LOOPS, UNA HISTORIA DE LA MÚSICA ELECTRÓNICA (TEMA II): ROCK AROUND THE CLICK: LA ELECTRÓNICA DE LOS SETENTA, DE “HALLOGALLO” AL AMBIENTE EN LA ERA DEL MOOG (1968-1982)

Ir a Tema I: OIGO UN MUNDO NUEVO: LOS PIONEROS DE LA MÚSICA ELECTRÓNICA (1910-1968)

Quim Casas, conocido por sus críticas de cine y música tanto para prensa especializada como de actualidad informativa, nos cuenta en este segundo capítulo cómo el rock de los setenta se sirvió de los avances en materia de instrumentación electrónica.  El rock sinfónico popularizó el sintetizador Moog, pero la electrónica encontró su nicho en un rock inquieto salpicado por vanguardias, etnicismo y experimentación.  De hecho, hoy muchos artistas de aquel entonces son duchos en las corrientes del género.  Tal es el caso de Brian Eno, quien tras su paso por Roxy Music rehízo a su manera la historia del pop.

Después de trabajar con Robert Moog, otro de los padres de este camino de experimentación, Keith Emerson, hizo popular el sintetizador gracias a temas como ‘Lucky Man’ –junto a Lake & Palmer-, con el que sientan las bases del uso del teclado electrónico en el rock.  Poco después Wendy Carlos explotó los recursos del sinte para la composición y remezcla.  Así lo demostró en sus reinterpretaciones de música clásica para la banda sonora de ‘La Naranja Mecánica’, y su posterior trabajo para ‘El Resplandor’ y ‘Tron’. La expansión del Moog llegó hasta Sun Ra, quien lo incorporó en su orquesta.

Mientras, el efímero dúo Silver Apples basó la mayor parte de su sonido en la utilización de la electrónica doméstica. Con apenas parafernalia dieron lugar a una rareza como pocas en la historia del rock.  Dan Taylor puso la batería y Simeon Coxe creó un sintetizador que vino a llamar The Simeon.  A través de su particular filtro hicieron pasar samples de la radio, y sonidos del r’n’b y el blues, entre otros géneros.

Los nuevos hallazgos no tardarían en llegar a la prolífica escena alemana vía Kraftwerk (concepto rítmico y tecnológico), Neu! (profundo e hipnótico concepto del ritmo) y Can (exploraciones casi antropológicas).  La obra de estos últimos resulta más enriquecedora en las aventuras de sus integrantes por separado.  Mientras, Michael Rother y Klaus Dinger, quienes habían estado en los primeros Kraftwerk, fundaron Neu! y lanzaron en 1971 un disco homónimo con el que dieron a conocer sus visiones rítmicas.  En dicho largo destaca el corte ‘Hallogallo’.  Con todo, el grupo germano que parece haber envejecido mejor es Kraftwerk.  Tampoco es nada desdeñable la trayectoria de Tangerine Dream.  Encabezados por Klaus Schulze, firmaron música idónea para bandas sonoras.  Hoy en día Schulze es considerado el rey de los sintetizadores.

El francés Jean-Michel Jarre puso la electrónica ante una audiencia de millones de personas gracias a su éxito comercial.  Virgin, por aquel entonces una modesta discográfica, también contribuyó a esta popularización con el lanzamiento en 1973 de Tubular Bells, de Mike Oldfield, cuya inclusión en la banda sonora de ‘El Exorcista’ supuso su espaldarazo definitivo.

Llega la etapa de Brian Eno, todo un artista renacentista. Su dilatada carrera ha servido para romper moldes estéticos, divulgar nuevos conceptos sonoros, dignificar el sampleo y elevar a autor la figura de productor, en buena medida gracias a sus colaboraciones con, entre otros grandes nombres, David Bowie y U2.  Además, Eno consiguió hacer del estudio de grabación un organismo creativo. En la Roxy Music se encargaba del sinte, pero al margen de Ferry y compañía ya daba rienda suelta a sus inquietudes ambient (ahí está ‘No Pussyfooting’ junto a Robert Frip, en 1973), que más adelante fusionaría con los conceptos de algunos creadores alemanes.  En sus discos Here Comes de Warm Jets, Taking Tiger Mountain, Another Green World y Before and After Science muestra su interpretación de ritmos y melodías tradicionales, a lo que añade ciertos acercamientos a las voces tratadas y los sonidos electrónicos.  Poco después crea Obscure Records y da salida a diez discos junto a otros artistas.  Bajo este sello pondrá en relieve su interés en la música repetitiva y minimalista. Esa continua reiteración de estructuras sencillas y con pequeños cambios sienta algunas de las bases de géneros como techno y hip hop.

El objetivo de Eno en muchas ocasiones es hacer música apta para grandes superficies: aeropuertos, centros comerciales, etc.  También tuvo acercamientos a la banda sonora, que en algunas ocasiones estaban pensadas para películas ficticias.  En el álbum Passengers, capitaneado por U2 en 1995, recurre a la misma idea, salvo que en esta ocasión las canciones encontraron finalmente cabida en distintos films.  Precisamente Eno destacó en las tareas de diseñador de sonido para otros artistas.  En My Life in the Bush of Ghots –mano a mano con David Byrne- da una lección de mestizaje entre ritmos tribales, pop y electrónica.

Al margen de todo lo acontecido en el Viejo Continente, en Nueva York también surgió una escena policrómica en clave electrónica. En esa vibrante ciudad surgió Suicide en 1971, en lo que fue un romance rock-electrónica productivo y difícil a partes iguales.  Laurie Anderson también puso su grano de arena, sobre todo con su disco Big Science de 1982.  De esta forma se abren nuevos caminos para la excitante década de los ochenta y todo lo que en esta se originó.

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