EL MUNDO SEGÚN MONSANTO

He leído ‘El Mundo Según Monsanto’ (Ediciones Península) justo cuando la situación del sector agrícola me pone de más mala folla.  Lo mío es un sentimiento visceral.  Así lo llaman.  De vísceras, viene el término, lo que me toca más adentro.  Más que la prima de riesgo y la bolsa.  Mientras hoy escupían esas noticias de fin de una era por la radio mi padre apostillaba: Se está poniendo la cosa jodida en España.  A lo que yo he contestado: En Expaña la peña va a seguir comiendo. 

O no.  Quizá en una generación tengamos tiempo suficiente para perder incluso el control sobre nuestra agricultura, así como en otras regiones del mundo los campesinos ya han perdido el suyo.  Hoy hablar de soberanía alimentaria es un ejercicio optimista.  Primero habría que hablar de seguridad alimentaria, y una vez solucionado ese problema, pasar a la siguiente etapa.

En esa pugna por la seguridad de lo que nos metemos por la boca la multinacional estadounidense Monsanto juega a la contra.  Como sociedad comercial bien engrasada que es, la compañía con sede en Saint Louis se erige máximo exponente de la presión sobre Washington, en aras del beneficio económico, principio y fin de su razón de ser.  Pero resulta que por el camino compromete no ya solo nuestros alimentos, sino la biodiversidad de todo el planeta.

La periodista francesa Marie-Monique Robin atravesó América e India para dar parte del pobre historial de Monsanto, desde los graves casos de contaminación en suelo estadounidense hasta el fraude de los transgénicos.  Hablamos de una empresa con un turbio pasado en el sector químico y que fue actor clave en el desarrollo del agente naranja.  Hace décadas el norteamericano fue el primer Gobierno en entender que la guerra del futuro sería la de los alimentos.  Entonces movilizó todas sus fuerzas para hacer de Monsanto un puesto de avanzadilla a partir del cual tratar de dominar dichos recursos allende sus fronteras.  La Casa Blanca no se equivocó de enfoque.  En plena batalla por las reservas del petróleo supo cambiar el chip y centrarse en los vegetales, el agua, la madera…  Qué duda cabe de que en un mundo superpoblado y mal organizado los recursos naturales, cada vez más escasos, son las principales armas.  La maquinaria Monsanto trató de pasar como un rodillo sobre todo lo que se le ponía por delante para dar salida comercial a sus nefastos productos.  Primero, herbicidas, fungicidas e insecticidas.  Más adelante, semillas transgénicas que no habían pasado ningún control riguroso.  Ello dice muy poco de la independencia de la comunidad científica.  Ya lo vimos en el aclamado documental ‘Inside Job’, en el cual se nos revela el escalofriante grado de complicidad entre catedráticos de economía norteamericanos y bancos de inversión.  En ‘El Mundo Según Monsanto’ descubrimos una comunidad de científicos en complot con las compañías químicas, las cuales los han colocado en puestos clave de la Administración para dar vía libre a sus productos sin mirar atrás, al tiempo que los científicos reticentes con los OGM (Organismos Genéticamente Modificados) son tachados de ludditas y apartados de la profesión.

En cuanto al papel de los medios, decir que sencillamente estaban perdidos entre tanta cuestión técnica.  De nuevo haré un paralelismo con el sector financiero, otro asunto peliagudo, cargado de tecnicismos de difícil comprensión y por tanto abocado a las conclusiones precipitadas y la mala información.

Y es así como Monsanto, no sin problemas aquí y allá, se lanzó al patentado de semillas transgénicas que amenazarían con inundar los campos, acabar con las variedades autóctonas de la flora y poner en peligro la salud de animales y personas.  En un sistema medianamente controlado estaríamos hablando de la trama para una película distópica, pero no.  En Estados Unidos, cumbre de la desregulación, se entendió que el dominio económico quedaba por encima de todo lo demás.  Aun a costa de una biodiversidad en caída libre.  Ellos nos decían que tenían la solución para el hambre en el mundo, así, con esa grandilocuencia mesiánica.  Al parecer nadie explicó -o nadie del que los medios se hicieran el eco necesario- que en la Tierra hay recursos para todos siempre y cuando estén bien administrados.  El hambre responde a un problema de reparto, no de cantidad.  Pero de nuevo, Monsanto echó mano a su estrategia de los hechos consumados y pasó como un bulldozer sobre esa realidad palmaria.  No hay razón para los transgénicos, no ha lugar.  La agricultura tradicional, familiar y basada en la rotación de cultivos, es capaz de abastecer de comida a la población campesina del planeta, y sin duda existen soluciones más respetuosas con el entorno natural si el objetivo es alimentar a la población en las ciudades.

