NAOMI CAMPBELL METIÓ LA PATA (O NO)

¿Es que a Naomi Campbell no le enseñó nadie que no hay que aceptar caramelos de desconocidos?  Luego pasa lo que pasa, que el Tribunal Especial de Sierra Leona y la ONU para crímenes de guerra te imputa como testigo en el juicio contra Charles Taylor y tú no quieres ir, porque te viene mal por fechas.

Resulta que, siempre según versión de los fiscales, la conocida como ‘Diosa de Ébano’ recibió de manos del ex dictador liberiano un diamante en bruto –un diamante de sangre en bruto- allá por 1997 en Sudáfrica, después de una cena con Mandela.  Como testigo estaría Mia Farrow, quien tomó fotos de la modelo y del presidente liberiano durante la cena. La antigua agente de Campbell, Carole White, corroboró la versión de Farrow.  Es más: los fiscales sostienen que si Taylor viajó a Sudáfrica en aquella ocasión fue para comprar armas con diamantes.

Quizás Naomi pensó que ese diamante no podía ser de sangre porque en dicho caso sería de un rojo intenso, pues en efecto estaría hecho de sangre y no de carbono puro.  Bueno, a Naomi le quedaba de perlas con el brillo de sus ojos, y hay que ser agradecida con los regalos de extraños, por muy valioso que sea el regalo y por muy siniestro que sea el extraño.  ¿Cómo negarse?  Quiere quedar tan bien con todo el mundo que no sabe decir que no.  No tiene ese mal pronto.  Para nada, si no, que se lo pregunten a sus empleadas domésticas o al chófer ese de Nueva York.

En 1997 comenzó el mandato de Charles Taylor –¿Debería decir Carlos Sastre?- pero ya entonces eran de sobra conocidos sus métodos y su estima por los Derechos Humanos.  No era un recién llegado, y Naomi ya debía de estar curtida en actos como ese, llenos de acólitos de diversa condición deshaciéndose en atenciones para halagarla.

Ahora Campbell, que ayer cumplió 40 años, se niega a comparecer.  Toma a Taylor por “un hombre que ha hecho cosas terribles” y teme que con su colaboración en el caso pueda poner en peligro a su familia.  Ante su negativa los fiscales han pedido al juez que le obligue a testificar.

La top-model británica no está imputada y sólo comparecería ante el tribunal en calidad de testigo.  Por el momento lo único que existe al respecto son conjeturas y versiones coincidentes.  Puestos a ser respetuosos, también hay que respetar la inocencia del ex presidente de Liberia y su falta de implicación en todos los crímenes de guerra que se le imputan.  Todavía no se ha dictado sentencia y, quién sabe, quizás sea una patraña aquello de que recurrió a los diamantes para financiar a los rebeldes de Sierra Leona y así enriquecerse con el tráfico de armas.  Quizás diga la verdad al declararse no culpable.

Desde luego, acabe como acabe el juicio se trata de una de las pocas situaciones en las que el glamour de la alta pasarela y la atrocidad inenarrable del tercer mundo se mezclan de forma tan flagrante y escabrosa.  Una historia de cenas de gala, niños soldado, viajes de ensueño en tren de lujo por el interior de la Sudáfrica decadente, minas de diamante que abastecen a movimientos armados y déspotas despiadados, la sangre, la flor, la nata y la estulticia humana.

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