LA TRISTE HISTORIA DE PUBLIO CORDÓN

El triste caso de Publio Cordón merece, cuanto menos, un libro a lo ‘Cien Años de Soledad’ y una trilogía a lo ‘El Padrino’.  Pido a Telecinco que se guarde las ganas de hacer un telefilme.  A todas luces desaprovecharían la historia, deshonrarían la memoria de la víctima.  Que sigan repitiendo capítulos de ‘La que se avecina’, con eso me conformo.  Ando falto de referencias culturales, pero si mal no recuerdo había alguna película o libro basado en la misma idea que podría resumir lo acontecido al malogrado empresario.

Por ponernos en situación: Publio Cordón era un reconocido empresario y vecino de esta urbe aciaga, Zaragoza, más conocida como La Ciudad del Viento.  Aquí fundó y presidió la aseguradora PREVIASA, que más tarde pasó a manos de la alemana DKV.  Su secuestro, el 27 de junio de 1995 (día de la Virgen del Socorro, patrona de los seguros) provocó una enorme conmoción social.  Yo entonces era un crío (¿acaso no lo sigo siendo?) pero aún recuerdo el interés que despertó el suceso entre mis conciudadanos, así como el enorme cartel que desde una fachada del centro pedía la liberación de un hombre inocente como el que más.  A Publio Cordón le tocó, tuvo esa desgracia.  Su nombre  aparecía en algunos documentos incautados a ETA, pero la mala suerte le vino por otro lado.  Los GRAPO tenían en Zaragoza una de sus bases de operaciones y se fijaron en él.  El Grupo Revolucionario Antifascista Primero de Octubre había comenzado como un grupúsculo armado de extrema izquierda, pero su acervo ideológico se diluyó con los años y pasó a ser una banda que extorsionaba, atracaba, secuestraba y mataba con el único fin de burlar la cárcel y el hambre.  Una mañana como otra cualquiera el señor Cordón estaba corriendo por un extremo de mi barrio, a lo largo del Canal Imperial de Aragón, cuando unos desconocidos se aproximaron a él, le introdujeron a la fuerza en un vehículo y se lo llevaron a Francia.

Así fue como el zaragozano desapareció de la circulación.  Días después los terroristas se atribuyeron la autoría del secuestro.  No obstante, a medida que pasaban los meses crecían las especulaciones que apuntaban a una huida.  Cordón se ha fugado, o ha sido liberado, decían, y ha decidido no volver a aparecer por aquí.  Hubo mucho ruido mediático al respecto, pero seguía sin esclarecerse un solo extremo del crimen.  La familia Cordón-Muro acusó al Gobierno de negarles el apoyo que necesitaban.  Echaron en falta, afirman, ese respaldarazo que acallara los rumores.  Sugieren que el caso perjudicaba al Ejecutivo de Felipe González.  En esos años de plomo, cuando el frente abierto contra ETA se cobraba sus propios mártires, un secuestro perpetrado por una banda de extrema izquierda no hacía sino complicar aún más el escenario.  Por cierto: el ministro de Justicia e Interior de aquella época era Juan Alberto Belloch, hoy alcalde de Zaragoza.

En estos últimos diecisiete años la familia de la víctima ha sufrido lo indecible.  Juicios que, a lo mejor, llevaban a revelaciones cogidas con pinzas, y a lo peor, a pistas falsas que no hicieron sino complicar la investigación.  A día de hoy se desconoce dónde está el cadáver, que un miembro del GRAPO asegura haber enterrado en una zona muy concreta de la Provenza.  A pesar de las últimas detenciones hechas públicas este jueves aún no está del todo claro cómo se desarrollaron los hechos.  La investigación, no obstante, no deja mucho lugar para las dudas.  El rehén fue retenido durante dos semanas en una casa de Lyon.  Un buen día logró soltar la cadena que le mantenía en un zulo-armario y, en su intento por huir, se precipitó desde el segundo piso del inmueble.  Publio Cordón no murió asesinado, no murió enfermo y desesperanzado después de un largo cautiverio, como el que sí sufrió José Ortega Lara.  Publio Cordón se cayó desde una ventana y resultó severamente herido.  Historia de un secuestro y de una defenestración.  A ello me refería cuando hablaba de la idea del caso.  En el súmmum de la tragedia, cuando parece que nada puede ir a peor, ocurre un accidente fortuito, uno de esos que depende de la gravedad o de algún factor igualmente incontrolable.  Apoyó mal un pie en el alféizar y se precipitó al suelo.  End of the story. 

O no.  Resulta cuanto menos perverso concluir la historia con un accidente fatal, habiendo tantas alimañas alrededor, como confabulando para que la desgracia se cerniera sobre un alma inocente.  Los captores, no contentos con todo el daño que ya habían infligido, y lejos de llevar a la víctima al hospital para que fuera atendido, decidieron simular que esta seguía viva para cobrar el millonario rescate.  Se embolsaron 400 millones de pesetas reunidos por los familiares y anunciaron la inminente liberación del empresario, una liberación que nunca llegó y que ha tenido a la familia en una insufrible espera durante todo este tiempo.

Hay que ser mal nacido, miserable, inhumano, para secuestrar a una persona.  Para todo lo demás, para el dolor ocasionado al respetable señor Publio Cordón y su familia, no hay calificativo alguno.  No se han inventado las palabras.  La RAE debería hacer alguna revisión del léxico castellano una vez se ha esclarecido la investigación.

Y desde este humilde rincón de la blogosfera, todo mi ánimo a la familia de Publio Cordón.  Especialmente a Pilar Muro y a sus hijas.

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