El ejercicio periodístico que supone el trabajo de Marie-Monique Robin merece un aparte, y es triste que así sea, pero el cuarto poder no suele darnos estas alegrías.  ‘El Mundo Según Monsanto’ es un proyecto valiente y con profundidad de miras, uno de esos que verdaderamente aporta su granito de arena para que las cosas cambien.  Escrito en 2008, se trata de un estudio exhaustivo, documentado meticulosamente, que sirve de retrato fidedigno de una de las empresas que mejor encarnan la voracidad del sistema capitalista, cómo este no tiene barreras (Van a por todo, nos dicen ahora en las manifestaciones por la crisis) y amenaza con apoderarse de todito-todo, hasta de los tomates.

Sin duda cuatro años después Robin encontraría sobradas razones para volver a escribir del sector agroalimentario mundial.  Tal y como ayer hizo la Casa Blanca, hoy son muchos los inversores que han visto el filón en este sector.  Seguirían el ejemplo de la Argentina posterior al corralito, cuando la soja transgénica terminó por invadir el país al ser visto como un valor seguro de inversión.  Actualmente, con la bolsa en retroceso, una enorme inestabilidad financiera y una gran liquidez a la espera de ser invertido, muchos de los grandes capitales del mundo comienzan a agachar su mirada hacia la tierra.  Inversores chinos y saudíes, entre otros, se están aprovechando de la falta de gobernanza en África para comprar el continente pedazo a pedazo, con la esperanza de producir a gran escala.  En este cambio de escenario el primer mundo se afana en desguazar su sector agrícola, que hasta la fecha mantiene a duras penas para evitar que aumente la conflictividad social.  En lugar de apostar decididamente por la agricultura nuestros gobiernos ceden terreno, perdidos en una crisis financiera de la que no se ve la salida.

No vemos luz al final del túnel.  Y llegará el día en que los expañoles acostumbremos el estómago a pasar hambre.

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7 respuestas a EL MUNDO SEGÚN MONSANTO

  1. Seferin dijo:

    Los transgénicos son el futuro para muchos paises donde el agua es escasa o la tierra es de mala calidad; ¿o sino como quieres que paises con malas condiciones agricolas y donde cada vez son más caros los carburantes puedan sobrevivir en el futuro?

    Y si claro que se produce alimentos como para alimentar dos planetas, pero el transportarlos hasta el punto de origen crea otro problema nuevo: la energía necesaria para transportarlos es finita. Hasta ahora se está realizando con el transporte pero ese metodo tendrá una fecha de caducidad. Única salución: Transgénicos.

    Cierto es que de momento se está utilizando a modo comercial y productivas; y sin los niveles de calidad necesarias. Pero es porqué esta en manos de los estados Unidos. Ya hay gente en otros paises que estan trabajando por los transgénicos para usos no comerciales, pero les queda mucho camino que recorrer.

    • fenrisolo dijo:

      Creo que el respetable parte de una premisa errónea, la de pensar que el crecimiento exponencial de la población es incorregible y que por tanto no queda otra que agarrarse a los machos y aumentar la productividad aun a costa de la biodiversidad.

      La población de un lugar debe estar condicionada por su entorno, esta es la razón por la que estoy en contra de trasvases entre ríos y Grandes Scalas. Es también la misma razón por la que opino -y no soy el único, pues en esta pelea también figuran buena parte de los altermundistas- que uno de los mayores males del sistema actual es el gasto en transporte, en muchas ocasiones innecesario pues en el lugar de destino suele haber potencial para producir lo mismo. Un tema: hoy en Murcia cultivan las borrajas que nos comemos en Zaragoza ¿Por qué? ¿A qué fin? ¿A son de qué? ¿Cómo así, cuando aquí las hemos cultivado de toda la vida de Dios, y bien ricas? ¿Consecuencias? Derroche, contaminación, manos vacías en el valle del Ebro. De todas formas emplazo al optimismo a todos aquellos que piensan lo mismo que usted: nunca, jamás de los jamases, habrá fecha de caducidad para el transporte.

