SUPERCONSUMO Y SUPERPOBLACIÓN

Me entero a través de El País de que una prestigiosa comunidad científica ha publicado un documento en el que emplaza a tener en cuenta los factores de población y consumo en las políticas sobre reducción de la pobreza, desarrollo económico, gobernanza global, educación, sanidad, igualdad de género, biodiversidad y ambiente, ahí es nada.  Y yo me pregunto: ¿Quiere decir esto que hasta ahora no se tenían en cuenta esos dos cruciales factores?  ¿Tan retrasados estamos en la materia?

Ya es una perogrullada decir que los niveles de población y consumo son en muchas ocasiones causa de los males ambientales de la Tierra.  Ambos elementos están íntimamente ligados.  Sin salir de casa, un norteamericano o un europeo medio puede consumir varias veces más que un africano, o que un conciudadano norteamericano o europeo con un nivel de vida más bajo.  Hace tiempo vi un programa de El Escarabajo Verde donde se planteaba precisamente esta relación inquebrantable y se planteaba la superpoblación como una cuestión también de ética.

En un lugar como Inglaterra -y a juro ocurre en otras regiones densamente pobladas- llevan años preguntándose hasta cuándo podrán seguir creciendo.  Inglaterra está cerca de convertirse en un gran suburbio, en el que los parajes naturales serán una anécdota, unos parques grandes entre ciudad y ciudad.  La población total de Reino Unido –con la mitad de extensión que España- es hoy de unos 62 millones de habitantes.  Cuando apenas eran 52 ya vivían instalados en la misma pregunta, y cuando sean 72 aún no habrán encontrado respuesta.  El discurso es que se acaba el agua, que es necesario encontrar fuentes limpias de energía y consumar la transición al coche eléctrico.  Todo eso está muy bien, pero con frecuencia se esconde el hecho de que si ejercemos un consumo responsable habrá sitio para todos.

Los expertos de la Global Network of Science Academies -IAP- advierten de que “los actuales patrones de consumo, especialmente en los países con altos ingresos, están erosionando la riqueza natural del planeta a niveles que dañan gravemente los intereses de generaciones futuras”.  Entre otras cosas, piden reducir ese consumo, una propuesta que colinda con otra que empieza a abrirse camino en los foros de ecología: el decrecimiento, a saber, en vez de ir para arriba, ir para abajo, pero de forma ordenada.  Una manera de alargar la disponibilidad de los recursos naturales y no traumatizar a una sociedad global que cada vez es más grande, que pide más y más, y que tiene menos y menos.

Durante las últimas décadas Occidente ha disfrutado de un crecimiento sin cortapisas ni consideración alguna.  Recordemos la época del ‘Baby Boom’ y cómo la capacidad de consumo de los españoles se ha multiplicado con los años.  Ahora nos encontramos en algo así como una encrucijada.  Con 7.000 millones de habitantes y en un mundo de desigualdades las primeras alarmas empiezan a saltar.  Se trata a todas luces de una dinámica insostenible y que por tanto hace falta revertir.  Precisamente ahora, cuando el crecimiento natural de Occidente se detiene mientras el del resto del mundo continúa imparable.  Imparable en un África donde las políticas de planificación familiar se miden más por ausencias que por éxitos.  Imparable en una América Latina desbordante de agua, territorios y recursos naturales.  Imparable en India, en una China cuya política del ‘hijo único’ ha sido una auténtica tortura para muchas familias pobres y ha dejado a las niñas en una situación muy comprometida (hoy conocíamos otro escalofriante ejemplo).  ¿Quién le pone el cascabel al gato?  Después de la juerga de crecimiento que nos hemos corrido por estos lares, cuando estamos con el resacón, quién se acerca a las emergentes, con China a la cabeza, y les pide que pisen el freno.  Ellos reclaman ahora su parte, sus décadas de auge basado en el consumo interno, las exportaciones y el desarrollo de una clase media hasta ahora inexistente.  No estamos en situación de exigirles nada porque, tampoco nos olvidemos de esto, parte de su derroche y contaminación se debe a las empresas occidentales que operan desde allí.  Será mejor que toméis aire y os apretéis el cinturón.

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