56 AÑOS

Cuando muere una persona relevante pasa algo extraño.  Entonces los años vividos y los logros obtenidos cobran protagonismo.  Se sitúan en primera fila, como las marcas de un corredor de fondo.  Muere a los 56 años después de revolucionar la informática.  Una manera telegráfica de definir a una persona que, como otra cualquiera, interactuó con el entorno, sintió, tuvo un concepto del tiempo y de la vida.  Basta con que los logros del difunto sean notorios para que los periódicos se llenen de necrológicas.  Pero siempre hay más de donde rascar.  Detrás de los titulares queda una personalidad que no siempre es descrita como se merece.  Porque para perpetuarse más allá de la muerte no hacen falta grandes logros.  A Dios gracias no somos empresas definidas por sus objetivos, sino seres modelados por nuestra actitud ante la vida.

Si hoy digo que ha muerto un genio, no pienso en quien desarrolló el sistema operativo más fiable, quien sentó las bases de los nuevos hábitos de consumo de música, quien impulsó la animación 3D y quien llenó las nuevas tecnologías de diseños depurados a la par que funcionales.  Definitivamente Steve Jobs, como empresario, cumplió con los objetivos.  Pero esa no es la razón por la que su persona ha cautivado a millones de personas en todo el mundo.  A fin de cuentas muchos de ellos somos unos legos en todo lo relacionado con la informática.  Quizá precisamente nosotros ponemos en valor de forma más afinada la razón de ser del éxito de Jobs.  Dos días después de su muerte, cuando pienso en él me acuerdo de sus sobresalientes dotes comunicativas.  Un día antes de la tragedia, la presentación del iPhone 4S resultó descafeinada -y para algunos decepcionante- en un último y coincidente ejemplo de por qué las grandes ideas, para ser grandes, deben ser verbalizadas con tino.  Él transmitía como nadie cuál era el camino a seguir.  Sin llegar a rebajarse a la altura de un vendemotos locuaz y a la sombra de la manzana mordida resumió el espíritu revolucionario, que es inherente al talento con mayúsculas.  Me viene a la mente el mítico anuncio del Macintosh, y la estela de productos que Apple ha lanzado desde entonces.

Steve Jobs no ha sido solo un comunicador notable.  Esa es la envoltura, la capacidad de convencernos de que existe una senda alternativa que, paradójicamente, ha terminado por parecer la gran autovía.  Ha sido un genio porque en su caso la fuerza de contenido siempre estuvo a la altura de su discurso.  Antes que nada, Jobs defendió un modo de comprender la vida no lineal.  Así lo supo transmitir en su ya legendario discurso de graduación de la Universidad de Stanford, el 12 de junio de 2005.  Aquel concepto casi místico de los puntos que se unen.  Ese día Jobs dio una lección magistral sobre su filosofía de vida, tan alejada de los convencionalismos.  El genio que no terminó la carrera, que empleo su tiempo en cosas aparentemente inútiles, y a quien la lotería del cáncer dio un empuje remozado para seguir viviendo, con más ganas todavía.  De Jobs hay que lamentar su muerte prematura, pero hay que celebrar su ejemplo.  En este caso 56 años son muchos años, porque han estado bien aprovechados y cada vez más sirve de ejemplo para otras personas.  La muerte es caprichosa, ya lo sabemos.  Precisamente ayer, vispera del inicio de las fiestas del Pilar, quiso llevarse al escritor zaragozano Félix Romeo.  Él es ejemplo de que 43 años también pueden ser muchos años.  Pero eso ya es otra historia.

No os dejéis atrapar por dogmas.  Es decir, vivir con los resultados del pensamiento de otras personas.  No permitáis que el ruido de las opiniones ajenas silencien vuestra propia voz interior.  Y más importante todavía: tened el valor de seguir vuestro corazón e intuición, que de alguna manera ya saben lo que realmente queréis llegar a ser.  Todo lo demás es secundario”.

Steve Jobs.

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2 respuestas a 56 AÑOS

  1. Jacobo dijo:

    Deberias ver Piratas de Silicon Valley

  2. fenrisolo dijo:

    Ok, la apunto en la lista.

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