      Sentenciar que la única solución son los transgénicos me parece, cuanto menos, peligroso. Máxime en un escenario de desigualdades como el actual. En Europa Occidental la tercera parte de la comida acaba en la basura. En Estados Unidos, la mitad. El nivel de consumo de carne en el mundo desarrollado es un despropósito. Ello quiere decir primero de todo que el nivel de consumo de vegetales también lo es. Solo con desviar para consumo humano una pequeña parte de los cultivos hasta ahora destinados al ganado tendríamos parte del gorrino cazao’.

      Hay soluciones y sobran las razones para recurrir a ellas. No estamos ni de lejos en el escenario apocalíptico que muchos quieren pintar para hacernos caer en la trampa de unos transgénicos que, a día de hoy, se encuentran en estado embrionario.

  2. Seferin dijo:

    Haber no digo de usar transgénicos en paises donde es posible cultivar optimamente para toda la población (por ejemplo España, un gran pais para la agricultura) sino en sitios donde están dependiendo actualmente de las importaciones exteriores; y donde el dinero para comprar esas importaciones depende del dinero que sacan de materias primas y combustibles fósiles. Claro que en esos paises nunca debieron haber crecido tanto en población, adaptandose a los recursos que la misma tierra pueden ofrecerles, pero el mal ya esta hecho. Y ahora no puedes decirles a esos paises que decrezcan en economia y población. Por lo que es normal que en determinados sitios se planteen el modificar geneticamente los cultivos para que estos aguanten coindiciones mucho más extremas que la propia naturaleza del cultivo puede.

    Te dire un ejemplo puntual y no generalizado. Da la casualidad de que mi compañero de piso esta estudiando agrogénetica, y da la casualidad de que lo hace para el futuro de su pais que es Argelia. Argelia es un pais que actualmente su economia se basa en la exportación de gas natural, Helio y alguna materia más. Pero tiene que importar gran contidad de productos por la poca productividad de sus cultivos, ya que la tierra es de mala cantidad, la escasez del agua y tienen escesivas horas solares. El problema del agua lo tienen casi solucionado ya que tienen rios subterraneos (que aún así no hay abusar de ellos), pero aún tienen que mejorar la productividad. Y ello se conseguira gracias al hacer más resistentes los cultivos al calor, a la sequia (ya que no se podrá abusar del agua) y a las malas tierras (ph malo, altos o bajos niveles de Ni, K, P…). El cambio genetico en parte lo hace la naturaleza a base de miles de años, pero los seres humanos lo podemos adelantar
    con investigación en pocos años. Pero todo habra que hacerlo con responsabilidad y sólo en los casos extremadamente necesarios, y por motivos comerciales.

    • fenrisolo dijo:

      Me quedo con tu último párrafo, sobre todo con lo de “extremadamente”. En el tema de los transgénicos combatimos contra unas multinacionales que nos los quieren meter hasta por las orejas. Hay que andarse con pies de plomo, y tal como apunté en mi anterior respuesta, apostar por las soluciones que ya están al alcance de la mano. La exportación de alimentos es buena e indispensable, pero solo para cultivos que verdaderamente no se pueden cultivar en el lugar de destino. En Reino Unido se comen las manzanas de Nueva Zelanda, mientras las suyas se caen de los árboles sin que nadie las recoja. Si en Argelia no pueden producirlas, por qué no importarlas.

  3. Seferin dijo:

    Perdon:
    ya que la tierra es de mala calidad, la escasez del agua= ya que la tierra es de mala calidad, el agua es escasa…

  4. Seferin dijo:

    Perdon nº 2:
    Y no por motivos comerciales

  5. Pingback: EL MUNDO SEGÚN MONSANTO « Fenrisolo « Stop Monsanto [ES]

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