RABIA Y MIEDO: EL FLACO FAVOR DE LOS MEDIOS A LA LUCHA CONTRA EL MACHISMO

Diario ‘El Mundo’, sábado 14 de julio de 2012.  En la página 44, dentro de la sección de Cultura, leo este titular:

Cristina Fallarás, la primera señora Hammett.

En alusión a la escritora y colaboradora de ‘El Mundo’ Cristina Fallarás, que ha ganado el premio de novela concedido por los escritores que participan en la Semana Negra de Gijón.  Resulta que es la primera vez que una mujer recibe este reconocimiento, y como tal se destaca en el titular, porque aquí, a fin de cuentas, parece que lo más relevante no es el contenido de la novela ganadora (‘Las niñas perdidas’) o nada puramente literario, sino el hecho de que una mujer haya conseguido lo que nunca antes había logrado otra.  Pero esta cantinela ya nos la conocemos, ya estamos curados de espanto.  Sigo leyendo:

“Escribí la novela embarazada, cuando supe que esperaba una niña.  Yo ya tenía un niño y todo había ido bien, pero, al saber que mi hija iba a ser mujer, sentí rabia y miedo.  Pensé que no quería tener una niña, que viviera los malos tratos, los acosos sexuales, los jefes que te tocan”.

(Los jefes que te tocan…  Yo en esto he tenido suerte, pero a muchos les ha tocado tener cada jefe por ahí…).

Por darle un poco de bombo, ya que critico a su autora: ‘Las niñas perdidas’ relata la investigación de una detective, Victoria González, “que se encuentra con el caso de tres hermanas raptadas, violadas, asesinadas y descuartizadas”.  “La trama más bestia que fui capaz de inventar”, admite la escritora.

Supongo (espero, quiero pensar) que el shock inicial de engendrar una niña le duró más bien poco, pero el simple hecho de que concebir una hija pueda parecerle a alguien un motivo de “rabia y miedo” (sic) me parece lo suficientemente peliagudo.  Y yo me pregunto: ¿Hay verdaderamente razones para la rabia y el miedo?

Creo que no.  Creo que, sencillamente, estamos perdiendo la perspectiva.  Y culpo en buena parte a los medios.  Ayer fue la escritora Cristina Fallarás, a través de unas declaraciones que a mi entender deberían resultar incendiarias aunque no vayan a tener repercusión alguna, y recogidas por un periódico de tirada nacional, pero conozco a muchas personas que mantienen la misma postura, tanto hombres como mujeres.  Gente que deduce, a años vista, que sus hijas se quedarán preñadas sin pretenderlo, que cobrarán salarios bajos y que necesitarán estar protegidas de por vida.  Así, con esa mentalidad tan machista, son educadas muchas niñas en nuestro país.  Cuántas niñas son educadas bajo el principio de la dependencia, y no el de la independencia.  El pensamiento retrógrado de esos hombres y mujeres son los que mantienen vivo el machismo en nuestra sociedad.  Como si más de un siglo de lucha feminista, de equiparación de derechos y de conciliación de la vida laboral y familiar no hubieran servido para nada.  Son ellos y ellas, sin pretenderlo, los que perpetúan las razones para la preocupación.

Ahí la situación es mucho más dramática que aquí.  En China no son pocas las parejas que abandonan a sus hijas a su suerte.  Los orfanatos están llenos de niñas sobreviviendo en penosas condiciones.  Es un auténtico drama, en un país donde verdaderamente se estigmatiza a la mujer por el simple hecho de existir.  En Expaña, que no nos vendan la moto, la situación está a años luz.  En Expaña no encuentro razones para lamentar la concepción de una niña en lugar de un niño.

