PRIMAVERA SOUND TANGENCIAL

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Ya se sabe, que los grandes festivales siempre se transforman en una pugna en nuestro fuero interno por aprovechar al máximo, ver a los grupos favoritos, los consagrados, los descubrimientos de última hora y los que despiertan nuestra curiosidad.  En un festival de las proporciones del Primavera Sound esa batalla puede dejarnos un trastorno esquizoide de por vida, por eso el sábado, última jornada de la edición 2011, entré al recinto del Parc del Fòrum mentalizado de que esta iba a ser una experiencia superflua, tangencial, sobre lo más granado de la música actual.  Sin agobios, me dije, y sin agobios escribo esta crónica de baja estofa, de un quiero y no puedo.  Habrá otras ediciones con papel y boli, conciertos subrayados en el calendario y un objetivo luminoso.  Esta vez nos centramos en la anécdota intrascendente.

Al no asistir más que el sábado al festival, partía con la amargura de no haber visto a Belle & Sebastian y Salem, entre otros grupos fijos en mis escuchas.  En cambio sí pude descubrir la música de gente como Za! que abrieron la fiesta en el escenario Ray-Ban bajo un sol de justicia y con mucha tralla, lo cual tiene mérito al tratarse solo de dos integrantes, aderezados eso sí con artefactos electrónicos.  No eran ni las cinco de la tarde, pero los allí presentes recibimos de buen grado su fuerza y sus estribillos desquiciados.  No muy lejos de allí Yuck hicieron de contrapunto con su pop (demasiado) tranquilo.  Detrás del cantante, y a través de una parte sin cubrir del fondo de escenario, una porción de mar y arena asomaban para recordarnos dónde estábamos, nuestra altitud y el comienzo del enésimo verano del amor.  Papas Fritas, de nuevo en Ray-Ban, fueron el complemento perfecto para una merienda a base de Boca-Bits.  Los americanos dieron muestras de por qué merecen estar en la estela de Yo La Tengo, y al mismo nivel que Nada Surf.

Cambiamos de tercio.  Casi con las olas mojándonos los pies, el recogido escenario Jagermeister fue el entorno ideal para Ornamento y DelitoOrnamento y Delito, sin duda, el descubrimiento por excelencia de este Primavera Sound.  La mala folla de Madrid y País Vasco, propia de treintañeros aún rebeldes, desbordó los amplis y evitó que el público se acercara más de cinco metros a la valla de protección.  Sentimientos de ultratumba en títulos como ‘Montejurra’, ‘Madrid’ o ‘Drama de España’.  Y de nuevo, un giro radical a la tarde con el multitudinario concierto de Fleet Foxes, o la demostración de cómo una concienzuda prensa musical puede catapultar al nu folk americano hasta lo más alto del cartel.  La actuación, como no podía ser de otra manera, resultó insulsa, por mucho que el público corease con gusto el himno del viento blanco.  Otro bajón, con toques de electrónica de baja densidad, fue el de The Album Leaf, quienes lograron arrastrarnos a los allí presentes a su viaje entre almohadones de alcanfor.  Buena forma de recuperar fuerzas de cara a las horas que quedaban por delante, eso sí, con bocadillos y cervezas que no falten.  El Parc del Fòrum es un recinto de magnitudes bíblicas, y da la impresión de que el día y la noche cambian con apenas andar de un extremo al otro.  Por eso, al atravesar la misteriosa estructura de paneles solares y adentrarnos en el escenario Pitchfork, me di cuenta de que el sol ya había desaparecido por completo.

En el Primavera Sound no experimenté una concatenación de subidones ni trances ascéticos, como sí los hubo otros años y en otras ciudades con M.O.P y Violadores del Verso, U2 y Kraftwerk, Crystal Castles y David Guetta.  La emoción quedó concentrada en los escasos 15 minutos que estuve en el concierto de Gang Gang Dance, los suficientes para vibrar con ‘Glass Jar’, y los bailoteos desinhibidos de Lizzi Bougatsos.  Me prometí entonces que más pronto que tarde presenciaría de cabo a rabo una actuación de los neoyorquinos.  Otra vez será, pues al poco se impusieron los nombres de los grandes, que por méritos pero también por fama ciega reunieron ante sí al grueso del público.  Hablo de una PJ Harvey envuelta en un traje de diosa helena.  Infinito respeto, pero en lo que a nosotros respecta, transcurridas tres canciones optamos por levantar la fiesta con el directo completo de Matthew Dear, otro hallazgo y otra mina de oro para futuras sesiones de electrónica bien meditada y mejor expuesta.

Momento de dirigirse al escenario Llevant (15 minutos andando) para presenciar el concierto –este también completo— de los escoceses Mogwai.  El batería salió enfundado en una camiseta del Barça, una vez los azulgranas habían ganado su cuarta copa de Champions.  La actuación, sin embargo, no fue ninguna broma.  Las guitarras sonaron densas, como solo ellos saben, y quizá el único pero fue la falta de unión entre temas, problema que derivó en una especie de coitus interruptus que se repetía cada cinco minutos.  Los fans quieren volar con ellos, que no les nieguen esa experiencia casi mística de flotar en rock sinfónico.  Agradecimientos sentidos de ambas partes y de vuelta al escenario San Miguel, donde Animal Collective empezaron con sus experimentos para no dejarlos de lado ni una sola vez, ni siquiera para ofrecer toma y daca con ‘My Girls’.  Incluso el temazo ‘Brotherspot’ sonó descafeinado.  Clarísimamente, el pop intrincado que predican está lejos de una audiencia incluso entendida como la del Primavera, y ellos también.

Altas horas de la madrugada, y tanto el sueño como las drogas empiezan a hacer mella en buena parte del público.  Viaje de vuelta al Llevant para presenciar la segunda mitad de la sesión de DJ Shadow, y aquí me quedo sin argumentos, sin nada que no se haya dicho ya sobre su reinvención del Hip Hop y su facilidad para arengar a las masas.  Los beats sonaban a años setenta, pero él sonaba más fresco que nunca.  Por esta razón cabe concluir que la enorme bola desde la que compuso su sesión va a seguir creciendo, 20 años después, y sin vislumbrar por el momento hasta dónde llegará el reconocimiento del californiano.  Rescato a mis acompañantes de otro bolo y de vuelta al Llevant para cerrar el festival a base de dubstep.  Otros amantes del género se reunieron en torno aKode9 & The Spaceape (mala idea eso de programar dos sesiones del mismo estilo a la vez), mientras que los incondicionales de la Apolo pudieron disfrutar una vez más de un cierre de fiesta con DJ Coco, residente en la emblemática sala barcelonesa.  Por nuestra parte, optamos por el sonido Caspa.  Junto a un MC entregado a la causa cien por cien maestro de ceremonias, los zombies y melómanos allí congregados comprobamos cómo pueden hacerse auténticas virguerías con loops ralentizados, y de qué forma un productor del West London consigue una sesión de dubstep mayúsculo sin desatender a un público heterogéneo, atraído por melodías reconocibles como la de ‘In For The Kill’.

A mi alrededor, la musa de los videoclips de Love of Lesbian trataba  de entrar en el ritmo.  Vestida al más puro estilo ‘Allí donde solíamos gritar’, sirvió sin pretenderlo como cierre poético a un festival plagado de recuerdos inolvidables.  Mayo de 2011, Barcelona, aires de revolución, fútbol y Primavera Sound.

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