía unos nueve años, y por presentarme en el supermercado disfrazado de un paquete de arroz Brillante me llevé un estupendo lote de 25 Superjuegos Reunidos.  Me temo que el ejemplo no vale porque más o menos todos los niños participantes nos llevamos premio -mi prima y mi hermana incluidas- salvo una vecina del barrio que se encontró un cartón de esos gigantes de tabaco que simulaban la cajetilla de 20 cigarros, se la enfundó y se presentó de esa guisa para la foto.

Cuando hablo del empleado del mes me expreso en los mismos términos que Santiago Sierra utilizó hace dos años en su rechazo al Premio Nacional de Artes Plásticas.  Quizás algunos todavía os acordéis.  En esta carta dirigida a la entonces ministra de Cultura Ángeles González-Sinde el polémico artista expresaba bien clarito las razones por las que se negaba a reverenciar al sistema establecido.  Él no.  Sierra no iba a ser el empleado del mes porque le sonaba cuanto menos condescendiente.  Y en verdad lo es.  Los premios rezuman un paternalismo vergonzoso porque son como un pin que te ponen en la solapa por encarnar Dios sabe qué valores, pero la excelencia no suele estar entre ellos.  Eres merecedor del pin si demuestras que cumples con ciertas condiciones fijadas de antemano, como si los responsables de ese reconocimiento fueran los más indicados para establecer qué requisitos ha de reunir una persona para servir de ejemplo a los demás.  Paternalismo y soberbia, añadiría.

Así pues Sierra fue consecuente y rechazó el premio, no como otros.  Recordaréis también que el ilustre Camilo José Cela ganó el Nobel antes que el Cervantes, lo cual levantó no pocas suspicacias.  Al preguntarle si no deseaba hacerse con el premio español él contesto con su contundencia habitual que no, que no estaba interesado en recibir un reconocimiento tan politizado y tan lleno de mierda.  Al año siguiente fue y recogió el Cervantes con sus propias manos y una sonrisa de oreja a oreja.

En el capítulo de casos honrosos: Marlon Brando lanza un sonoro “Que os den” al renunciar al Óscar por su trabajo en ‘El Padrino’.  En su lugar envió a una indígena apache que criticó ante todo Estados Unidos los abusos que Hollywood había cometido con los nativos norteamericanos.  Y por último: el gran Eusebio Poncela haciendo notar por activa y por pasiva su desprecio a los Goya, y con ello a la mafia de colegueo del cine patrio en general.

No se engañen.  Brando y Poncela no requieren de un premio para ser tan buenos.  Ellos lo son por naturaleza.  Quien es bueno de verdad no necesita sanar su vanidad en una entrega de premios con lo más granado de la sociedad comiendo de su mano.  Si acaso, se les pasa en una noche de desfase, de esas que curan todos los pecados.

Pero Expaña sí.  En estos momentos tan chungos España sí parece necesitar esa palmadita en la espalda, aunque sea propinada precisamente por quienes nos mantienen en la cuerda floja, como las agencias de calificación de riesgo.  Algo así como la federación internacional de un deporte olímpico, solo que el tema va de economía.  Ellos determinan, con los datos sobre la mesa, qué país está haciendo los deberes, siempre de acuerdo con sus propios condicionantes.  Las principales son Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s.  Esta semana la primera de ellas nos ha dado una nueva palmadita: nos mantiene en el aprobado alto.  Buen trabajo, vienen a decirnos, seguid eliminando las rigideces (sic) de vuestro sistema económico y con un poco de suerte seréis el próximo empleado del mes.  Lo peor no vuelve a ser el hecho en sí, esa tramoya soberbia e infundamentada que nos tiene a todos en ascuas, sino la causa subyacente.  Si este mecanismo funciona es porque se le sigue dando pábulo, como el monstruo que vive en el armario porque el niño así lo cree.  Los medios no hacen más que divulgar los últimos movimientos de estas agencias como gestos determinantes.  Cuando estas compañías privadas mueven ficha en nuestro contra no tardan en oírse tímidas críticas a su funcionamiento, pero poner en entredicho sus métodos si mueven a nuestro favor, como ahora, es como predicar en el desierto.  No tiene sentido.  Es incoherente hablar del árbitro solo cuando nos perjudica.