Cristina Fallarás conoce en boca de su ginecólogo que va a tener un hijo y no piensa: qué mala suerte.  Un ser más en este mundo despiadado, a merced de los hombres malos.  Sufrirá bullying en el patio del recreo.  Tampoco piensa: tal y como están las cosas, es probable que no pueda tomar las riendas de su carrera profesional.  Vivirá privado de la capacidad de elegir.  Quizás no sea capaz ni de gobernar su propia vida.  Crecerá en una ciudad contaminada, y quién me garantiza a mí que no será una de las miles de personas que cada año mueren en España a consecuencia de males relacionados con la contaminación.  No se le ocurre pensar: si es varón, y no mujer, más hostias se llevará en las calles cuando ronde la quincena.  No piensa: y cuando estalle la guerra, él estará en primera línea de frente.  Mi hijo, quizás, muera sin tener siquiera dónde caerse muerto.

Que las mujeres se enfrenten a peligros potenciales, como el acoso sexual, es una cosa.  Cosa bien distinta es deducir que a lo largo de su vida la mujer sufre más que el hombre, así, sin concesiones, casi por definición.  De nuevo, que no nos vendan la moto.  Dramas hay para dar y tomar en estas tierras del señor, y salpican tanto a unos como a unas, aunque sea de manera asimétrica.

¿Por qué se subrayan tanto y por ese nombre los riesgos de ser mujer?  Por supuesto, no hay excusa para no destinar todos los medios posibles a eliminar esos riesgos, véase el maltrato en el hogar, pero considero que con la obsesión de reducir dichos riesgos a una cuestión de sexo (que no de género, término empleado en gramática para referirse a la voz que designa a la persona del sexo femenino o masculino) estamos perdiendo energías en los intentos por acabar con esas lacras, que en muchas ocasiones responden a problemas de agresividad y dominación, sexos al margen.  Se habla mucho de las mujeres que mueren a manos de sus parejas.  Se les pone número, sobre todo a final de año, como el número a los accidentes de tráfico.  Se habla muy poco, en cambio, de los niños que mueren a manos de sus padres (padres y madres), de los que son abandonados, arrojados al contenedor.  Se habla infinitas veces menos del maltrato a las personas mayores.  No se habla prácticamente nada de los hombres maltratados por sus parejas.  Lo explicaré de otra forma: se habla de todos y cada uno de esos casos, dado el éxito que las noticias de sucesos tienen en la parrilla televisiva, pero no se les pone número, no se señalan con el dedo, no se cosifican.  Aquí la madre de todos los malos tratos son los que sufre la mujer.  El resto queda disperso en un reguero incesante de notas de prensa que no hacen sino revelar una obviedad, que la sociedad está cargada de odio, rabia, celos y violencia. 

Hace años como por arte de birlibirloque se dirigió el foco al acoso que sufren muchos niños en las aulas.  Nunca es tarde si la dicha es buena, pero hablamos de un mal que sufrieron en silencio muchos menores durante décadas, que se ha llevado vidas por delante -la de niños que saltaron al vacío (literal)- y que ha hundido otras muchas, las de personas hoy adultas que tratan de sobreponerse a traumas a los que es mejor no asomarse.  Recientemente se han puesto farrucos con las novatadas en los colegios mayores.  Cuando a la judicatura le dé por investigar en serio las miles de denuncias en el cajón sobre malos tratos en centros de retención de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad esto ya será la repanocha.  Igual entonces Amnistía Internacional y el Relator Especial de la ONU dejan de ponernos a caldo.

Que me voy del tema.

La desquiciante manía de distinguir entre hombres y mujeres hace un flaco favor a la lucha por la igualdad.  No me despego del contenido publicado ayer por ‘El Mundo’.  Era sábado, y tocaba ‘Yo Dona’, suplemento para la mujer.  Me parece estupendo que haya revistas dedicadas a las mujeres, de igual modo que las hay destinadas a hombres.

En estas últimas siempre hay una mujer de buen ver en la portada.  Sexismo, dirán algunos, emplean a las mujeres como objeto sexual.  El sexo vende y gusta, y por tanto no encuentro incorrecto que algunas de las páginas sean de contenido erótico.  El empleo del sexo llega a extremos reprobables cuando se instrumentaliza, cuando una cadena de televisión emplea ese mismo polo de atracción, tan poderoso, para ganar audiencia en sus informativos, por ejemplo.  Dichas publicaciones también contienen artículos sobre tecnología, motor, deportes…

Las revistas orientadas a un público femenino hablan de moda, maquillaje, cocina… y muchas también destacan, por encima de todo lo demás, a las mujeres como colectivo social.  Como si en realidad fueran miembros de una asociación o algo así.  Mujeres superándose para emanciparse de los hombres, viene a ser el mensaje.  En el ‘Yo Dona’ de ayer, un encabezamiento que no tiene desperdicio:

Mujeres que salvan a mujeres de la hembra del mosquito anopheles.

