TODOS AMAMOS A STEPHIN MERRITT

Stephin Merritt es ese ser apocado del pop universal, que desde la infelicidad absoluta nos regala su música sin concesiones, dirigida a quien tenga la capacidad de disfrutarla.  Su nivel de exigencia con los demás y consigo mismo es muy elevado, pero ello no es problema para que mantenga una prolífica carrera bajo nombres distintos, especialmente el de The Magnetic Fields junto a Sam Davol, John Woo y Claudia Gonson, entre artistas notables que van y vienen. Con ellos escuchamos 69 descorazonadoras canciones de amor, nos dejamos llevar por el feedback eterno de Distortion y a principios de año hemos rescatado por enésima vez la belleza de lo simple con Realism, que es la mitad antitética del consabido juego de distorsiones.

Magos de los instrumentos pequeños como la armónica y el ukelele, los temas de Magnetic Fields tienden a ser composiciones delicadas, a veces enfrascadas en menos de tres minutos. Tiempo suficiente para que su líder le declare su amor/desamor eterno hacia una figura masculina –fondona, cana y calva- que por momentos parece surgir de un público imaginario, subir al escenario y fundirse con él en un abrazo indescifrable.

Merritt parece nadar en un océano de tristeza, y sin embargo se mantiene a flote aparentemente gracias a sus merecidas ínfulas de genio indie, que no bastan para vitaminar la música de los campos magnéticos.  Todos amamos a Stephin Merritt salvo dos personas: quien le tiene que amar y él mismo.  Mientras esto no cambie este autor del área de Nueva York no va a pasarse nunca al powerpop, y con 44 palos se cambia bien poco.

Este 2010 numerosos festivales cinematográficos de medio mundo han puesto en pantalla el documental Strange Powers, sobre Merritt y todo lo que le rodea, una película que promete bastante pero que hasta la fecha no ha podido verse aquí en España. “Soy fascinante, escribo música maravillosa”, declara un siempre reducido Stephin a un taxista de Nueva York.

Qué cierto es aquello de que The Magnetic Fields son, para algunos, una banda icónica, pero para la mayoría siguen siendo unos completos desconocidos.  En efecto se trata de un grupo que aun con 20 años de lanzamientos musicales y conciertos a sus espaldas, nunca abandonarán lo subterráneo.  Lo dicho: Stephin no está hecho para todos.

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