Yo no quiero que mi país sea el de los más altos y los más guapos.  En lo que a mí respecta, cuando alguien me adula con insistencia comienzo a sospechar.  Me dan a entender que estoy bien así, calladito y sin moverme del sitio.  Una crítica negativa me sienta mejor, porque me demuestra que he logrado despertar un sentimiento indeseable en aquel a quien me dirijo.

Señores de Standard & Poor’s, no nos adulen con su BBB+, dando por hecho que nuestro objetivo es ser el empleado del mes para que nos corten la cabeza y puedan exhibirla colgada en la pared de su despacho.  Si me dan opción, prefiero mantenerme como un tipo consecuente.  Y en consecuencia, me siento obligado por mis principios a lanzarles un sonoro “Que les den”.  Medallas de chocolate a mí.

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10 respuestas a MEDALLAS DE CHOCOLATE

  1. Jacobo dijo:

    SInceramente creo que el autor mezcla conceptos de una manera un tanto extraña para este humilde lector. Sinceramente creo que no hay chuleria más grande que rechazar premios. Sólo lo hacen los egocéntricos. Y no hablo de egocéntricos típicos. Hablo de gente contenta consigo misma.
    Está mal la vanidad y vivir para los premios y un poquito menos mal rechazarlos. Lo normal es no buscarlos pero agradecerlos si te los conceden.

    Sinceramente, seguimos cayendo en la frivolidad. Un premio se puede rechazar si lo entrega un sistema totalitario o un enemigo directo, pero no por tonterias. Al final vamos a acabar igualando el cabreo porque exista el hambre en el mundo con el cabreo que tenemos cuando alguien se nos cuela en el super. Un poco de sentido común por favor. Por cierto, Marlon Brando recogió el primer oscar que ganó por La ley del Silencio http://www.youtube.com/watch?v=I_VJtDZBttY
    Así que menos cuentos.

    Por último señalar que otro motivo para rechazar un premio es el de esa atleta ya que como siempre el sistema le regaló por nada algo a los alemanes, que por cierto son los que manejan Standard & Poors y todo eso. Pero seguro que el autor del blog correria a regoger un premio de la señora führer (yo no digo lo que este comentarista haría porque no lo sabe ni él).

    • fenrisolo dijo:

      …Y seguimos con los alemanes.

      Hasta Santiago Sierra agradeció el Premio Nacional de Artes Plásticas, lo cual no le obliga a aceptarlo.

      El hecho de que Brando hubiera recogido con anterioridad un premio no cambia las cosas. Si acaso, las cambiaría el hecho de que lo hubiera recogido después -y no antes- de rechazar el de ‘El Padrino’. Eso sí habría resultado un tanto incongruente.

      Tal como intento explicar en la entrada, hay muchos premios que cumplen algo así como un valor social. Son una herramienta para dar a conocer a gente que intenta abrirse camino en su profesión. Financian investigaciones, proyectos artísticos, etc. Pero francamente, me temo que la mayoría hunden su razón de ser en la vanidad, cuando no el adoctrinamiento.

  2. Seferin dijo:

    El comentarista jacobo sólo se acuerda de los alemanes, cuando aquí en Expaña los tenemos peores.

    Es cuestión de mentalidad. Hay gente que necesita un reconocimiento social para sentirse autorrealizado. Y gente que al realizar el trabajo lo mejor que puede, ya consigue esa autorrealización. En este caso el reconocimiento social son los premios, pero si bajas a ambitos más comunes es que tu jefe te de una palmadita en la espalda en vez en cuando.

    La gente que necesita el reconocimiento social es gente que no esta seguro que esta haciendo lo correcto en la vida, y necesita el apoyo de otros para saberlo. Por esos los premios son el sustento de esta gente, que en vez de buscar la satisfacción por uno mismo , lo busca en los demas. La gente que rechaza premios (que no sean por ideas en contra de la organización que los da) es porque realmente no los necesita, ya que ya estaban contentos con el trabajo que habian hecho.

    En Investigación se da mucho esto de los premios, la competitividad, y el reconocimiento social. Muchos y no todos, en vez de trabajar de forma desinteresada, trabajan por tener un estatus en el escalafon social de la investigación. Todo para que les de una palamadita en la espalda sus compañeros por los pasillos.

