ENRIQUE MORENTE: EL ARTE GRANADINO, ESPAÑOL Y UNIVERSAL

Foto: Manuel Montaño

Foto: Manuel Montaño

La muerte no es un buen termómetro sobre la valía de las personas.  A veces, la muerte sirve como burdo pretexto para magnificar a quien no lo merece, o para dar esquinazo a los genios ocultos.  En cambio, hay otras ocasiones en que el fallecido recibe finalmente las ínfulas merecidas, y ahí se quedan, acompañando a su legado y conformando así el recuerdo que le hace justicia.  Este es el caso de Enrique Morente, cantaor flamenco que pasó años en un intento de ostracismo forzado por los puristas del género, quienes nunca opinaron que el flamenco puro estaba en su voz, en cómo se dejaba el alma en el escenario.  ¿Qué más da que de fondo sonaran unas guitarras de Sonic Youth, Lagartija Nick o Los Planetas?  Él siempre lo tuvo claro, que Miguel Hernández, Leonard Cohen y el pop-rock granadino debían entrar en su arte porque formaban igualmente parte del arte universal.  Eso es amor por la cultura, en general, independientemente de apellidos.

Él y su estirpe encarnan el futuro del flamenco.  Han acercado el cante a nuevas generaciones, a los hipsters y a los regeneradores de la cultura popular.  Está claro que sin Morente Los Planetas no sonarían a lo que son hoy en día.  Mientras, los clásicos reconocerán en su cante todo lo que el flamenco tiene de monumental.  Y unos y otros verán a Enrique como el padre/hijo que abre camino.

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