En otros medios encontramos igualmente iniciativas protagonizadas exclusivamente por mujeres.  Ser hombre resulta un lastre para, sin ir más lejos, escribir en el blog Ellas, del portal de El Mundo.  Se trata del blog en el que escribe la propia Fallarás junto a Alaska, Rosa Regás, Lucía Méndez y Cayetana Guillén Cuervo entre otras.

Desde luego estamos ante un tema que da mucho de sí, encorsetado por lo que se entiende que es políticamente correcto y por tanto muy dado a suspicacias.  Mi mente, en cambio, está ahora mismo controlada por dos conceptos.

“Rabia y miedo”.

Cada vez que me junto con una de estas personas atenazadas por el pánico de concebir a una hija pienso en una mujer que bien sirve de paradigma.  Una mujer que tiene a media Europa comiendo de su mano y a la otra media conspirando para derrocarla y frustrada por no saber ni el cómo.  Entonces son otras dos palabras las que me vienen a la mente:

Angela Merkel.

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4 respuestas a RABIA Y MIEDO: EL FLACO FAVOR DE LOS MEDIOS A LA LUCHA CONTRA EL MACHISMO

  1. Jacobo dijo:

    No creo que se haya llegado al final del camino en este tema. Las mujeres, por motivos no subsanados, en algún momento se encuentran más desamparadas que los hombres. Claro que las crónicas de sucesos no se basan sólo en parejas asesinando mujeres pero este violencia debe ser combatida como se está haciendo hasta que ya sea algo resiudal y no algo que la sociedad demande. En muchos aspectos la sociedad sigue siendo machista. Paseate cualquier sábado por la noche por los garitos cutres y evalua la actuación de todos esos machitos patéticos creyendo que su única función en la vida es fornicar con el mayor número posible de mujeres y que el papel de ellas es dejarse hacer. Sinceramente, James Bond a su lado es un adalid del feminismo. Yo entiendo el afán protector de los padres por sus hijas. Especialmente el padre ya que conoce como son los hombres y sabe que simplemente van a querer usar a su hija como un ingreso más en su histograma de conquistas. Y como seguramente el hizo eso de joven, no quiere que su hija sea tratada de igual forma que él trató a otras mujeres.

    Finalmente, eso no quita que sinceramente me parece ridículo decir que por todo esto no quiera tener una hija. Me haría gracia si prefiriera tener un niño porque le gustan más que las niñas. Pero decir que es porque va a sufrir más es tonteria. Los hombres tambén sufrimos muchas veces.

    • fenrisolo dijo:

      Comprendo que los padres protejan de un modo particular a las hijas puesto que existen peligros particulares, pero de ahí a pretender que se encuentren siempre bajo su halo protector hay un trecho largo. En todo caso las personas deben ser educadas para que sean independientes y luchen por lo que quieren, dejando atrás una estructura patriarcal que es machista por naturaleza.

      • Jacobo dijo:

        Todo esto entra dentro de un debate muy general acerca de la familia. Criticamos también el hecho de que la familia en España, en general, ayude a sus miembros cuando estos se encuentran en el paro o nos volvemos todos ultraliberales. Yo se que hay un problema en el comportamiento de los hombres en general, así que alguien deberá proteger. Yo suelo ser un partidario del Estado, pero cualquier ayuda es buena. Lo que hay que evitar es la paranoia y evitar ser supercotrolador. Para declarar la igualdad universal esta debe existir, no se puede proclamar si no existe, al igual que la Democracia.

  2. Pingback: –(* Www.TenemoelSonidO.Net *)– – Mujer queda embarazada por la boca

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