CRYSTAL CASTLES – CRYSTAL CASTLES

Cuando un debut está tan logrado y es tan esperanzador como lo fue en 2008 ‘Crystal Castles’ el vértigo que da pasar de futura promesa a constatación se multiplica en un mar de incertidumbre.  El primer experimento de Ethan Kath y Alice Glass fue lo suficientemente desconcertante como para pensar que en su primer álbum ya habían tocado techo.  Una vez llegados a esas alturas de distorsión y belleza melódica no podrían ir más allá.  Un ensayo consumido en sí mismo.

Pero hete aquí que los genios siempre se abren nuevos caminos antes de dar media vuelta y seguir hacia delante.  Con su segundo disco homónimo –a cargo de Fiction, también sello de The Cure– el experimento de los de Toronto se ha dilatado, ha ganado en distorsión y en belleza, ha encontrado un contraste mucho más brusco entre polos opuestos.  ‘Celestica ’ es una cosa, ‘Doe Deer’ es la contraria.  ‘Celestica’ es lo más apto para el gran público que han hecho hasta el momento, mientras que ‘Doe Deer’ es un juego salvaje de drum&bass y gritos agónicos.  Los dos tracks están secuenciados uno inmediatamente después del otro, por si el contraste no le había quedado lo suficientemente claro a alguien.

La aventura del dúo canadiense comenzó con muestras de chiptune punk, con pruebas de sonido intrascendentales que se convierten en hits, como es el caso de ‘Alice Practice’, y apenas tres años después ya han dejado de ser una promesa para convertirse en una constatación.  Los Crystal Castles no son grupo de un único disco y disponen de potencial para revolucionar la electrónica a base de desenfoque e inconformismo.

La búsqueda continúa.

Definitivamente, han ampliado horizontes.  Según la nota de prensa divulgada en su día, las canciones han sido grabadas en sitios tan variopintos como una iglesia islandesa, una cabaña canadiense o un garaje de Detroit.  Alguna guitarra en ‘Birds’; cierta intervención del productor Paul Epworth (Bloc Party, Florence and the Machine, Maxïmo Park…), curiosamente en el tema más digerible, ‘Celestica’; unas baterías en ‘Intimate’; versión del ‘Not in Love’ contenido en el primer EP de los canadienses nuevaoleros Platinum Blonde, allá por 1983.  Crystal Castles echan mano a nuevos recursos para mantenerse en su enfermiza senda hacia el trastorno musical.

En el álbum debut versionaban a los ya de por sí intrincados Health hasta hacerlos irreconocibles, o a Van She en esa preciosidad que es ‘Vanished’.  Incluso, integraron un pedacito de ‘The Message’ de Grandmaster Flash & The Furious Five en ‘Magic Spells’.  En este episodio no iban a ser menos y continúan con su sabotaje sonoro.  ‘I See You Again’, de la cantante sueca Stina Nordenstam, les sirve de soporte para la tensa calma de ‘Violent Dreams’ y ese ‘Vietnam’ pasado de revoluciones.  Más reconocible resulta Inní Mér Syngur Vitleysingur, de Sigur Rós.  Ese vitalismo de los islandeses se convierte en un árido paisaje sonoro en ‘Year of Silence’, que perturba al oyente a base de reiteración y un juego de bajo-batería subido de volumen.  Nada más lejos del sentimiento puesto en la letra en islandés:

Mi mejor amigo, puede ocurrir cualquier cosa.
Contengo una lágrima y respiro en tu cabello.
Armando un alboroto, lloramos en los brazos del otro.
Cuando nos reunimos, cuando nos besamos.
Nuestros labios se incendian, mientras nos cogemos de la mano.
Te veo despertar, te veo desnudarte.
Dentro de mí canta un lunático.
Siempre vadeas, caminamos más rápido.
Todo se vuelve más pequeño, yo grito más fuerte.
Estoy a punto de vadear, mientras me alejo.

Sabotaje sonoro pero también visual. No olvidemos que el uso de una foto icónica de Madonna para el single ‘Alice Practice’ les costó una denuncia por incumplir los derechos de autor del artista Trevor Brown.

¿Y por qué no hacerlo?

Escuchando Crystal Castles da la impresión de que todo es posible, de que el siguiente beat puede partirte en dos y no le va a importar a nadie. Por servirse de una fuente más reputada, la BBC advirtió en su día de que escuchar a Crystal Castles “es estar a la deriva en un ensordecedor vórtice de dolor sin ningún tipo de seguridad”. “Da la sensación de que puedes hacer cualquier cosa en el mundo, pero ese ‘cualquier cosa’ no significaría nada al final”.  Y concluye: “Crystal Castles marca un territorio matizado que la musica dance nunca antes ha explorado”.  Es, para muchos, música desalmada, pero esas melodías, esos vocoders y esos samples marcianos tienen más alma que una bachata cantada con puro sentimiento.

Crystal Castles (II) es una evolución -un giro más de tuerca- al retorcido universo que empezó llamándose nu rave y Dios sabe cómo se llamará la semana que viene. Electropunk, digipunk, dancepunk, pop futuro, noise digital… son algunos de los calificativos con los que se intenta definir una música por completo indefinible.  De acuerdo en que suenan noise, pero Alice canta sobre unas melodías preciosistas, como la de ‘Empathy’, que ya quisieran para sí muchos grupos del indie actual.  Que sobre el escenario y en las voces de la susodicha Alice son punk, nada que objetar, pero las composiciones de Ethan son piezas de orfebrería, cuyos elementos están encajados con una precisión detallista.

Crystal Castles (II) está dedicado a la memoria de Pino Placentile, el mejor amigo de Kath, con quien formó una banda de folk, influenciada por Neil Young y Leonard Cohen, lo cual habla del bagaje musical de este experto del sample y la composición.

Fiction tenía previsto sacar el disco en formato físico a finales de junio, y algo antes para descarga legal en Internet.  Finalmente, otra muestra algo más siniestra de sabotaje hizo que estuviera disponible en descarga gratuita a mediados de abril.  Muchos nos alegramos, pues nos sirvió para asistir a su concierto del festival SOS 4.8 de Murcia con la lección bien aprendida.

Les aguardan meses de gira -que nadie se despiste porque en noviembre estarán en Madrid, Barcelona y Bilbao- y al resto nos toca ir comprobando cómo crecen sus canciones, cómo se mutan en pasajes grotescos del electro de principios de siglo, perlas detallistas de un universo Crystal Castles que, ahora sí, nadie duda que pueda volver a dilatarse.

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