DAVID GUETTA, NO FUE UN ESPEJISMO

Finalmente David Guetta vino a Zaragoza con motivo de las Fiestas del Pilar.  Antes habíamos tenido que soportar una retahíla de rumores sin sentido que ha estado varias semanas mareándonos con la ubicación, con que si Guetta actuaría desde su casa por videoconferencia y tonterías del mismo calibre, pero no.  Guetta hizo presencia en la Inmortal y nos deleitó con su perfil de galo sabedor y sus artes de house perfecto.

Porque el house nació para deleitar y los allí presentes nos fuimos más que contentitos a casa.  En Zaragoza, a cientos de kilómetros del circuito electrónico, lejos de Barcelona e Ibiza, conocimos el manual básico de David Guetta: house y más house, dance, unos aires R&B en las letras y poco más.  Antes habíamos tenido al DJ Juanjo Martín, quien cumplió decentemente con la papeleta de animar a 10.000 profanos al house.  Así, sirvió una muestra anodina de remezclas cogidas con pinzas para no amargar a nadie.

Sobre la una de la noche comenzaba la sesión de más de dos horas de Guetta.  El espectáculo empezó con un desafortunado saludo a Madrid desde la pantalla, pero Guetta lo enmendó intentando pronunciar correctamente Zaragoza.  Hubo tiempo para saludar además a Daft Punk (‘Around the World’ no defrauda), quienes se sitúan en el otro extremo de ese nutrido estanque que es la electrónica en Francia.  También nos pareció escuchar, en menos de cinco minutos, una base muy dub/dubstep que a más de uno nos pilló descolocados.  Pero por lo demás nada nuevo bajo el sol.  Bailamos con ‘Memories’, recordamos con ‘The World Is Mine’, bebimos con ‘When Love Takes Over’ y mojamos nuestras ganas de verano con ‘Sexy Chick’.  El apartado visual estuvo a la altura del sonoro.  Ya en la recta final de la sesión salieron a escena dos humanoides llenos de leds y difusores de humo y láseres de la mano.  Entonces supimos que los 36 euros de la entrada se habían ido en pagar algo currado.

Guetta, que ya suma 42 palos, está en una fase en la que no para de enlazar un hit tras otro, pese a que le llevó más de dos décadas obtener un gran reconocimiento.  Rara vez el éxito no requiere tesón, y aunque su fama no siempre hace honor a su nombre, el francés ha demostrado que no es ningún advenedizo de estos estilos de música más comerciales.  La suya fue una sesión titánica pero cercana.  Quien estuviera cerca del escenario podría comprobar qué bien se lo estaba pasando el maestro de ceremonias, así como su cercanía y simpatía hacia Wally López, DJ que recogió el testigo y dio tralla de la buena.  Ya era tarde, buena parte del público había abandonado el Espacio Z de Valdespartera y tanto ellos como los que nos quedamos hasta el cierre compartimos desde entonces la misma idea.  El domingo pasó algo grande, muy grande, en Zaragoza.  Estuvimos ahí y no nos cansamos de recordarlo.

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