‘TENGO UNA PISTOLA’

Ya no hay nada más pop que Internet.  El último vicio de la sociedad es la descarga gratuita, de porno, música, películas… para pasarlo todo a formato físico y posteriormente apilarlo en la estantería.  Con una facilidad pasmosa, del CD-R pasamos al DVD y de ahí a los discos duros externos.  Tener contenido cultural por el simple hecho de tenerlo.  Es como quien disfruta de los libros no ya solo por su valor literario, sino por el placer de ordenarlos y reordenarlos al gusto, de hojearlos y hasta de olerlos.  ‘Tengo una Pistola’ habla bien de esos vicios y los lleva a su máximo exponente.  Nos recuerda que todavía tenemos discos por escuchar, películas por ver, que Internet nos lo ha puesto tan fácil que no damos abasto.  ¿Acaso sin la red de redes habríamos visto ‘Liquid Sky’ y conoceríamos a Plastikman?

Cascaradenuez tiene 25 años y hace diez que no sale de casa.  Es webmaster de páginas pornográficas, pero sueña con un trabajo normal, de esos de sudar y de amargarse la existencia.  Un día extraño le llega al correo electrónico un mensaje un tanto escatológico que será la chispa para su fuego interior.  Su odio hacia los demás, alimentado por las humillaciones que sufrió en el patio del recreo, quedará transformado en su inseparable pistola.

El escritor Enrique Rubio ganó el IV Certamen Universitario de Relato Corto de la editorial Booket con una versión del libro reducida a la mínima expresión.  En la novela, de más de 400 páginas, tiene espacio suficiente para exponer una narración inédita de ese gran vicio que es Internet.  Es un pasaje acertado sobre la inteligencia que le debemos a la red de redes, pero la enjundia del libro está en otro sitio.  Una pistola y acabar con todo.  El game over del videojuego que es la vida, pues en esta pantalla puedes encerrarte una década en casa o hacer todo lo contrario.  Para el personaje la realidad está compuesta de polígonos y los aconteceres son sinergias matemáticas.  Generatriz quiere controlarnos, hacernos tener hijos y emborracharnos, entre otras cosas inútiles, pero Cascaradenuez siente que su pistola no entra en la ecuación, y eso le gusta.  Se siente liberado al saber que el gatillo es esa escotilla por la que salir huyendo si la cosa se pone fea.

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