SÉBASTIEN TELLIER SABE CÓMO HACER EL AMOR CON LAS MENTES

Me seducen las mentes, me seduce la inteligencia, me seduce una cara y un cuerpo cuando veo que hay una mente que lo mueve y que vale la pena conocer.

Conocer, poseer, dominar, admirar.  La mente, Hache.

Yo hago el amor con las mentes, hay que follarse a las mentes.

Eusebio Poncela es tan buen actor que no se merece ganar el Goya.  Se merece algo mejor.  Le sucede lo mismo que a Marlon Brando.  Él tampoco merecía un Óscar.  Merecía renunciar al mismo, mandar en su nombre a una indígena apache y mostrar así su rechazo al establishment Hollywoodiense por el tratamiento que éste dispensaba a los pueblos nativos norteamericanos.  Si Poncela recibiera el Goya dentro de dos años muchos entenderían que el establishment del artisteo patrio pretende convertirle en uno de los suyos, en uno más entre tanto maniquí.  Por mí, que no se lo den nunca, que sigan ninguneándole porque sus seguidores lo queremos tal como es, fuera del escaparate.

El máximo exponente de Eusebio Poncela en la gran pantalla (aún no me ha llegado el momento, pero no moriré sin verle en teatro) lo encontramos en Martín Hache, donde interpreta a Dante, un actor pasado de rosca convencido de su propio concepto de la libertad, y consecuente con él.  Poncela nos enseñó en Martín Hache que hay que follar con las mentes.  No somos pocos los que recogimos su guante, convencidos como estamos de que el erotismo reside sobre todo en algún área del intelecto aún por explorar.

No creo que Sebastien Tellier haya tenido ocasión de ver Martín Hache, pero parece tan convencido de las palabras de Dante como cualquiera de nosotros.  Le cortas el pelo, le afeitas la barba y hasta se da un aire al actor madrileño, con quien comparte la profundidad de la mirada, la actitud de estar de vuelta de todo.  El cantante galo ha tomado la sensualidad del malogrado Serge Gainsbourg y la ha encumbrado sobre décadas de pop y electro-boogie.  Hay un fino sentido de lo erótico que va desde el primer Italo y recorre transversalmente los géneros que nacieron de éste, hasta llegar al electropop que hoy se nos presenta en infinitas ramificaciones.

Tellier se mueve en esos términos, muy próximo a su compatriota Kavinsky, pero va a lo suyo.  Lo supimos enseguida.  Corría el año 2008 y la bestia negra del pop francés recibió el cometido de representar a su país en el festival de Eurovisión.  Nosotros íbamos con el ‘Chiki-chiki’, ellos con ‘Divine’, y aún así quedaron en 47ª posición, por detrás incluso que Expaña.  Tellier entró en el escenario al volante de un coche diminuto y respaldado por unas coristas disfrazadas de él mismo, barba y gafas de sol incluidas.  Su sentido del humor y la calidad de su música no dejaron indiferente a nadie.  Esa inolvidable intervención en el festival de la canción más casposo de la galaxia sirvió para dos cosas.  Por un lado, y ante su escaso éxito, dejó a las claras el nivelón musical de un evento que cada vez más sirve para que una noche al año los países del este de Europa se crean la repanocha frente a los del oeste.  Por otro, gracias a aquella edición fuimos muchos al sur de los Pirineos los que descubrimos el pop elegante de Tellier, quien tras aquella lejana gala en Belgrado siguió con su gira como si nada, a tope. 

Desde su tercer disco, Sexuality, le sigo la pista.  Además de ‘Divine’ encontramos temas delicados como ‘Roche’ y ‘Fingers of Steel’, el cual recuerda al mejor Italo con un ritmo repetitivo que ojalá no acabara nunca.  ‘L’Amour et  La Violence’ comienza en una delicia de piano para ipso facto acelerarse sin mesura y poco después evaporarse como una nube.  Boys Noize, que nunca tiene suficiente, la lleva por otros derroteros en esta versión.  El cantante parisino dirige la orquesta con la mente, de acuerdo, pero todas las partes de su cuerpo le siguen al unísono.  Así se explican vídeos como los de ‘Kilometer’ y ‘Look’, cargados de provocación.  Sexuality es, en suma, una bomba sexual, producida ni más ni menos que por Guy-Manuel de Home Christo, cincuenta por ciento de Daft Punk.

Don Omar folla con la polla.  Sébastien Tellier folla con la mente.

Qué es de un cuerpo sin una mente que lo mueva y que valga la pena conocer.  Por qué no nos basta con animadoras siliconadas para generar feromonas.  Quizá todo se debe a la misma razón por la que nos pone el electropop de Tellier.  Quizá ya estamos buscando algo detrás del bosón de Higgs.  Materia oscura.

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