VA A HABER DETENCIONES

Trabajaba en la sede central de una agencia de noticias.  Entraba a las doce de la noche y no salía hasta las ocho de la mañana.  Mi trabajo estaba limitado, pues, a dar forma a teletipos llegados del extranjero, copiar noticias de la red y hacerme cargo de las emergencias propias del horario nocturno, hostias monumentales en moto a las mil de la madrugada, cosas así.  A veces, también había detenciones de presuntos terroristas, de ETA, en Euskal Herria y cerca de ella, en Francia o España.  Cuando esto pasaba (mejor dicho, cuando iba a pasar) alguien desde una mesa próxima venía y me revelaba a media voz: Va a haber detenciones.

Va a haber detenciones.  Yo era el último en una larga cadena de juntaletras, chivatos, agentes de seguridad y Dios sabe quiénes más.  No era sino el eslabón más insignificante en un sistema que deglutía informaciones de última hora y favores por recompensar.  Me encargaba de lo más elemental, como poner fechas, revisar errores ortográficos y hacer breves consultas en Internet.  Y sabía que iba a haber detenciones con varias horas de antelación.  A veces cuando llegaba a la oficina el texto ya estaba escrito, a la espera de contrastar ciertos extremos y de completar espacios en blanco.

Mientras un sospechoso de terrorismo dormía plácidamente en su apartamento de Hendaya, los agentes que iban a detenerle hacían tiempo en un furgón aparcado próximo al domicilio y los periodistas esperaban impacientes una llamada.  Era su momento.  El mecanismo convencional se activaba automáticamente y el sistema se ponía en marcha sin sobresaltos.  Parecía que las cartas estaban marcadas porque había mucho en juego.  Jo-der, si lo había.  No solo estaba en juego la seguridad del Estado, sino mucho dinero, porque la información, no hace falta que lo diga, vale una pasta gansa.  Luego nos querrán convencer de que el sector de los medios hace aguas, que ya nadie paga por estar informado y bla, bla, bla… pero créanme, siempre habrá revelaciones enormemente importantes que valgan su peso en oro.

Eran las cuatro de la noche.  Expaña dormía, sus terroristas incluidos.  Faltaban horas para que hasta el Gobierno despertara.  Las noticias sobre el resto del mundo que enviaba al servicio de la agencia parecían caer en saco roto.  Catastrófico accidente de bus por aquí, tira y afloja entre tribus por allá.  Pasaban cosas, sí, pero en Expaña nadie ponía oreja porque no eran horas.  Sin embargo, cuando la consabida máquina empezaba a funcionar mi pulso cardiaco se aceleraba.  Dominaba entonces una máxima con rango de ley: Maricón el último.  Llegar al boletín radiofónico de las cinco se convertía en cuestión de vida o muerte.  Había que hacerlo así de rápido porque, ya se sabe, la información tiene que correr rauda como si estuviera dentro del Gran Colisionador de Hadrones.  Si no, no sirve para nada.  Los camioneros que combaten el sueño escuchando la radio tardarían una hora más en enterarse de que unos jóvenes, sospechosos de colaborar con ETA, han sido detenidos en un remoto pueblo del norte de Navarra.  Eso sería imperdonable ¿para qué si no, disponemos hoy de tanta tecnología?

Ironías al margen, ante tanta aceleración de partículas a mí siempre me asaltaba la misma duda: Por qué.

Por qué a las pokas cuatro de la madrugada hay que trabajar con un petardo en el trasero.  Por qué prima la máxima de darlo antes y no la de darlo mejor.  Ya lo dijo Gabriel García Márquez, ese gran periodista: La primicia no es la que se da primero sino la que se da mejor.  No fueron pocos los que se aventuraban a responder mi pregunta, pero todas y cada una de sus respuestas se basaban en el interés económico de la empresa.  Del interés del público, ni rastro.  Había que dar las noticias cuanto antes porque, sencillamente, corríamos el riesgo de que la agencia rival se nos adelantara, llevándose el mérito.  Había que colocar nuestra firma sobre un párrafo con información exclusiva y destacar ésta por una cuestión económica y de imagen.

Ello era posible gracias a confidentes a los que había que mimar.  Con el paso de los meses fui descubriendo lo importante que era respetar esa cadena de informantes, así como resaltar en el titular el cuerpo de seguridad responsable de la operación.  Ellos, a su manera, también se hacían publicidad con todo esto.  Las detenciones de sospechosos eran en sí mismas una buena noticia, sobre todo cuando se demostraba que finalmente dichos sospechosos habían cometido delitos (otras muchas veces eran puestos en libertad sin cargos, si bien los medios apenas se hacían eco, pero eso es otra historia).  Al mismo tiempo, una detención también era una suerte de operación de marketing en la que cuerpos de seguridad y medios de comunicación ponían su nombre en primera plana.  Esa es la razón por la que entre ambos prima una relación de simbiosis que atiende a su propio código.