    • fenrisolo dijo:

      Me temo que son mayoría los que no le encuentran sentido alguno a desempeñar un trabajo si no trae consigo el reconocimiento de los demás. O por resumirlo en una frase: la vanidad abunda.

    • Jacobo dijo:

      El comentarista Jacobo ve como la nación está siendo atacada y nadie quiere verlo. Sigo diciendo que estais cayendo en la frivolidad. Que manía con llevarlo todo a cosas económicas. Voy a llevarlo a un terreno que me encanta. Acaso creeis que todo el mundo liga porque de verdad le interesa la mujer con la que lo hace? Ni siquiera la gente tiene novias y se casa por eso. La gente sólo se empareja para tener reconocimiento social (algunos imagino que para aparentar que son heterosexuales) o para satisfacer sus ambiciones sexuales sin incurrir en actividades que no gozan (¿o sí?) de reconocimiento social. Si la gente estuviera con sus complementos únicamente sólo el 3% estaría emparejado.

      Más criticar el mundo de la noche que tanto os gusta y menos criticar cosas que han hecho evolucionar a la humanidad para que podamos escribir paridas en un blog. Estar contento con uno mismo es un rasgo antihumano. Sólo la conciencia nos humaniza.

      • fenrisolo dijo:

        Creo que el comentarista Jacobo (a quien no conozco de nada y con quien por supuesto nunca he ido en tren a Copenhague) pierde la perspectiva cuando habla de “cosas que han hecho evolucionar a la humanidad para que podamos escribir paridas en un blog”. ¿Se refiere a los premios? ¿Es eso algo que ha hecho evolucionar a la humanidad? Si hacía alusión a otros temas abordados en este blog, considero humildemente que el lugar para criticarlos era otro, y no la sección de comentarios de esta entrada en particular.

        Asimismo opino que el comentarista Jacobo abre un frente bien interesante, a saber, la fiesta, el desfase y las mujeres, pero en serio, no entiendo qué tiene eso que ver con el tema sobre la mesa. No encuentro el punto de unión por ninguna parte. Hay algo que me estoy perdiendo, sencillamente, y por tanto no me veo capacitado para darle la réplica.

  3. Jacobo dijo:

    No me refiero a los premios. Me refiero a cierto gusto por el reconocimiento. Muchas veces esto ha actuado como catalizador para descubrir algo (acaso Colón habría ido a América si no hubiera querido ganar dinero?) Lo que vosotros pensais se parece a las doctrinas libertarias y estas no funcionan. En el comunismo sí que hay reconocimientos, por eso funciona.

    A lo que me referia con el tema de la fiesta es que muchos ven a las mujeres como premios, tanto en cantidad como en calidad de su físico. Y esto es un tema que me desagrada de casi todos los hombres. Y no veo que esto se critique en esta entrada.

    • fenrisolo dijo:

      En esta entrada vengo a criticar la vanidad, entre otras cosas. El hecho de que a los hombres nos gusten las mujeres daría para unos cuantos miles de posts, pero no tiene cabida en este. Entenderás que estás planteando un tema inabarcable.

      Por otra parte, si piensas que el dinero es un reconocimiento como otro cualquiera, veo que se me escapa la capacidad de hacer distinciones entre los premios, propiamente dichos, y el sueldo a final de mes, por poner un ejemplo. De nuevo, un tema inabarcable.

  4. Jacobo dijo:

    No se si sabes que la diferencia de sueldo, dentro de la Justicia, y dentro de unos límites (más de 2 veces el salario del sueldo más bajo de la empresa es injusto) es en cierto modo un premio. En la vida todo es una mezcla de cosas. Por ejemplo, no se debe estudiar algo sólo para ganar dinero si no nos gusta. Pero tampoco podemos pasarnos todo el día contemplando las nubes. Es la teoría del palo y la zanahoria. Yo no he dicho nada sobre que a los hombres les gusten las mujeres. He dicho que para muchos hombres sólo cuentan ellas como objetos y ven como un premio liarse y demás a una que según su catálogo este “buena” o que se lien con 10000 tias. Eso no tiene nada que ver con la biología.

  5. Seferin dijo:

    MADRE MIA! pufffffff

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