¿HAY ALGÚN EDITOR GRÁFICO EN EL AVIÓN?

Me gustaría dejar por escrito un par de nociones que, en opinión de este reportero diletante, deben ser básicas en la política de cobertura gráfica de un medio, a saber, que merece la pena publicar una foto cuando se cumple una de estas dos condiciones:

a) Cuando aporta información.

b) Cuando es de una calidad técnica y estética notable.

Grosso modo sería una de esas dos, y si se dan ambas a la vez, mejor aún.  Dicho esto -que a mí me parece básico, algo así como el ABC de la edición gráfica-, pasemos a analizar la portada de ayer sábado, 21 de julio, del número 8247, año XXIV, de la edición nacional del diario español ‘El Mundo’.  Es esta:

Recuerdo aquella vez que, en plena retransmisión del mundial de Francia 98, algún realizador en TVE se columpió y hubo de soportar los vehementes gritos de Matías Prats.  “¡¿Pero esto qué es?! ¡¿Pero esto qué es?!”.  Gritos que fueron reproducidos en directo y escuchados por una audiencia masiva, que desde el salón de su casa se agarraba al reposabrazos con pavor.

¡¿Pero esto qué es?! me preguntaba ayer al contemplar estupefacto la fotografía de portada de ‘El Mundo’.  ¿Aporta información? ¿un valor añadido por su calidad técnica y estética, quizás?  Ni lo uno ni lo otro.  Es una mierda-foto, con todas las letras, una mierda-foto que además no ha disparado ningún fotógrafo del periódico (está la cosa como para tener corresponsales en Denver), sino otro del ‘Denver Post’, o un ciudadano de la ciudad norteamericana que ha enviado la imagen a la redacción de dicho rotativo.  La verdad es que la firma es todo un enigma: DENVER POST / CONTACTO.  No alcanzo a entenderla, que alguien me lo explique.

Eso en el fondo es lo de menos.  La fotografía parece estar hecha con un teléfono móvil viejo, o con una cámara (presumiblemente compacta) a la que no se le ha modificado ni el balance de blancos ni la velocidad de obturación.  El sujeto de la derecha parece un espectro.  La imagen está atravesada por destellos de luz y figuras en movimiento.  Resulta imposible encontrar un centro de atención, un punto de enfoque.  Por si fuera poco la composición y el recorte son pésimos.

Ciñéndonos a su valor puramente informativo: No existe.  Ni está, ni se le espera.  No olvidemos que se trata de una fotografía que debe ilustrar una matanza en un cine.  El pie de foto reza: Varios espectadores de la última entrega de ‘El Caballero Oscuro’ permanecen a las puertas del cine tras ser evacuados por la policía.  Tras ser evacuados, y no antes de entrar en el cine, que es lo que parece dada su actitud tranquila -o lo poco que la baja definición deja entrever- como si no tuvieran constancia alguna de lo acontecido.  Estreno sangriento en Denver, leemos en el titular.  Un perturbado ha entrado en una sala de cine y se ha liado a tiros.  Hay 12 muertos sobre la mesa.  Un suceso tan dramático merece una fotografía a la altura de su tragedia, o si esto resulta imposible, al menos que se aproxime un poco.  ¿No disponían de ella?  En ese caso, podrían haberse ahorrado el ridículo.  Con la imagen del sospechoso es suficiente.  Los editores gráficos de ‘El Mundo’ bien podrían haber elegido una foto de brokers cabizbajos en la Bolsa de Madrid para ilustrar el desplome de la bolsa y la histórica subida de la prima de riesgo.  ¿Que es sábado y la bolsa cierra?  Con la correctísima foto de García-Margallo incluida en la página 29 sería suficiente.  O puestos a imaginar, alguna foto sobre el caso de Publio Cordón.  Los responsables del diario tenían multitud de opciones, pero al parecer la premisa era poner en primera plana la matanza de Denver, darle una gran notoriedad, aun a riesgo de hacer algo impresentable en el apartado gráfico.  Lo curioso del tema es que disponían de fotos mejores sobre el mismo suceso.  Están incluidas, de hecho, en las páginas 20 y 21.  La de la página 20, aun estando cortada por el mismo patrón y ser muy floja, resulta mejor que la de portada, y refleja un sentido de preocupación porque en ella aparecen unos agentes de policía.  En la 21 aparece una bella escena firmada como B. Gutiérrez (Pie de foto: Uno de los jóvenes que estaba en el estreno abraza a la madre de una de las víctimas, ayer, en Denver) que contiene todo el drama, y en la que además se ve a un joven en segundo plano con una camiseta de Batman.  Me cuesta pensar que la única razón por la que esta instantánea no fuera la elegida haya sido su formato, cuadrado, frente a la de portada, casi panorámica.

Me pone muy furo ver qué declive está sufriendo la edición gráfica en nuestros periódicos.  Ya la semana pasada, también el sábado, descubrí una foto de una calidad ínfima en las páginas de ‘El Mundo’.  En ella aparecía la Delegada del Gobierno en Madrid siendo increpada por unos jóvenes en la calle.  No quise decir nada porque bastante cera le metí al diario de Pedro J. al hilo de las declaraciones de una de sus colaboradoras, Cristina Fallarás, pero no me podía callar lo de ayer.  No se trata de un mal exclusivo de este rotativo, sino que lamentablemente es compartido con buena parte de los medios.  En algunos de ellos se emplean fotos enviadas por gente que las cede gratuitamente, en otros, los directivos tratan de imponer a la fuerza la figura del reportero-orquesta, ese que va a las ruedas de prensa, toma notas y hace la fotografía para encargarse de todo el trabajo que requiere la noticia, a lo 360 grados.  No creo que haya que rechazar esa idea por sistema.  Grandes nombres del reporterismo, como Enrique Meneses, han sabido combinar ambas facetas no sin dificultad, pero con excelentes resultados.  La cuestión es qué formación se les da a esos redactores, de qué equipo se les dota (porque con una compacta de tres al cuarto no es suficiente) y de cuánto tiempo disponen para hacer su trabajo.  Hay que ser polivalente, sí, pero ello requiere de una serie de condiciones que los medios a duras penas están dispuestos a ofrecer.

Lo decía el otro día Gervasio Sánchez, precisamente en declaraciones a elmundo.es:

Desde que comenzó, el oficio ha sufrido algunas transformaciones. Se ha pasado de los carretes a las tarjetas de memoria. De captar el instante con dispositivos manuales a digitales. Y en que los medios de comunicación publiquen una instantánea a cuatro columnas de imágenes que hace una década se hubieran tirado a la basura, relata.

Lo deja bien clarito, y no es el único tótem de la profesión que se expresa en el mismo sentido.  Transcurrida una década de crisis mediática y de claridad, da la impresión de que la edición gráfica parece el eslabón débil de la cadena, una especie de apéndice inservible fácil de amputar, que en definitiva solo sirve para hacer bonito.  Me cuesta teorizar sobre la importancia de una buena foto para acompañar una noticia, pero tengo la convicción de que es así.  Una foto aporta un gran valor.  Probablemente haga falta que la edición gráfica pase a la historia para que algunos se den cuenta de su importancia, pero entonces ya será demasiado tarde.

No todo iban a ser crónicas sobre matanzas y sobre la muerte de la edición gráfica en torno a ‘El Mundo’ de ayer.  En la sección de Cultura encontramos una página dedicada a los Encuentros de Arlés, evento internacional de fotoperiodismo al que asiste un redactor del periódico.  Solo falta que en ‘El Mundo’ se apliquen el cuento y apoyen la fotografía desde dentro.

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