La verdad es que tengo mucha imaginación, y muchas veces me lleva por lúgubres caminos de cuyo destino a duras penas me desembarazo.  Imagino que habría pasado, si en un arrebato de locura, uno de mis compañeros o yo mismo hubiéramos enviado una noticia que hubiera perjudicado de plano a las fuerzas de seguridad.  Qué pasaría si le damos más cobertura de la cuenta a las denuncias de torturas -en este horizonte, afortunadamente, se está avanzando-, o sin ir más lejos a la cantidad de veces que los detenidos son puestos en libertad sin cargos.  Cómo se habrían tomado policías, guardias civiles y ertzainas que desde la agencia se hubieran entablado contactos en el submundo de la izquierda abertzale.  Aquí no hace falta demasiada imaginación: las relaciones con ellos habrían pasado a ser muy distintas.

En un estado de las cosas normal, en un entorno de trabajo ideal en los medios, uno contaría con informantes en ambos lados, pero la situación queda lejos de estar normalizada.  Aquí hay que posicionarse.  Por tanto, el juntaletras pierde perspectiva, se ve abocado a informar de unos y no de otros, o de informar asimétricamente.

Es una humilde opinión.  Esas ansias por dar las noticias cuanto antes tiene sentido en la información económica, pues cubre un mercado de compra-venta muy competitivo en el que la gente se juega los cuartos.  En el resto de los casos pienso que la rapidez está sobreestimada.  Las prisas solo sirven para hacer las cosas peor y (con lo expuesto arriba creo que lo explico razonablemente bien) para venderse al mejor postor.  Hoy la actualidad se mide por segundos, pero la calidad se sigue viendo con el transcurso de los días.

Me acuerdo de todo esto ahora, casi un año después de haber abandonado aquel empleo, porque ya ni el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, es capaz de guardar las formas.  Poco antes de la detención de Juan María Mujika, acusado de participar en un plan para atentar contra el ex presidente Aznar, adelanta a Luis del Olmo en su programa de ABC-Punto Radio que va a haber “una buena noticia”, y sugiere que se trata de un arresto.  “El ministro, por razones obvias, ha de ser prudente”, admite el propio Fernández Díaz a Del Olmo, convencido de su inexistente capacidad para dosificar la información.

El ministro peca de imprudente e inexperto, pero su error se limita a dejarse llevar por esa vorágine de las primicias con tal de apuntarse un tanto y quedar bien en una entrevista.  Tan interiorizado tiene el mecanismo que ya opta por no ocultarlo y se adelanta a los acontecimientos.  Parece pensar: este tanto no se lo apunta la prensa ni mis agentes; este tanto me lo apunto yo.  Afortunadamente se ha llevado el correspondiente rapapolvo por parte de los policías, que a través del sindicato SUP -en palabras recogidas por El País– apuntan a que lo que ha hecho el ministro es “objetivamente, un chivatazo a ETA”.  A su vez nuestros agentes han recibido el desconcierto de sus homólogos franceses.

El código al que antes hacía mención establece lógicamente que no tienen que producirse más chivatazos de los previstos, y que todos los partícipes deben guardar las formas.  No recuerdo muy bien los detalles, pero hace años los medios españoles se animaron y enviaron a sus equipos al domicilio francés de un fugitivo que iba a ser detenido.  El sospechoso bajó a sacar la basura, descubrió a los cámaras ante su portal y huyó, seguramente un tanto estupefacto.  El suceso provocó un comprensible malestar en la Gendarmería, que vio su operativo fallido por culpa de la indiscreción de policías y periodistas españoles, y así se lo hizo saber el Gobierno galo al español.

Historias para no dormir.

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5 respuestas a VA A HABER DETENCIONES

  1. Jacobo dijo:

    ¿Lo de Euskal Herria y cerca de ella, Francia y España, es a propósito? Porque actualmente los territorios que se dice conforman Euskal Herria, pertenecen a España y Francia. Los electrones no corren en el bosón de HIggs.

    • fenrisolo dijo:

      Gracias por el matiz sobre el bosón de Higgs. Corrijo y espero impaciente una extensa explicación por tu parte sobre en qué consiste.

      • Jacobo dijo:

        Jajja, tampoco era para tanto. Puedes poner, corren los protones en el LHC

  2. Aragorn, hijo de Arathorn, 16º Heredero de Isildur en línea directa con los Reyes Dunedain del Norte dijo:

    Me ha encantado tio, un saludo y ya te haré una llamadita 😉

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