RIHANNA NO ES NAOMI

Y hablando de cosas fascinantes, me fascinan las historias en las que lo divino y lo humano se mezclan.  Extrapolando este ‘mix’ a situaciones más terrenales nos encontramos con glamourosos relatos de supermodelos inalcanzables y señores de la guerra tiranos, por poner un ejemplo conocido.  Pero en las últimas horas ha llegado a mis oídos una historia flamante en la que la pompa y la estulticia vuelven a fundirse en uno, en un artilugio imposible de aprehender pero que cala en la mente de todo rarito que se precie.

La protagonista esta vez no es una top-model, pero casi.  Se trata de la diva del pop-soul-hop: Robyn Rihanna Fenty, uno de los fetiches estrella de los medios de comunicación globales, los cuales echan mano un día sí y otro también de sus hits a medio gas y de los desatinos (incluidos malos tratos) amorosos de la de Barbados.  Porque para añadir un grado de exotismo a la historia, resulta que la joven de 22 años viene de esa isla insignificante de las Antillas Menores que es la envidia de sus vecinas del Caribe por su elevadísimo índice de desarrollo.

Hoy Rihanna podrá ser noticia por haberse fumado unos ‘mais’ en un hotel de su isla, pero ayer lo fue porque el ministro de Vivienda y Territorio del estado insular, Mick Lashley, le ha ofrecido una parcela valorada en varios millones de dólares, precisamente a ella, la barbadense más famosa del mundo y probablemente una de las más ricas.  La isla de Barbados, irrelevante y perdida ella, suspira por Rihanna tanto o más que el tropel universal de amantes del pop-soul intrascendente.  Suspira por cubrirla de atenciones caprichosas y mal planteadas, por esta razón el 21 de febrero (un día después de su cumpleaños) es el Día de Rihanna.

La respuesta a la ocurrencia del ministro desde las filas de la oposición no se ha hecho esperar y su líder, Gline Clark, ha planteado con mucha lógica “por qué el Gobierno se gasta millones en una persona que gana millones”. Rihanna aún tiene por nuestra parte un voto de confianza porque por el momento no ha aceptado la oferta, lo cual podría distanciarla de por vida de la oportunista Campbell cuando el jueguecito aquel del pedrusco de carbono puro, no sé qué dictador liberiano y un viaje en tren por Sudáfrica.

Es igual, la cuestión está en que de nuevo los astros volvieron a alinearse para que una diva contemporánea saliera de la burbuja recién reventada y se topase de bruces con la estupidez humana, he dicho. Es una de esas situaciones que vuelven a demostrar que todo en este mundo es posible, incluso encontrarse con Rihanna en una discoteca de Manhattan, o con un ministro socialista a las puertas de un local alternativo de Madrid a las mil de la noche.

Vivir con esta idea es infinitamente más esperanzador que hacerlo sin expectativas por cruzarse alguna noche con la meliflua Rihanna. Puestos a imaginar, cualquiera podría gozar de un viaje de ensueño por territorio sudafricano, o bañarse entre diamantes de sangre, ser un estúpido más, escribir un manual de texto para 3º de ESO explicando el devenir del R&B comercial y el auge y debacle de las barbadenses que cantan bajo la lluvia.

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